Higinio Ayala: «Para enfrentarte a un conflicto armado no te prepara nadie; es una brutalidad»

Ha estado operando en Gaza en tres ocasiones; lo más terrible, dice, son las secuelas, sobre todo las anímicas


Santiago / La Voz

Mañana jueves arranca en la capital gallega el Congreso de Cooperación Internacional de la Organización Médica Colegial. Numerosos expertos debatirán sobre la necesidad de contribuir a mejorar la salud en todos los países, sobre todo entre las personas más desfavorecidas. Y habrá muchos ejemplos. Como el de Higinio Ayala, cirujano plástico, especializado en cirugía de la mano, que lleva desde los 18 años cooperando con distintas oenegés.

-Opera en España y en la franja de Gaza, ¿hay muchas diferencias?

-Médicos Sin Fronteras es una de las oenegés con mejor gestión de recursos materiales y humanos, al menos de las que yo conozco, por lo que es bastante parecido a trabajar en casa. Evidentemente el material no es de último nivel, pero no he echado en falta nada. A diferencia de otros sitios, en Gaza los hospitales están muy bien dotados gracias a la ayuda internacional, si no serían casi tercermundistas.

-¿Qué tipo de operaciones hace?

-He ido en tres ocasiones, la primera después del conflicto armado del 2014. Soy cirujano reconstructor y cirujano de la mano, por lo que me dediqué a secuelas de impactos de alta violencia, como bombas, metralla, balas de francotiradores, aplastamientos. Traumatismos de alta energía que producen pérdidas de sustancia, amputaciones... Pasado el conflicto bélico, en las dos últimas misiones me he dedicado a ayudar en la lista de espera y a operaciones urgentes. En Gaza hay una carencia de atención al paciente quemado, porque Israel destruyó la central que suministraba electricidad a los hogares de la franja, por lo que muchas personas hacen apaños eléctricos en domicilios y se producen muchos accidentes, sobre todo en niños, con quemaduras eléctricas y térmicas.

-¿Uno se prepara emocionalmente para estar allí?

-Las primeras veces la oenegé te da una preparación básica. He estado casi desde los 18 años en temas de cooperación a nivel local, y aún así cada nueva situación es diferente. Antes de ir a Gaza había estado en Chad, Perú, Ecuador, pero para enfrentarte a un conflicto armado no te prepara nadie; es una brutalidad.

-¿Qué es lo más terrible?

-Sobre todo el ver las secuelas que quedan en la población, un conflicto no se termina cuando lo dicen las noticias, tarda muchos años y a veces no se soluciona, como es el caso de Palestina e Israel. Es entonces cuando ves todas esas secuelas que transmite la gente, tanto a nivel anímico como físico, pero sobre todo a nivel anímico.

-Opera a niños, que además son los más afectados.

-Es el eslabón mas débil, por supuesto, trabajo con niños a nivel médico y con las familias a nivel emocional. Al tratar con niños ves que son el futuro de la sociedad, que tendrán que construir esa realidad dentro de 20 o 30 años y ves las secuelas anímicas que les costará mucho superar.

-¿Es solidaria la profesión médica?

-Tiene mucho de vocacional. Evidentemente hay diferentes sensibilidades pero en general en la profesión va implícita esa empatía que forma parte de la solidaridad con otras personas y con otras poblaciones.

«Los conflictos no se terminan cuando lo dicen las noticias, algunos nunca se solucionan»

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