Marta Caeiro: «A veces me faltan las palabras para explicar la experiencia que he vivido»

La joven participó como voluntaria en una oenegé que ayuda a mujeres en Kenia


santiago / la voz

Primero un avión hasta Nairobi. Un vuelo en avioneta. Un bote y un tramo en burro para llegar a la ciudad de Lamu, situada en el archipiélago del mismo nombre. «Cuando llegas todo te impacta», explica Marta Caeiro, «es muy, muy caótica». Esta joven publicista compostelana ha participado este verano como voluntaria en la oenegé Afrikable, que busca empoderar a las mujeres de Lamu a través del trabajo y la educación.

«Afrikable se creó hace nueve años. La pusieron en marcha Merche y Lola, dos mujeres españolas», cuenta Marta, «llegaron como turistas, y tras comprobar cómo vivían las mujeres y los niños de allí decidieron crearla». Comenzaron con tres mujeres. «Creaban objetos a partir de material reciclado, que vendían a los turistas que llegan a Lamu».

Lamu es ciudad de pescadores y de talladores de la madera. En sus dos calles centrales se concentran las tiendas. El archipiélago recibe la visita de turistas atraídos por la costa.

En Afrikable participan actualmente treinta mujeres «en riesgo de exclusión social». «Víctimas de maltrato, que han sido abandonadas por sus maridos...sus historias son tremendas». Tejen bolsos, mochilas, faldas y crean sandalias, collares y pendientes con cuentas de cientos de colores. Continúan vendiéndolas a los visitantes, en su tienda online y en mercados que organizan las fundadoras en España.

La directora del proyecto, Hadiya, es una mujer local. «El objetivo», explica Marta, es que las fundadoras ya no hagan falta, que las mujeres sean completamente independientes». La sede de Afrikable en Kenia se encuentra a las afueras de Lamu. La shamba, que así se llama, cuenta con un edificio en forma de u. «Los voluntarios vivíamos en la shamba. Allí está el taller donde trabajan las mujeres, el área de cuidado de los bebés, la escuela de los niños y el comedor».

Durante su estancia Marta se encargó de la tienda de la organización. «La rehabilitamos, picamos el suelo, pintamos las paredes y reorganizamos la mercancía». El resto del tiempo echaba una mano donde fuese requerida. Los miércoles tocaba clase de natación: «Muchos niños no saben nadar, tienen miedo del agua».

En Lamu hay un centro de educación primaria y otro de secundaria. «Para entrar en el colegio los niños tienen que pasar un examen, es difícil que reciban una educación si hay filtros desde el principio». En la escuela de la shamba las maestras se encargan de ayudarles a prepararlo. «Las tres profesoras son mujeres locales, contratadas por la organización. Todas las mujeres que trabajan aquí, las cocineras, las del taller, las que van al mercado... son de Lamu».

Las mujeres también reciben charlas formativas «sobre higiene, educación sexual, derechos de la mujeres o sobre hábitos de vida saludables». En muchas familias ellas viven supeditadas a sus maridos. «Consideran que los niños tienen más derecho a estudiar que las niñas, las mujeres piden permiso a sus maridos para votar; cuando las abandonan no tienen nada que hacer».

«En la shamba acaban de terminar la construcción de un edificio de maternidad», explica Marta. «Están esperando la aprobación del ayuntamiento». El objetivo es instalar la consulta de una ginecóloga, una mujer de Lamu, y un paritorio.

Marta aún no tiene claro qué conclusiones extraer de sus días en Lamu. «A veces me faltan las palabras para explicar la experiencia que he vivido, me daré cuenta dentro de un tiempo». «Sé, por ejemplo, que después de ver cuánto tardan estas mujeres en hacer unas sandalias me replanteo cómo funcionan las grandes tiendas y cómo se produce la ropa o el calzado», concluye.

Afrikable. La oenegé nació en el 2011 en Lamu. Treinta mujeres trabajan en el proyecto, que cuenta con un taller de complementos y una escuela.

Voluntariado. Los voluntarios, como Marta, trabajan según sus conocimientos en las áreas de comercio, salud o mujer.

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