A China para estudiar la ruta marítima del plástico

Estudió Ciencias del Mar y ahora, desde Qingdao, analiza cómo se desplaza la contaminación por los océanos


vilagarcía /la voz

Diego Pereiro nació en Vilagarcía, junto a ese mar fértil que es la ría de Arousa. Sin embargo, no fue esa proximidad lo que lo empujó a estudiar Ciencias del Mar. «Siempre me gustaron las ciencias naturales, pero no tenía claro a qué rama dedicarme. La carrera de Ciencias del Mar me resultó atractiva porque es muy variada y ofrece campos de estudio muy diferentes, como la física, la geología o la biología marinas», explica. Lo hace a través de un correo electrónico, porque en la actualidad está a muchos kilómetros de casa. En concreto, en la Ocean University of China, en la ciudad de Qingdao.

Llegó hasta allí por motivos académicos. «En la Universidad de Vigo nos propusieron la posibilidad de realizar un intercambio. Yo nunca me había ido a estudiar al extranjero y quise aprovechar esta oportunidad», dice. Preparando su viaje, comenzó a estudiar chino. «El idioma me pareció muy interesante, hasta el punto de que mejorar en el aprendizaje de la lengua se convirtió en un aliciente más para viajar». A esta alturas se defiende, por lo menos para hablar. «Soy capaz de comunicar ideas sencillas pero, por ahora, me resulta imposible comprender a los nativos», dice. ¿Y con la escritura? «Su sistema, en realidad, no es tan difícil de aprender como se piensa», dice. De hecho, estudiarlo «puede llegar a ser hasta adictivo».

Así que allí está Diego, en la lejana China, sumergido en un idioma nuevo... Y en un mar de plástico. Porque para eso se ha ido hasta allá, para estudiar el plástico. «Mediante el uso de un modelo, un instrumento similar al que se utiliza en las predicciones meteorológicas pero aplicado al océano, investigamos la propagación de contaminantes plásticos en el medio marino», dice. El objetivo de ese trabajo, explica, es «es identificar qué áreas son más propensas a sufrir los efectos del vertido de este material en el mar. Y es que, aunque los plásticos pueden encontrarse en cualquier punto del océano, debido a las características de la circulación superficial, existen zonas donde estos contaminantes se concentran de una manera más acusada». El estudio, nos cuenta, «se centra en el caso particular de las aguas costeras del norte peninsular, donde cada año se realizan muestreos de basuras marinas en la superficie durante la campaña oceanográfica Pelacus, que organiza el Instituto Español de Oceanografía». Los datos recabados han permitido, por ejemplo, identificar el Golfo de Vizcaya como una región de acumulación de basura marina». Diego empezó a estudiar estas cuestiones hace cuatro años. Y se ha ido a China para «investigar el papel de los llamados remolinos de mesoescala (eddies) en la propagación de los plásticos en el medio marino».

A este vilagarciano, este estudio académico le ha servido para tomar conciencia sobre el problema que el plástico supone para el mundo actual. «Desconocía que su impacto ambiental fuese tan amplio. Desde luego, te sirve para hacerte una idea aún más clara de lo grave que es abandonar restos de basura en el medio ambiente». Y es que, si hablamos del mar, «el problema no solo es que no sea biodegradable, sino que, debido a la acción mecánica del oleaje y a las altas temperaturas que experimentan cuando se encuentran sobre la arena de las playas, los materiales plásticos envejecen, se vuelven más frágiles y comienzan a dividirse en pequeños fragmentos que se conocen con el nombre de microplásticos». Un enemigo difícil de batir. «Debido a su pequeño tamaño, son fácilmente ingeridos de manera accidental por distintos organismos, entran en las redes tróficas y la población podría verse afectada a través de la alimentación».

La investigación puede dar para mucho. Pero Diego tendrá que interrumpirla para volver a Galicia. Regresará para presentar la tesis doctoral. «A partir de ese punto, no tengo nada claras cuáles son las posibilidades de trabajo. Si es posible, intentaré continuar la carrera científica. De lo contrario, puede que hasta me anime a iniciar unos nuevos estudios en algo completamente distinto. Por ejemplo, me atrae el campo de la programación informática, con el que entré en contacto a través de mi trabajo».

Pero dejemos de momento a Diego con su estudio en Qingdao, aprendiendo chino y acostumbrándose a la vida en el otro extremo del planeta. La gran diferencia que encuentra con Galicia son los horarios: se desayuna a las siete de la mañana, se come a las once y media, y se cena a las cinco. «Por lo demás, la vida en el campus es cómoda porque está todo muy cerca». «Voy a regresar muy pronto a Galicia. Es probable que me quede con ganas de hacer más cosas en este país, como viajar o probar nuevos platos». Como las estrellas de mar. No se irá de China sin saborearlas.

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