Carlos J. Méndez, ribadense capitán de fragata y héroe de la Marina argentina

Empezó a navegar con 15 años, recorrió mares del mundo, se estableció en Buenos Aires y salvó a cientos de náufragos


Para el ribadense Carlos J. Méndez, el mar, como decía Conrad, nunca fue su amigo sino cómplice de sus inquietudes. La marejada y la ría le tiraban del corazón. Así que, cuando obtuvo el título de piloto en la Escuela de Naútica y Comercio de Ribadeo, a los 15 años, empezó a navegar. Recorrió los mares del mundo y, con 25 años, se estableció en Buenos Aires para mandar barcos que surcaban el río de la Plata, el Paraná y los mares del sur. Nunca se curó de aquella pasión contraída en la infancia. Salvó cientos de naúfragos y prestó grandes servicios a la Argentina pero un naufragio en Puerto Deseado lo llevó a la cárcel dos años tras un injusto Consejo de Guerra. Acabó sus días como capitán de fragata y considerado héroe de la Marina Argentina.

Nació en Ribadeo el 7 de mayo de 1845. Tras estudiar bajo la dirección del figueirense Esteban Cartavio se hizo piloto en 1860 y aquel mismo año hizo su primer viaje de práctica a Noruega. Al regresar, se embarcó en el bergantín Pepillo con rumbo a las Antillas. Allí le concedieron el título de Tercer Piloto. El de 2º lo ganó en Ferrol en 1863 y, tres años después, de nuevo en La Habana, fue ascendido a 1ª piloto tras demostrar en esa Comandancia sus conocimientos teóricos y su experiencia práctica con viajes a varias naciones europeas, a las dos Américas y a Filipinas.

De La Habana pasó a Puerto Rico para mandar una goleta pero ésta fue enajenada. Eso provocó que embarcara como primer piloto en el bergantín Wilfredo que transportaba azúcar al Uruguay. Llegó a Montevideo en 1867, pasó a Buenos Aires y allí se quedó más de treinta años, según recuerda Alberto Vilanova en Los gallegos en la Argentina.

Correo confidencial

Carlos J. Méndez trabajó durante siete años como comisario-contador y capitán de los vapores Yi, Rio Negro, General Navar, Audaz y Eduardo Ewesett que hacían la travesía Buenos Aires-Montevideo y remontaban el Paraná hasta Rosario y el Paraguay. En 1874 ingresó en la Armada Argentina y fue nombrado primer piloto de la cañonera Paraná en la que, al poco tiempo, ascendió a segundo comandante.

Cuatro años después, en pleno conflicto entre Argentina y Chile por los territorios de la Patagonia, el estrecho de Magallanes y las islas del sur, el gobierno le confió una delicada misión: servir de correo confidencial entre Buenos Aires y la escuadra argentina desplegada en el sur. La cumplió a satisfacción y fue recompensado con el cargo de teniente agregado al Estado Mayor de la Escuadra en el buque insignia Andes. Al poco tiempo fue subdelegado de Marina en Río Negro donde permaneció hasta fines de 1882 colaborando con el ejército del general Julio Roca que hacía la campaña de la Conquista del Desierto y que tanto fue criticado, por sus abusos y violencia indiscriminada, por el caricaturista de Cervo, Cao Luaces.

Actos memorables, un gran prestigio y cárcel por un naufragio en Puerto Deseado

Durante su estancia en Rio Negro, Carlos J. Méndez fue laureado por la Marina por su decisivo apoyo al general Roca y al general Villegas que dirigía la campaña de los Andes con que se pretendía frenar a los chilenos.

En ese tiempo, realizó trascendentales obras de ingeniería naval en el puerto de San Antonio Este, cerca de Viedma, la capital de la provincia. Construyó un muelle para poder atracar buques de guerra y fondear boyas y lo dotó de un semáforo a la entrada de la barra que evitaba utilizar prácticos. Promovió también la instalación de un faro en Tierra de Fuego y dirigió el salvamento de la tripulación y la carga del barco Cóndor, de bandera danesa, que, en medio de un furioso temporal, navegaba desde Cabo de Hornos destrozado, escorado y con graves averías. La acción le valió la concesión de la primera medalla de oro con cinta azul que otorgó el gobierno argentino y la gratificación del danés.

Su gran prestigio favoreció su ascenso en la Armada. En 1880 fue nombrado Jefe de la Ayudantía General de Puertos, tres años después Subprefecto de Rio Gallegos y Comandante Militar del sur y en 1885 regresó a Buenos Aires para mandar el Magallanes que transportaba logística y servicios a las gobernaciones del sur. Y ahí sufrió su gran contratiempo. En su primer viaje -en el que llevaba autoridades, funcionarios, colonos, familias de pobladores y carga general- un temporal le hizo embarrancar en Puerto Deseado. Murieron dos personas y se perdieron haciendas y animales. Un Consejo de Guerra lo condenó a dos años de cárcel a pesar de que todos alabaron su pericia y serenidad.

Al salir de la prisión fue rehabilitado y vuelto a nombrar Subprefecto del Sur. Y en 1891, el gobierno teniendo en cuenta que «lleva recogidos centenares de naúfragos de varias nacionalidades y prestado auxilio a numerosos buques con dificultades en aquellas aguas» lo condecoró y reconoció como capitán de fragata y como uno de los marinos más pundonorosos, capacitados y heroicos de la Armada Argentina.

martinfvizoso@gmail.com

Alumno de Cartavio, de Figueras, y de la famosa escuela de Náutica de Ribadeo

Carlos J. Méndez fue uno de los destacados alumnos que se formaron en la Escuela de Naútica y Comercio creada en 1844 en Ribadeo a instancias de la Sociedad de Fomento local. Experimentados marinos e ilustres profesores enseñaban matemáticas, astronomía, naútica, etc. a alumnos que se preparaban para ser marinos o para ejercer labores administrativas o contables en la emigración. La Escuela, que dirigió Segundo Moreno Barcia, estaba sostenida con fondos que aportaban el Concello, la Diputación y el Estado.

En el centro se formaron pilotos, capitanes y marinos de Ribadeo, Figueras, Castropol, Barres y Foz, sobre todo, que alcanzaron gran prestigio en las mejores navieras europeas y en la propia Armada. Fernando Villamil, Francisco Blanco y Fernández Lastra, El Viejo Pancho, el focense Maañón o Carlos J. Méndez fueron algunos de ellos.

Carlos J. Méndez llegó a ella tras estudiar, con 12 años, en el colegio particular que tenía en Figueras (Asturias) Esteban Suárez Cartavio a quién el propio marino atribuye su vocación y su formación naútica. Cartavio emigró también él mismo a Buenos Aires donde dos de sus hijos, José y Modesto, que antes residieran en Montevideo, eran reputados comerciantes. En la Argentina, fue directivo de la Asociación Española de Socorros Mutuos en los gobiernos de Piqueras (1881) y Manuel Chillado (1882).

Los Cartavio fueron unos de los grandes filántropos de Figueras -donaron el altar mayor de la iglesia de la Purísima- junto, entre otros, a Domingo Gayol, Florencio L. Villamil, Wenceslao García, Rita Carreira, Laureano L. Acevedo o Socorro Sánchez.

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