Un gallego dueño de la esencia porteña

En la esquina Homero Manzi, regentada por Eulogio Pérez, los versos del poeta y el fútbol de San Lorenzo son los protagonistas

Eulogio Pérez emigró a Argentina hace ya 68 años
Eulogio Pérez emigró a Argentina hace ya 68 años

Buenos Aires

«San Juan y Boedo antigua, y todo el cielo, Pompeya y más allá la inundación. Tu melena de novia en el recuerdo y tu nombre florando en el adiós», reza el primer párrafo del tango Sur, escrito por Homero Manzi en las postrimerías de los años 40. Hoy esta esquina dedicada al poeta es una de las más destacadas de la ciudad de Buenos Aires y pertenece a un gallego. Se trata de Eulogio Pérez, oriundo de un pueblo de A Coruña, que emigró al país hace ya 68 años. Por aquí han pasado poetas, políticos y fue el lugar donde el Club Atlético San Lorenzo celebró su centenario. Las vivencias del lugar son hoy una historia que formará parte de los anales del callejero porteño con acento gallego.

Tango y fútbol, la esencia de la ciudad de Buenos Aires se citan en la Esquina Homero Manzi. Un restaurante con resquicios de antiguo cafetín, referencias en las paredes con las caras del músico Aníbal Troilo, Homero Manzi y otros poetas, y un escenario que ha servido noches mágicas con grandes cantantes y bailarines de tango de la última época. Es uno de los lugares que los amantes del tango deben visitar y cualquier turista también. Su propia historia está ligada a Eulogio Pérez, un coruñés que se embarcó en 1952 con su madre y sus dos hermanos en busca de su padre, que ya residía en Argentina.

«Yo he sido toda la vida un laburante y moriré laburante», dice en el interior de su obra rememorando su infancia. Con 7 años asegura que salía a moler a caballo en Galicia, con 9 ya estaba vendiendo leche por la ciudad austral. Una larga trayectoria en el sector de la hostelería le ha traído hasta aquí. En 1967 comenzó la aventura hostelera junto a otros cuatro gallegos, para que finalmente en 1991 adquiriera este local que se dividía en cinco estancias. Asevera que el precio fueron 700.000 dólares. Un valor inusitado para la época que debió afrontar junto a dos socios.

«¿Por qué compré este negocio? Porque estaba demente», explica dejando escapar una sonrisa. Posteriormente, en el 2001, año crítico para la situación económica argentina, inauguró la esquina como actualmente está, cerca de su vigésimo aniversario, siendo un lugar referente en la lista de locales históricos. No fue una etapa fácil para él ni para nadie, pero el inmenso local había sido recientemente remodelado y la inversión había sido arriesgada. «La época del corralito me pilló con todo esto abierto», resopla mirando el escenario con un pesado telón de color bermellón que espera inactivo al fondo del establecimiento. Inactivo hasta la noche, cuando las comidas y el café dan paso a las bebidas alcohólicas, al jolgorio, al homenaje al tango, a un pedazo anacrónico del siglo XX.

«La letra del tango es la más verdadera de la vida», comenta tras explicar su llegada al país y cómo tuvo que olvidarse de Galicia. «En el barco me la pasé entre los bultos y en la enfermería porque venía hecho pomada. Llegué el 4 de septiembre y el domingo me tuvieron que operar de apendicitis porque si no, no lo contaba».

Desde 1927 han sido cuatro los diferentes locales que ha acogido el establecimiento: Aeroplano, Canadian, Nipon y finalmente Homero Manzi, declarado de interés turístico cultural de la Presidencia de la Nación y de la Secretaría de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires. Desde entonces los camareros aún guardan los hábitos de indumentaria del pasado, uniformados con una camisa blanca, un chaleco negro y una cinta roja al brazo. Esencia pura argentina en el barrio Boedo, esta recomendable esquina tendrá siempre impreso en letras de oro un trocito de la raíz gallega.

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