Un dumbriés que no volvió a Argentina


Sabemos que el biógrafo es un intruso en las vidas ajenas, que las analizamos con nuestra propia mirada y les aplicamos un zoom para enfocar esas vidas perdidas arrojadas por el tiempo al pozo negro del olvido. Y el recuento que hacemos en esta Galería de emigrantes de la Costa da Morte, requiere paciencia, dedicación y entrega. Y, aun así, en la mayoría de las ocasiones no logramos localizar unas mínimas huellas para resucitar sus aventuras vitales después de caminar por otros mundos lejos de sus aldeas y familias. A veces, encontramos breves reseñas publicadas hace muchos años en algún periódico -en este caso, en La Voz de Galicia, del 10 de junio de 1926- en el que aparece un nombre, un municipio de nacimiento y una fecha de fallecimiento. Y, nada más. Ni aun investigando en los archivos de su municipio de origen, Dumbría, hemos encontrado referencia alguna, ni una sola imagen que le humanice, que le dé rostro. Nada: «El ministro de Estado -dice La Voz- participa al gobernador que, según noticias oficiales recibidas del cónsul de España en Rio Janeiro, el 19 de febrero último falleció a bordo del vapor francés Formose, el súbdito español Manuel Cives, natural de Dumbría, provincia de La Coruña, de cincuenta y ocho años de edad, casado y carpintero de oficio. Los escasos bienes dejados por el finado, se hallan depositados en el Consulado antes citado, y se hace público para conocimiento de sus familiares».

El reseñado vapor Formose (el que aparece de la imagen) hizo escala en A Coruña procedente de Hamburgo, Amberes y El Havre el 1 de febrero de 1926. Conducía 200 pasajeros de tránsito para los puertos sudamericanos del Atlántico y tomó en esta ciudad 56 pasajeros para Buenos Aires, entre ellos nuestro hombre, el carpintero Manuel Cives. Pero nunca llegó a su destino.

En el puerto de Río Janeiro terminaron sus anhelos, preocupaciones y demás. Seguramente regresaba a la emigración después de hacer un alto en el camino, efectuando un viaje de visita a su tierra natal y a sus familiares. En el medio, treinta y tres largos años en la diáspora argentina, país en el que le esperaba, seguramente, su otra familia: su esposa e hijos.

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Un dumbriés que no volvió a Argentina