«Conocer el mundo es maravilloso pero hay que volver a la tierra de uno»

Después de más de medio siglo fuera, Pura Pérez sigue echando en falta sus orígenes


ourense

Se fue a Argentina cuando tenía únicamente 17 años y solo ha podido volver a casa en tres ocasiones desde entonces. Sin embargo, Pura Pérez Pernas (Quinta, Cenlle, 1947) no se olvida de su tierra. La extraña desde la distancia y sigue sintiéndose plenamente gallega.

Pura estaba trabajando en la cocina de un colegio de monjas. Su abuelo vivía en Argentina, a donde había emigrado tras enviudar. Él ya la animaba a irse también. «Pero fue la hermana Germana, que estaba en el convento, quien me convenció. Su padre había estado en el año 1940 y me decía que era un país maravilloso», explica.

Ella pensaba en aquella aventura como algo temporal y recuerda con dolor el viaje para cruzar el Atlántico y la despedida previa de su familia. «De mi papá me despedí en Vigo. Él pasó una semana allí en un hotel para hacer trámites y papeles. Él fue quien me despidió. Comimos en el barco juntos, me pusieron en la comida queso rayado y eso ya no me gustó», cuenta Pura. Esa fue la última vez que vio a su padre. Del resto de la familia se había despedido ya en la aldea, pero a su abuela Calela simplemente la abrazó. «No pude decirle que partía», recuerda con aflicción.

Los comienzos

Cuando ella se marchó, en 1965, la emigración a Argentina no era ya tan común como lo había sido. «En el barco venían turistas. Vine en un camarote clase única con una señora de buena posición que era de la provincia de Mendoza y una chica también venía casada por poder. Recuerdo que yo tenía miedo e hice el viaje arrimada a la señora de Mendoza, que me trataba bien», explica la mujer.

Al llegar al otro lado del océano, comenzó a trabajar en la panadería que su abuelo tenía en el barrio porteño de Constitución. Al año se casó y ayudaba en el negocio de la familia de su marido. Después trabajó de promotora en supermercados y más tarde en una fábrica. «Pero no aguantaba tantas horas de pie y a los tres meses me fui», cuenta Pura, que recuerda que al principio vivían de alquiler. Con el paso del tiempo, su esposo se hizo marino y pudieron comprar «una casita vieja y chica en el barrio de Belgrano».

Tuvo dos hijas y ahora que ella está jubilada van todos los fines de semana a verla. Pura cuida de su marido, que está enfermo, y se las arregla con una jubilación «mínima, para amas de casa». Le gusta cuidar del jardín y los animales, pero cuenta que ahora está un triste por el reciente fallecimiento de su perrita Mika, que tenía 16 años.

Lo mejor, el tango

Lo que más le agrada de Argentina es el tango. «Me gusta desde chica, lo pasaban por la radio en Cenlle y me encantaba», explica la mujer, que recuerda que un día, cuando aún estaba en Vigo, fue con una amiga a ver El último tango, de Sara Montiel y sonaba la canción Quiero emborrachar mi corazón. Mientras lo cuenta, Pura tararea la música y aún recuerda la letra. Pese a todo, ella lo tiene claro: «Me siento lo que soy: gallega, como siempre. Igual sigo aquí. Mi abuelo, nacido en Madrid, sí se hizo ciudadano argentino. Yo no».

Sin embargo, viajar antes no era tan fácil como ahora y, desde que se marchó en 1965, Pura solo ha podido volver a su casa en la provincia de Ourense en tres ocasiones. Muy pocas. La última vez fue hace catorce años y explica que, aunque al principio extrañaba Argentina, finalmente ya no quería volver: «Me gusta cuando voy estar allá, me siento en mi mundo, donde pertenezco, con mis raíces. Allí me siento bien. Las comidas de antes, todos mis hermanos y sobrinos… Es otro mundo».

La necesidad de volver

Y esos recuerdos la llevan a la siguiente reflexión: «Los jóvenes no tienen que irse. Cada uno tiene que quedarse donde nació, donde uno pertenece. En otro país nunca sos del otro lugar, aunque yo me adapté. Es lindo el mundo, conocerlo es maravilloso, pero hay que volver a la tierra de uno».

Trayectoria vital

De la aldea a cruzar el océano. Pura Pérez Pernas nació el 4 de marzo de 1947 en la aldea de Quinta, en el concello ourensano de Cenlle. Con solo 17 años ya trabajaba en Vigo en la cocina de un colegio de monjas y cuenta que fue una hermana, sor Germana, la que le recomendó emigrar a Argentina. Allí vivía su abuelo desde 1940 y este siempre había animado a Pura para que se le uniese al otro lado del océano. Finalmente lo hizo en el año 1965. Viajó en barco y desde entonces solo ha podido volver a su tierra en tres ocasiones. La echa de menos y advierte: «Los jóvenes no tienen que irse. Cada uno tiene que quedarse donde nació».

Votación
5 votos
Comentarios

«Conocer el mundo es maravilloso pero hay que volver a la tierra de uno»