Gallegos en Argentina, más vivos que nunca

En el barrio de San Telmo se imparten talleres de gallego, muiñeira y gaita


Buenos Aires

La Federación de Asociaciones Gallegas se encuentra en el 955 de la calle Chacabuco. En el primer piso hay un museo dedicado a la emigración gallega, en el segundo y el tercero se imparten talleres de gaita, coro, muiñeira, gallego y pandereta. «Solo hace falta que un uno por ciento de los 7 millones de hijos de gallegos se interesen por la cultura para que esta siga viva», dice Diego Agustín Martínez, presidente de la federación. Y es verdad: el interés por aprender a hablar gallego como lo hacían los abuelos o bailar música tradicional como en los pueblos de la tierra natal sigue vivo a pesar de que ya han pasado dos generaciones. «Parece que tiene algo que ver con ``la culpa´´ gallega -prosigue Diego-, últimamente estamos viendo como hijos de gallegos vienen y nos hablan de sus abuelos y de su pasado en el otro lado del mar. Nos dicen que quieren recuperar esa memoria».

Es el último día de los talleres. En la clase de Jimena Millar, la profesora de muiñeira, están preparando una merienda. Las edades de las alumnas son variopintas. «Tenemos a una chica de 13 años que ni siquiera desciende de gallegos pero le gustó la danza y se apuntó. Es difícil atraer a las personas jóvenes», explica. Jimena trabaja en una oficina pero los fines de semana le dedica tiempo a sus alumnas: «Soy una profesora muy estricta aunque ellas ya me tienen calada y cuando me pongo firme y les digo que lo han hecho mal no me toman en serio».

El padre de Jimena era de Freán, en Lugo. Ella nació en Buenos Aires y se inició en la danza a los tres años, en Xeito Novo, una academia de baile tradicional gallego. Desde entonces, el baile se ha convertido en su pasión. También canta y toca la pandereta. «Tengo una colección de más de treinta panderetas. ¡Me encantan!», confiesa. Da clases en la federación desde el año pasado. Comenzó con 12 alumnos pero ahora son 26, de los cuales el 70 % son gallegos. «Ahora estamos intentando hacer los trajes de gala para la próxima actuación. Normalmente - se explica- se los compro a una mujer de Santiago de Compostela que tiene una tienda que se llama De Cotío».

Rocío Carbia, una ilustradora miembro de la federación, les enseña bocetos del traje y Jimena está entusiasmada.

Higinio Martínez imparte clases de gallego desde hace más de cuarenta años. Sus talleres enseñan el reintegracionista, es decir, aquel que recupera el vocabulario del portugués y no del castellano. Él estudió lenguas celtas y ese es el motivo de que prefiera utilizar el mismo estilo que usaban Rosalía y Pombal. Habla gallego a la perfección, sin ningún trazo de acento argentino. «Me esfuerzo por pronunciar las vocales abiertas», explica ante la observación.

Durante el curso, que empieza el Día das Letras Galegas y finaliza en noviembre, los alumnos aprenden a identificar a los falsos amigos (esas palabras que en castellano significan otra cosa que en gallego). También leen textos de Robert Arlt en gallego, un periodista e inventor argentino. De esta forma, Higinio estructura las lecciones e intenta hacer las clases más entretenidas. Entre sus pupilos se encuentran una holandesa y una alemana a las que les resultó interesante aprender la lengua de Castelao. Todos son mayores y el aula está al completo.

Desde una puerta cerrada llega el sonido inconfundible de las gaitas. El profesor José Lema enseña todos los sábados a tocar el instrumento a niños, jóvenes y adultos. María Fernanda Lores da clases de canto y pandereta, también los sábados.

Todas las actividades son gratuitas y la federación intenta siempre atraer al mayor número de personas posible. «Nos financiamos -matiza- con el alquiler que hacemos del teatro. Todo aquel que tenga sangre gallega o sentimientos gallegos es bienvenido».

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