«Foi incrible que viñese Alfonsín»

El presidente argentino vivió un baño de multitudes en la capital dezana, cuyo centro en Buenos Aires acogió sus reuniones en la clandestinidad durante la dictadura. Lo recuerda el que fuera concejal cuando Cuíña fue alcalde de Lalín

Camilo González Bodaño
Camilo González Bodaño

Lalín / la Voz

El presidente de la República Argentina Raúl Alfonsín visitó el 15 de junio de 1984 Lalín, el pueblo natal de unos emigrantes que, en su centro de Buenos Aires, albergaron muchas reuniones políticas clandestinas de Alfonsín durante la dictadura de los militares. Entre las miles de personas que lo esperaban en las calles se hallaba el exconcejal Camilo González Bodaño, que estuvo cinco años en el Concello de mano del primer alcalde de la democracia en la capital dezana, Xosé Cuíña. «A min Pepe [Cuíña] había tempo que me levaba dicindo que ía traer ao presidente da Arxentina, pero eu non llo cría». Hasta que dos meses antes del acto le advirtió: «Ti dis que non, pero vai vir xa». Y vino: «Foi incrible».

Y González Bodaño tuvo su papel como edil de Obras en esa tarea: «Para os concelleiros a última semana foi de moito traballo: a Casa do Concello era a que era, non había espazo nin nada, e había que poñer as cousas en orde. Baleiramos o salón de plenos e levamos as mesas e os bancos ao cárcere, que estaba na planta de abaixo». Pero si algo recuerda en especial fue la alfombra de flores preparada para el paseo de Alfonsín hasta el consistorio: «Foi idea de Cuíña, que tiña amizade con Pepe Castro, e viñeron facela veciños de Ponteareas. Pero o problema é que non había flores que chegaran, sobre todo camelias: empregaron flores de xesta, uz e codeso, pero para xuntar as camelias estabamos todos os concelleiros ás 3 da mañá con lanternas buscándoas por Donramiro». Y eso pese a la gran colaboración de los lalinenses: «Cada un deu o que puido, viñan cos seus cestos con flores de todas as cores».

El viernes 15 de junio de 1984 todo estuvo a punto: «Lémbrome que dixo que daba pena pisar a alfombra, porque estaba moi bonita». A su paso, miles de personas vitoreaban a Alfonsín -distinguido además como Hijo Predilecto de Lalín y condecorado con la medalla de oro de la localidad-, acompañado en su paseo por Xosé Cuíña, Fernández Albor y García Sabell. Era una multitud: «Había veciños de Lalín, pero tamén veu xente de toda a comarca, de Pontevedra, de Santiago... Na praza de Loriga e no percorrido ata o Concello non se podía pasar, era moita xente: nin as festas das Dores, aquilo era o máximo».

Era tanta gente que ni el pintor Laxeiro pudo abrirse paso para ocupar el lugar que le correspondía.

Porque Lalín recibía al presidente de tantos miles de gallegos emigrados al país austral: «Quen non ten un parente na Arxentina é que non é de aquí. Todos os temos. Eu teño un tío en Buenos Aires, irmán de miña nai, que fai 100 anos o día 30, e que me dixo daquela: ‘‘A visita de Alfonsín deulle unha categoría moi grande a Lalín, hai que ver o que é agora que foi o presidente da Arxentina’’», explicaba con orgullo de su tierra natal.

Alfonsín descubrió un monolito conmemorativo de la visita, en el parque donde se erige la estatua de Asorey que recuerda a uno de sus hijos ilustres, el aviador Joaquín Loriga, y se plantó una tulla que, 34 años después, luce majestuosa y perpetúa un recuerdo que el mandatario argentino siempre mantuvo en su memoria.

Volvió a Lalín en noviembre del año 2003, en un encuentro más íntimo, sin el boato y sin las extremas medidas de seguridad de 19 años atrás. Y dejó escrito en el libro de oro del Concello todo el cariño y agradecimiento a esta tierra: «Para el alcalde de Lalín, los señores concejales y el pueblo en general, con el recuerdo imborrable de la forma en que nos ayudaron a luchar por la democracia en Argentina. No puedo dejar de mencionar a mi querido amigo José Cuíña por sus visitas a Argentina y a mi pueblo, Chascomús, hermanado con Lalín. Jamás olvidaré la recepción oficial que me brindaron cuando estuve siendo presidente, la hermosa alfombra de flores y la placa que inauguramos. Un abrazo enorme para todos». Camilo González, como tantos lalinenses, a uno y otro lado del Atlántico, tampoco la olvidaron.

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