La Diputación le entregó ayer la placa de honor de la provincia a Darío Rivas Cando, el hijo del alcalde de Castro de Rei asesinado por los fascistas en 1936, Severino Rivas Barja. Fue un emotivo y sentido homenaje en el que varias personas glosaron la dura vida de Severino, que con nueve años fue enviado por su padre solo en un barco de pasaje hacia Argentina, en donde tenía ya a otros familiares y donde se quedó a residir para siempre. En esa despedida fue la última vez que vio a su padre, poco después asesinado y tirado en una cuneta junto a la iglesia de Cortapezas, en Portomarín. Hace una década larga que Severino emprendió numerosos viajes a su tierra natal y arduas gestiones para encontrar el cadáver de su padre y darle digna sepultura. Pero después continuó su lucha por recuperar la memoria de muchos otros represaliados como su padre y alcalde de Castro de Rei, y hasta consiguió que el juez Garzón y la justicia argentina pusiesen en jaque los asesinatos de la dictadura franquista. Todos los que intervinieron ayer, desde el cantautor Baldomero Iglesias Dobarrio, amigo de la familia de Darío, pasando por Mario Outeiro, López Orozco, Gómez Besteiro o los propios familiares de Darío recordaron la incansable lucha de este hombre de más de noventa años que sin rencor consiguió hacer justicia a la memoria de su padre, un hombre bueno, y a muchos luchadores y hombres de bien que fueron asesinados por la barbarie. Darío, visiblemente emocionado durante el reconocimiento, recibió al final del acto numerosos abrazos de amigos y familiares, entre los que estaban varios alcaldes de la provincia, diputados, escritores, artistas y numerosos personajes vinculados a la cultura y a la recuperación de la memoria.

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La Provincia de Lugo distinguió a Darío Rivas Cando