Los Docobo, hijos de emigrantes de A Devesa dispersos por Galicia y América

Reputados profesionales forman parte de la saga ribadense


El dueño de una constructora de Florida y el de un comercio tradicional del casco viejo de Santiago. Un cirujano del hospital Virgen del Rocío de Sevilla y un sheriff de Tampa (Estados Unidos). Una farmacéutica de A Coruña y un locutor de radio. Todas estas personas, entre otras, tienen en común un mismo origen y un idéntico apellido. Son algunos miembros de la saga de los Docobo, de Ribadeo, que la emigración dispersó por el mundo. Ramas abiertas a nuevos cielos de aquel viejo árbol que plantaron en Cuba, en los albores del pasado siglo, dos emigrantes de A Devesa, Ángel Docobo Fernández y María Fernández Rodríguez.

Su historia comienza a fines del siglo XIX cuando Ángel ?uno de los siete hijos de Ramón Docobo y María Fernández- cumplió 12 años en esa parroquia ribadense. Sus padres lo enviaron a Cuba donde lo esperaba su hermano José que trabajaba con un tío que fabricaba carbón vegetal en montes y humedales y lo vendía, puerta a puerta, en La Habana. Al cabo de un tiempo, el tío regresó a Galicia y dejó a sus dos sobrinos un negocio que, tras un acuerdo con su hermano, acabó en las manos de Ángel.

El nuevo propietario se casó con María, una de las ocho hijas de Benita Rodríguez y Manuel Fernández, un ebanista, emigrante en Cuba, que construía cajas de puros en una fábrica de tabacos. Ángel y María trabajaron duro, codo con codo. Pero el beneficio de su ardua labor les permitió retirarse aún jóvenes y regresar a su localidad natal de A Devesa en 1923. Con ellos traían a seis vástagos que habían engendrado en Cuba: Ángel, casado posteriormente con Carmiña Calvo; María, con Ramón Rodríguez; Alicia, con Rafael Pulpeiro; Concepción, con Ricardo Fernández; Ramón, con Ramona Alonso; y Manuel, con Purificación Durántez. Ya asentados en A Devesa aún tuvieron otro hijo, José, que falleció a los 23 años.

Un coche para ir al colegio

De Cuba traían algunas lecciones aprendidas. Sobre todo, que la educación era el único valor seguro y que invertir en ella servía de promoción social y daba el mejor beneficio. Así que, cuando sus hijos aún eran niños, compraron un coche que los llevaba a diario, junto a otros niños de la parroquia, a clases en colegios y academias de Ribadeo. Y cuando fueron adolescentes, para que pudieran ir a la Universidad, trasladaron a toda la familia a una casa de la calle del Matadero, en Santiago de Compostela, en la que tenían como vecino a Ramón María Aller Ulloa, cura y astrónomo de Lalín y uno de los grandes científicos contemporáneos.

El plan les salió bien. En 1939, al acabar la guerra, Ángel, el hijo mayor, se licenció en Ciencias Exactas en Santiago y Madrid. Alicia y Concepción estudiaron Farmacia. Ramón se hizo médico. José falleció en el último curso de Químicas. Y Manuel recibió clases en la Escuela de Comercio y se puso a trabajar muy joven.

De un comercio de referencia en Santiago a la dirección del Observatorio Astronómico de Galicia

Cuatro de los hijos de Ángel y María se instalaron en A Coruña, Ribadeo y Santiago de Compostela. En esta última ciudad, Manuel Docobo Fernández (La Habana 1922) abrió en 1951, en el número 74 de la Rúa do Villar, un famoso comercio de objeto de regalos y papelería que llegó al siglo XXI de la mano de su hijo Ricardo. Antes, regentó en A Coruña un bazar y allí se casó en 1949 con Purificación Durántez.

El comercio de la Rúa do Villar fue todo un referente y un lugar imprescindible de la capital de Galicia. Tenía de todo y lo más moderno y novedoso. Surtía a oficinas, empresas y centros de estudios, vendía y arreglaba plumas estilográficas, atendía pedidos de cualquier lugar. Manuel y Purificación tuvieron tres hijos: el mayor, Fernando, estudió Medicina en Santiago y se instaló en Sevilla como médico. Fue director de la Unidad Clínica de Gestión de Cirugía Mayor del Hospital Virgen del Rocío.

El segundo, José Ángel, estudió Matemáticas en Santiago y se doctoró en Astronomía en Zaragoza donde fue profesor de la Facultad de Ciencias y preparó la oposición que le posibilitó trasladarse a Santiago para impartir clases en la USC y ser director del Observatorio Astronómico Ramón María Aller Ulloa. José Ángel Docobo fue directivo largos años del CAB Obradoiro y la persona que evitó su desaparición y llevó al club al éxito que hoy tiene en la élite nacional.

El tercero de los hijos, Ricardo (Santiago 1959) sigue al frente del negocio familiar, fue vicepresidente de la asociación comercial Compostela Monumental y encargado de Deportes en Radio Galicia-Cadena Ser, jefe de prensa del Compostela C.F. y secretario de la Asociación Gallega de Prensa Deportiva.

Un constructor, dos célebres médicos y también un sheriff de Tampa

Al marinero de Alberti la marejada le tiraba del corazón. Y a dos de los hijos de Ángel Docobo y María Fernández les sucedió lo mismo con América. Les tiraba del corazón. Ángel, el mayor -que fue campeón de España de 4x400 metros en los años 40 y jugó al fútbol en el Ribadeo F.C. en 1935- decidió volver a Cuba. Trabajó en la Banca y, cuando mejor le iba, llegó Fidel y todo cambió. Regresó a Galicia y abrió dos academias, primero en Lugo y luego en Salamanca.

El otro que marchó a América fue Ramón, el médico, tras casarse con Ramona Alonso Flores, hija de un emigrante de A Devesa y nacida en Cienfuegos (Cuba). Se habían conocido en Ribadeo, se casaron en 1953 y emigraron en 1960 a Tampa (Estados Unidos). Tuvieron cuatro hijos: Ángel J. Docobo, casado con Celia; José María, casado con Vivian; Alberto N. casado con Lynn; y Ramón Hebert, nacido en 1963 y casado con Marisella. Ramón falleció en Tampa en 1995 y Ramona en 2017. De sus cuatro descendientes, el de mayor notoriedad fue José María Docobo Alonso. Trabajó durante 24 años en la Oficina del Sheriff del Condado de Hillsborough y él mismo fue elegido sheriff ?el encargado de aplicar la ley- entre 2004 y 2018 con el grado de coronel. Asistió a cursos de capacitación internacionales para la lucha contra el terrorismo y fue miembro del Grupo de Seguridad Nacional del Estado de Florida. Es autor de libros sobre su especialidad y un centro de educación lleva su nombre.

De los otros tres vástagos, Ángel J. Docobo Alonso es un prestigioso médico de la ciudad tampeña, licenciado por la University of South Florida College of Medicine. Su hermano Ramón también es médico hospitalista en Envision Physician Services, especialista en Microbiología y Biología Molecular. Y Alberto es dueñoñ y director de una constructora de techos, American Roofing & Sheet Metal, certificada por el instituto de calidad GAF Master Elite, lo que la sitúa entre la élite de los contratistas de techos de Estados Unidos.

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