A Mariña venera y festeja a las patronas de Bolivia, Perú, Colombia, Cuba y México

Capilla y Pazo de Guimarán, en Ribadeo
Capilla y Pazo de Guimarán, en Ribadeo

Desde que el 1 de marzo de 1493, la carabela Pinta arribó a Baiona -«rota la nao, pero no los corazones»- los intercambios con América fueron constantes. Galicia conoció la riqueza de abrirse al mundo e integrar gentes, productos e ideas, y supo de los mutuos beneficios que se derivan de la solidaridad, el multiculturalismo y la diversidad. Los emigrantes fueron abanderados en esa labor. Y su acción llegó a rincones tan íntimos como la fe y la devoción religiosa. La identidad es una construcción. Y en la espiritualidad de los gallegos los santos y vírgenes de América algo tienen que decir.

En A Mariña se veneran las patronas de Bolivia, Colombia, Perú, México y Cuba. Esta última, la Virgen de la Caridad del Cobre, está en el templo de Magazos (Viveiro) y se celebra en Muras y Ortigueira. La ortegana Sesa canta así su procesión en las fiestas de Santa Marta de julio: «Cruzando el mar llegó, cual emigrante,/ una chica que aquí no es extranjera./ En sus brazos traía, cual bandera,/ un niñito moreno, elegante./ Ese infante al mundo guarda constante/ y su mirada es como primavera/ que embelesa y cautiva de manera/ firme, sin igual, como sol radiante./ Es la Caridad ¡guapa caribeña!/ que a hombros de jóvenes pasea/ por las calles de esta villa norteña./ Anfitriona Santa Marta sea/ de tu paseo y luego sueña/ paz y amor que a sus hijos desea».

La devoción a La Caridad del Cobre -que los cubanos llaman Cachita- se remonta a 1613 cuando tres esclavos niños -Juan Moreno y Juan y Rodrigo de Hoyos- que trabajaban en unas minas de cobre avistaron en la Bahía de Nipe la imagen de la Virgen con el Niño en brazos que se acercaba flotando en una tabla con la leyenda: «Yo soy la Virgen de la Caridad». En el Archivo de Indias de Sevilla se conserva un relato, hecho bajo juramento eclesiástico «75 años después del suceso», en el que el propio Juan Moreno cuenta los hechos. El santuario inicial se construyó con hojas de guano y tablas y luego, tras misteriosos sucesos, la Virgen fue llevada al actual en un monte próximo a las minas. Fue proclamada patrona de Cuba en 1916. 

Magazos y Muras

Cachita fue traída a Ortigueira por la colonia emigrante de esta villa en Cuba que aún hoy, por medio de Naturales de Ortigueira, es una de las más representativas en la isla. Lo mismo sucedió en Magazos (Viveiro), de donde eran Antonio Rodríguez Vázquez y Justo Taladrid, fundadores y presidentes de Vivero y su Comarca.

A Muras llegó el 27 de junio de 1954 tras comprar la imagen Unión Murense, presidida por Pascual Otero Ramos, y traerla José Puentes Durán y su esposa, María Bahamonde. El alcalde, Ángel Castro Blanco, y Sofía Guás, viuda de Carballal, organizaron un magno recibimiento. La prensa dijo que «Puentes dejó a la virgencita mambisa junto con la bandera de estrella solitaria en la iglesia de San Pedro, donde se le venera».

La Virgen de Guadalupe y un presbítero de Viveiro en México

La Virgen de Guadalupe, patrona de México y América, cuenta en los conventos de la Concepción, de San Francisco y de Valdeflores, en Viveiro, y en el de la Encarnación, en Mondoñedo, con notables muestras del arte novohispano que se desarrolló en el país azteca entre los siglos XVI y XVIII. Las imágenes llegaron fruto de las relaciones de A Mariña con el Virreinato de Nueva España. La mayoría son óleos sobre lienzo y fueron donadas por indianos, comerciantes, militares o clérigos allí asentados.

La historia cuenta que se le apareció al indio Juan Diego pidiéndole que le dijera al Obispo que le construyera un templo. El cura quiso comprobar la veracidad de la aparición mariana y el indio le enseñó la imagen de la Virgen de Guadalupe que ella le grabara en la ropa que vestía.

En el convento de las Concepcionistas de la Encarnación de Mondoñedo hay un lienzo de la virgen guadalupana del siglo XVII sin ningún elemento decorativo según explica Patricia Barea en un estudio de la Real Academia Gallega de Bellas Artes. En el de la Concepción, en Viveiro, se conserva otro que fue escondido durante la invasión francesa de 1809 para evitar su destrucción. Y en el retablo mayor del convento viveirense de San Francisco hay una pintura donada en 1765, con un legado económico, por el presbítero Luis López, natural de Viveiro. Este presbítero que, según Lino G. Canedo, era crucífero mayor y capellán del Arzobispo de México, Francisco de Aguiar y Seijas, donó al convento de Valdeflores una pintura del XVII que hoy está en el claustro aunque originariamente fue el remate del retablo mayor de la iglesia.

También en Valdeflores se guarda un tríptico de la Virgen, realizado por el artista Miguel Vedoya, con tres lienzos: la Presentación en el templo, un ámbito celestial con la Inmaculada rodeada de nubes y el Espíritu Santo sobre su cabeza y un marco terrenal con una pareja arrodillada. En el claustro hay una Visión de Santa Teresa de finales del siglo XVII, obra de algún pintor mexicano.

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