Una doctora, una abogada y una catedrática, hijas de emigrantes de Ribadeo y Mondoñedo a principios de siglo

La Voz

AMÉRICA

08 mar 2016 . Actualizado a las 08:46 h.

El trabajo, el sacrificio y la austeridad fueron algo consustancial a los emigrantes gallegos. Casi todos volcaron sus esperanzas en sus hijos, en darles una educación y una vida mejores que la que ellos habían tenido.

Muchos lo consiguieron, con la particularidad de que, a diferencia de lo que sucedía en Galicia a principios de siglo, las hijas tuvieron parecidas oportunidades que los hijos. Y algunas las aprovecharon mejor, sin duda.

Fue el caso de Francisca Blanca Redondas Rodríguez, doctora en Leyes e hija de Francisco Redondas, de Arante (Ribadeo), y la cubana Inés Rodríguez. Su padre tuvo un comercio en Cienfuegos en 1890 donde presidió el Casino Español y luchó contra los independentistas cubanos, labor por la que recibió la Medalla del Mérito Militar.

Tras residir en Ribadeo entre 1920 y 1927, regresó a Cienfuegos para administrar sus bienes.

Margarita, la segunda hija de Pedro Lorigados Rubiños, de Mondoñedo, obtuvo en Cuba la titulación de Doctora en Medicina, especialista en Alergias. Su padre _que fue presidente de Unión Mindoniense y que se casó con la cubana Rosa Alfonso Largel_ fue propietario de una de las empresas más importantes de Cuba en el sector de aserraderos y la importación de maderas nobles para la construcción y el mobiliario de viviendas.

Y, finalmente, Teresa Luisa, otra hija de un emigrante mindoniense, Jesús Bermúdez Rodríguez, fue Catedrática y doctora en Física y Química. Su hermano mayor, Manuel, era Contador Público y el menor, Miguel Antonio, arquitecto. El emigrante mindoniense trabajó como dependiente de almacén hasta que en 1922 se estableció por su cuenta para explotar un negocio de víveres, El Pavo Real, en Manzanillo y dio estudios a sus hijos.