En su nuevo proyecto trabajará con descendientes de esclavos africanos
22 jun 2015 . Actualizado a las 08:21 h.Con 29 años, Ana López Castaño llevaba una vida «tranquila» en Lugo, y tenía un futuro laboral que se antojaba «apacible» para una licenciada en Empresariales, con un contrato fijo en una constructora. Pero su conciencia solidaria le pedía más, así que decidió marcharse a Bolivia con la oenegé Misioneros Seglares Vicencianos, a la que estaba vinculada desde niña. En el corazón de los Andes trabajó activamente impulsando proyectos para mejorar las condiciones de vida de niños en riesgo de exclusión social, discapacitados, mujeres y presos. Ocho años más tarde no se ha arrepentido. Todo lo contrario. Tras pasar los últimos cuatro meses en Lugo por motivos familiares, en julio hará de nuevo las maletas para viajar a una de las regiones más pobres de Honduras, donde tendrá que volver a empezar de cero. «A congregación propúxome o traslado á comunidade de Barra Patuca, no departamento de Gracias a Dios, onde hai moita necesidade, porque en Bolivia os proxectos que tiñamos están en marcha e quedan en boas mans», explica Ana.
Muertes por diarrea
Ana se mudará a una parroquia de unos 10.000 kilómetros cuadrados -casi como la provincia de Lugo- a la que solo se puede acceder por agua tras largas travesías que duran días. En ella viven tres etnias que descienden de los antiguos esclavos africanos. «Os misquitos son unha das poboacións máis marxinadas de Honduras. Non teñen nada. Alí a xente morre de enfermidades comúns, como diarreas. Nin sequera hai médico», explica.
crónica con la misionera seglar vicenciana ana lópez castaño