Gallegos en Alemania: «Aquí hay muchísimo trabajo y vivimos mucho mejor»

ALEMANIA

Raúl y María (foto de arriba) están desde febrero en Brandemburgo; Elisabeth (derecha) y Tamara (en la foto de grupo, con top y pantalón blanco) en Bremen
Raúl y María (foto de arriba) están desde febrero en Brandemburgo; Elisabeth (derecha) y Tamara (en la foto de grupo, con top y pantalón blanco) en Bremen

¿LA NUEVA SUIZA? Maruxaina, Raúl, Elisabeth y Tamara son algunos de los gallegos que vieron en la pandemia la oportunidad de darle un giro a su vida. Su película no es «Vente a Alemania, Pepe». Ellos nos cuentan por qué valió la pena lanzarse

06 jul 2021 . Actualizado a las 14:01 h.

La llegada de María Bóveda, Maruxaina, a Brandemburgo suena un poco a canción de Sabina. «Pasé catorce días y quinientas noches confinada», dice esta viajera y cuentista sobre la que fue su primera incursión en la ciudad del Havel, en octubre, cuando el protocolo por el covid la llevó a una especie de arresto domiciliario con tan pocas horas de luz que las noches se multiplicaban cada día. Su primer contacto con una de las ciudades alemanas más antiguas fue así.

Allí la recibió su pareja, Raúl, el primero de los dos en mudarse de Vigo a Brandemburgo gracias a una oportunidad como mecánico especializado. Él se fue en agosto, ella lo visitó en octubre, volvió a casa a disponerlo todo para volar en febrero y quedarse en una región de la que valora el silencio (el ruido no genera altercados vecinales, sí llamadas a la policía), el abundante verde, la bici como medio común de transporte, y la libertad y autonomía que se da a los niños, además del gran «sentimiento de comunidad».

Justo una semana antes de emprender nueva vida alemana, a Maruxaina le llegó un empujón extra: un trabajo en Brandemburgo en la misma empresa que Raúl, en el departamento de calidad. «Aquí hay muchísimo trabajo. Los periódicos están llenos de ofertas», y subraya que la edad no es un obstáculo laboral. «Es más importante que tengas ganas, experiencia y actitud que currículum o la ‘titulitis’ que hay en España. La apariencia tampoco importa. Puedes encontrar trabajando en cualquier puesto a gente tatuada, con pelo de colores o llena de piercings», añade quien abraza la diversidad como una riqueza cultural. «Hoy en mi trabajo digo el saludo en alemán, hablo en gallego con un compañero, oigo a mi jefe en catalán, hablo en italiano con otros compañeros, saludo a uno en rumano y hay un grupo de sirios con los que me comunico en inglés. Trabajo en una empresa con un capital humano alucinante», destaca. Como es «muy de letras puras», esta contadora de historias que nació con la mochila a la espalda y alas en los pies prefiere los colores del relato al blanco de las cifras. Pero dice que por cuatro horas de trabajo en Brandemburgo (su jornada) cobra «más que por las ocho que trabajaba en Vigo» antes de irse.

Ella se mueve sin miedo, así avanza la autora del blog Maruxaina y su mochila, que te invita a recorrer Italia de la A a la Z (cada letra, un lugar), te propone seis escapadas por el norte de Portugal o te dice qué ver en ese Brandemburgo de donde ella no tiene hoy prisa por volver.

Con su pareja conoció Berlín en el 2018 y fue amor a primera vista. «Volvimos a casa diciendo: ‘Yo quiero vivir aquí, si no en Berlín, en Alemania’. Y, tres años después, aquí estamos», comparte. La pandemia trajo el cambio, un cambio que fueron en realidad muchos, «muchos y muy seguidos». «A veces, aún me despierto y me pregunto: ‘¿Dónde estoy?’. En unos meses, cambié de país, de modo de vida, de trabajo..., y perdí a mi perro, Issur [que llevaba el nombre real de Kirk Douglas]».

María Bóveda (Vigo): «Me choca, para bien, lo que respetan la intimidad. Y eso que no tienen persianas... Vivir aquí se parece a vivir en un bosque permanente»

¿Cómo es la vida en Brandemburgo? «Tiene muchas cosas positivas, que hay que copiar. Me choca, para bien, lo que respetan la intimidad. Y eso que no tienen persianas, ¡qué curioso!». Vivir allí se parece «a vivir en un bosque permanente. Y puedes ir en bici a todas partes. A los niños los ves pedaleando desde pequeños. Desde los 6 años los ves ir solos al cole. Hay mucho colegio, guarderías, niños. Alemania cuida a las familias».

Vivir y trabajar, admite, supone resolver un montón de papeles y trámites. «Lo bueno es que son puntuales, rápidos y muy eficaces. Uno de los primeros consejos que recibí es 'Compra un archivador'. El papel de empadronamiento, por ejemplo, es obligatorio para comprar un coche o contratar Internet», cuenta.

Maruxaina no piensa en volver, por más que eche de menos a su gente y el pescado. «Siendo de Galicia, ¡qué te voy a contar...!». «Pero vivimos mejor que como vivíamos en España -no duda-, ¡quitando que desde casa veíamos las Cíes!».

DE CUENTO, PERO REAL

Lo que vive en Bremen la ourensana Elisabeth Martínez también pinta un paisaje alentador. Se parece a un cuento, pero «es realidad». Esta profesora de infantil se fue de Ourense en febrero, tras formarse con una beca en Sevilla, y cambiar su inestabilidad laboral aquí por la opción de formarse para tener una plaza fija como funcionaria del Estado en Alemania. «Pienso que llegué al sitio adecuado y también pienso que lo pude haber hecho antes. Aquí valoran mucho profesionalmente a los españoles. Tanto el trato humano como el profesional es muy bueno», asegura. Elisabeth, que acabará en septiembre del año que viene su formación de alemán, percibe 2.600 euros brutos al mes desde que llegó a Bremen (con la formación en el idioma incluida) para trabajar en una escuela a las afueras para niños de hasta 6 años. En Bremen la esperaba su pareja, Víctor, empleado en el sector del automóvil, lo que hizo más fácil la sensación de hogar.

Elisabeth (de Oímbra a Bremen): «Aquí se valora mucho a los profesionales españoles. Cobro 2.600 euros brutos al mes como educadora infantil desde que llegué. Esto es un mundo aparte»

El verde intenso de Bremen también la acogió. «Unos amigos gallegos que vinieron a visitarnos hace unas semanas me decían: ‘Esto es un mundo aparte’». Lo es, admite Elisabeth, por la educación, por la cantidad de parques y por los animales sueltos que puedes ver en ellos (pavos reales, ciervos, ¡cerdos!), por el cuidado de los niños, también por las bajas ratios de las kitas (jardines de infancia) y las zonas verdes que las rodean.

«Los niños pasan mucho tiempo al aire libre. Casi siempre están fuera. Tienen sus pantalones de lluvia. Y, si llueve, a salir y pisar charcos... Aquí los niños son más independientes, se valora su autonomía. Desde pequeñitos suelen vestirse y desvestirse solos, recogen su plato, se lavan solos las manos. La idea es dejarles que lo intenten solos primero. Les dedicas tiempo para dejarles a ellos hacer las cosas. Y a la hora de comer, por ejemplo, comen solos, no es como en España, lo de meterles la cuchara en la boca para que coman».

Elisabeth y Víctor se vendrán en agosto de vacaciones a Galicia, para volverse a Bremen pasado el mes, sin planes a la vista para regresar á terriña. «Aquí vives bien, la vivienda es más cara que ahí, pero te puedes mantener y puedes ahorrar. Veo amigos de Víctor de 21 o 22 años que ya se han comprado una casa, a veces no para vivir, sino para invertir. Las ayudas que dan por hijo hasta los 18 años superan los 200 euros y se potencia mucho el empleo juvenil. Veo que puedes desarrollarte profesionalmente, que es posible trabajar de lo que te gusta con un buen sueldo; que aquí, si quieres, puedes. El problema es el idioma, que hay que aprender, pero en general se muestran comprensivos. Para mí, esta es una gran oportunidad», asegura Elisabeth, que, como Maruxaina, solo le ve un pero a esta mudanza de país y de vida, los asaltos de morriña, que no siempre se arreglan con un móvil y una buena conexión wifi.

Tamara (de A Coruña a Bremen): «En Alemania necesitan trabajadores especializados, por eso han lanzado un montón de becas y programas»

En marzo del 2020 el covid nos paró a todos, pero fue, en cambio el impulso que movió a Tamara, educadora y emprendedora de A Coruña, a pedir una beca Eures y empezar en Sevilla la formación necesaria para ejercer como profesora en Alemania. Voló a Bremen unos meses antes que Elisabeth, el pasado otoño, y allí sigue, feliz, seis meses después, celebrando la decisión de haberse ido. Fue de las primeras gallegas en marcharse en la pandemia como profesora a Bremen, donde crece la comunidad gallega. «Ahora es más fácil emigrar a Alemania que a otros lugares como Suiza -dice Tamara-.Veo que aquí, en Alemania, necesitan trabajadores especializados, por eso han lanzado un montón de becas y programas. Aquí las escuelas cierran por falta de personal cualificado para trabajar, y lo mismo ocurre con los médicos, con los ingenieros, los necesitan...». España está ayudando a Alemania a paliar esa carencia, subraya esta maestra por el mundo. «Y nosotros aquí cobramos el doble que ahí. El Estado paga por traer a maestras, médicos, enfermeros e ingenieros españoles. Nos están pagando la certificación de alemán, nos pagan por venir, estamos a media jornada y cobramos jornada completa», cuenta. Ella estuvo barajando varias opciones para buscarse la vida en otro país y hoy por hoy, conluye, «Alemania es el que ofrece más ventajas a nivel europeo para venirse».