De Australia a Berlín, pasando por Inglaterra: «Emigrar es una actitud»

Beatriz Blanco y Borja López, doctores en Química Orgánica, se dedican al estudio de nuevos fármacos

Borja y Beatriz ante el Uluru, monolito de arenisca sagrado para la población indígena australiana ubicado en el llamado «Centro Rojo», en el Territorio del Norte del país. El núcleo grande más cercano es Alice Springs, a más de 400 kilómetros
Borja y Beatriz ante el Uluru, monolito de arenisca sagrado para la población indígena australiana ubicado en el llamado «Centro Rojo», en el Territorio del Norte del país. El núcleo grande más cercano es Alice Springs, a más de 400 kilómetros

Redacción | La Voz

No es raro que una pareja se conozca en la facultad. Beatriz Blanco (O Barco de Valdeorras, 1985) y Borja López (Santiago, 1984), estudiaban Química en Santiago cuando sus caminos se unieron. La coincidencia fue más allá al escoger ambos la vía de la Química Orgánica, la que estudia los compuestos formados principalmente por carbono e hidrógeno, las moléculas más habituales en nuestros medicamentos. Aunque decidieron doctorarse, tenían claro que la vía académica no era «lo suyo», pero con una tesis y con inglés sería más fácil llegar al objetivo: investigar nuevos fármacos, lo más eficaces posible contra las enfermedades y con los menores efectos secundarios.

California, nueva experiencia

Él centró su tesis en la síntesis de la vitamina D y ella en la actividad de antimicrobianos frente a enzimas presentes en bacterias. La mirada ya estaba puesta en la química médica. Tras presentarlas, se toparon con lo difícil que resultó acceder a ayudas para seguir su carrera como investigadores. «La crisis nos tocó de lleno y los requisitos para poder recibirlas aumentaron considerablemente», dice Beatriz. «Becas que disfrutaban muchos compañeros pasaron a ser un privilegio solo al alcance de muy pocos», apunta Borja al respecto. Las piedras en el camino, sin embargo, fueron estimulantes. Hasta el punto de que ellos mismos se marcaron en 2011 el reto de conseguir una estancia internacional que respaldase sus investigaciones. Resultó atractiva para la Universidad de San Diego, en el caso de ella. A él, un profesor de Irvine, también en California, le dio el beneplácito. Y ahí tuvieron su primera «excursión». «Si algo he aprendido es que todo sirve para mejorar. Cambiar de entorno, de laboratorio, te permite descubrir nuevos enfoques y formas de trabajar que seguro que después, de un modo u otro, vas a aplicar en tu trabajo», comenta Beatriz.

Inglaterra, el primer contrato

Sufrieron la paradoja del doctorado. La formación es mucha. Pero su experiencia laboral en empresa nula. «El sector farmacéutico en Galicia es pequeño. En Madrid y Barcelona sí que hay más posibilidades, pero lo cierto es que en España no nos ofrecieron ninguna oportunidad», recuerda Borja sobre el inicio de la carrera profesional. En 2014, una empresa radicada en Canterbury (al sudeste de Inglaterra), le ofrece el empleo soñado. Había otra vacante y Beatriz sigue sus pasos. Ya son, oficialmente, emigrantes. «Nuestra labor se conoce como drug discovery -descubrimiento de medicamentos-», comentan. «A día de hoy, con la globalización, las grandes empresas farmacéuticas como Bayer, Pfizer o Johnson & Johnson, cada vez externalizan más proyectos en aras de la rentabilidad. Nosotros trabajamos en una de estas subcontratas explorando potenciales candidatos a ser medicamentos sintetizando moléculas. En función de los resultados, la farmacéutica decidía o no seguir, pero esa era ya información clasificada».. Es lo que cuentan sobre su experiencia laboral al otro lado del teléfono.

Australia, retorno académico

Pese a la realización profesional, cuando a Beatriz le ofrecen retomar la carrera investigadora en la Universidad de Adelaida -al sur de Australia- durante dos años, lo atractivo del destino y el hecho de que para él también hubiera una plaza precipitan el cambio.

Borja y Beatriz con la ópera de Sidney al fondo
Borja y Beatriz con la ópera de Sidney al fondo

«La vuelta al ámbito universitario no nos entusiasmaba, pero ha sido el mejor sitio en el que estuvimos... por nivel de vida, clima y las posibilidades de ocio en la naturaleza que ofrece», narra Beatriz con cierta nostalgia, teniendo además en cuenta los incendios que asolan al país.

Al acabar su contrato vuelven a Santiago y se dedican al sector textil y cosmético, comprobando que los materiales de las prendas y productos de consumo se adecúan a la normativa. Desde octubre están en Berlín, donde Borja ha vuelto a la rama farmacéutica: «Ahora tenemos una niña pequeña y buscar guardería sin hablar alemán no es fácil, pero juntos seguimos recorriendo el camino: emigrar es una actitud».

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