«Me vine a Alemania por amor»

Laura Mosquera se trasladó a Fráncfort para estar con su pareja que trabajaba allí

r. n.
OURENSE / LA VOZ

Partir del lugar en el que naciste y creciste, donde están tus familiares y amigos no es una tarea fácil, pero hay circunstancias que te empujan a tomar esta decisión. Es el caso de Raquel Mosquera, que cambió su pueblo natal por Fráncfort «Yo me vine por amor. Nunca pensé en salir de Celanova. Pero hace 1 año medio que conocí a mi chico y una relación a distancia siempre es difícil.» Su chico es Rubén Álvarez, un joven de 38 años que nació en Ourense pero se crio en Alemania ya que es hijo de la emigración de la época de los 70, «mi padre, Camilo, se vino buscar la vida con unos parientes suyos a Fráncfort, y aquí estuvo 45 años. Hace 3 que se jubiló y volvió a su tierra natal, Santa Rosa (Ramirás). En el año 1980 se vino mi madre, Auria, a vivir con mi padre a Alemania. Y ella sigue con nosotros en Fráncfort hasta que se jubile y vuelva a su tierra natal, A Roda (Celanova)».

El motivo que les llevó a tomar la decisión de quedarse en la ciudad fue la posibilidad de empleo que ofrece la misma «Siempre me sentí a gusto aquí, esta ciudad me dio mucho. Para vivir y obtener trabajo». A pesar de eso, las dificultades también afloraron, principalmente en los primeros meses debido al cambio de lengua. «Lo más difícil fue el idioma, pero por suerte comencé a aprender el alemán con una profesora que por causalidad es también de nuestra tierra y conocida mía del pueblo.»

Cuando asientas tu vida en un nuevo país tienes que adaptarte a sus costumbres y rutinas. Con los alemanes existen estereotipos que los señalan como personas serias, pero nada más lejos de la realidad. Según Rubén, «comprender a un alemán no es tan difícil. Si que es una persona organizada y fiel a sus cosas, y me gusta ese estereotipo. Sino mi vida sin organización sería un desastre. Aparte ellos aunque sean algo cerrados al principio, al coger simpatía cambian el chip y te dan lo que necesites». En cuanto al trabajo, Laura abandonó su puesto como trabajadora del Froiz de Celanova, y en la actualidad sigue vinculada al mundo del comercio, y Rubén consiguió obtener un trabajo estable y a mayores colabora con su novia en el local que ambos montaron. «Aparte montamos una tienda española de alimentación en la cual trabajamos los dos. Yo conozco esta rama, y necesitaba trabajo, así que nos decidimos a montarlo. Se llama Espanishop y lo que queremos fomentar más la marca Galicia que aquí en Alemania solo se conoce por el Camino de Santiago.»

Puede que el futuro pase por quedarse en Alemania, aunque Laura admite que a ella sí le gustaría regresar con su familia en algún momento. Rubén por su parte se ve animado a establecerse allí mientras esté en activo, laboralmente hablando, pero una vez obtenga la jubilación no tiene duda de que su sitio, el de su mujer y sus posibles hijos estará en España. Ambos países tienen aspectos positivos y negativos y esta pareja tendría clara su elección en relación a lo que necesiten en cada momento: «España para vivir. Alemania para trabajar».

La experiencia es muy gratificante pero los sentimientos de añoranza siempre están presentes en sus pensamientos. Lo que más duele, siempre es la familia que está lejos. «Lo que más extraño es a mi madre Rosa y mi hermana Mary, mi padre Manuel que falleció hace 3 anos, mi gente, a mis inolvidables compañeros de Supermercados Froiz...» Aunque también hay hueco para echar de menos esta tierra, sus costumbres, su gastronomía y sus paisajes. Sobre todo Laura que remarca especialmente «A miña terriña é especial».

También Rubén lo cree así y pese a estar más acostumbrado al país germano, sigue extrañando muchas cosas que ofrece España y que aún no ha encontrado en Alemania, sobre todo en el ámbito culinario.

Pero al final, estar juntos vale más que cualquier inconveniente.

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