Carmen Osorio, la hija de un vegadense que triunfó al piano en la radio de Hitler

La apasionante vida de una mujer que fue profesora con el Sha en Tererán, que era prima de la feminista Hildegart e hija de un explorador africanista


La vida de Carmen Osorio Rodríguez y su familia es propia del realismo mágico, el género que inició la Biblia, perfeccionó Cunqueiro y culminó García Márquez. Alfombras voladoras, caminos de quita y pon, sagas con cola de cerdo o la burra que habla -como la de Balam en las Sagradas Escrituras-, son pequeñas aventuras ante las que vivió una mujer que, con 5 años, daba conciertos de piano a cuatro manos por el mundo con su hermanastro, Pepito Arriola. Que tuvo un padre de Vegadeo explorador en África, vio cómo su prima Hildegart era asesinada por su propia madre, tocó para Hitler y Goebbels, enseñó música en la Persia del Sha y acabó sus días, en 1995, en una residencia regentada por monjas del Obispado de Mondoñedo-Ferrol. Una mujer, en fin, que no tuvo una vida plácida, ni fácil. Y que no fue feliz.

Su madre, Josefina Rodríguez Carballeira, había tenido de soltera en 1895 a José Rodríguez Arriola, el niño prodigio Pepito Arriola, pianista y compositor desde los tres años. En 1906 se casó con Eugenio Amado Osorio y Zabala, famoso médico y explorador de Vegadeo (Asturias), con el que concibió a dos hijas, Pilar y Carmen, medio hermanas del llamado Mozart español.

El genio y la precocidad de Arriola hicieron que el Rey Alfonso XIII le otorgase una bolsa para estudiar en Alemania al cumplir los 7 años. Allí asistió a clases en Leipzig y comenzó su carrera con una gira por el país. Fue tal su éxito que el propio Kaiser Guillermo II, maravillado por su arte, le regaló un chalé en Maklenburgo. A partir de ahí, Pepito Arriola se subió a un frenético y lucrativo carrusel que lo llevó a México, USA, Cuba, Argentina, Inglaterra, Rusia o Italia…. Todos quedaban fascinados por aquel niño menudo y extraordinario que hablaba varios idiomas y era extremadamente modesto a pesar de los reconocimientos y regalos que recibía… 

Emisoras de Berlín

Su hermana Carmen, en tanto, que había nacido en Berlín en 1907, era iniciada en la música desde la cuna por una madre que tenía grandes dotes musicales. Y con 5 años comenzó a acompañar a su ilustre hermano en conciertos en los mejores coliseos del planeta. En los años 20, al concluir la Gran Guerra, la familia se asentó en Alemania. Carmen se convirtió en asalariada del piano, traductora e intérprete. Y durante los años del nazismo, a sus conciertos en emisoras y teatros de Berlín asistían dirigentes como Goebbels o el propio Hitler como constatan estudios de Rosa Cal o Luis Mera. Esa fue la hora alta de la hija del médico de Vegadeo.

Cuando acabó la segunda Guerra Mundial, Arriola regresó a España tras ser destruida su casa berlinesa por los bombardeos. Se estableció en Barcelona pero no era tan famoso como en Alemania y el franquismo no tenía la música entre sus devociones... Así que solo pudo ofrecer algún concierto antes de morir, triste y melancólico, en 1954. Carmen no siguió sus pasos. Y en 1949 emprendió una gira musical por Oriente…

Prima de Hildegart, la feminista socialista

El padre de Carmen era Eugenio Amado Osorio y Zabala, nacido en Vegadeo en 1851. Fue médico y ejerció en su villa natal pero hubo de abandonarla ante la vil persecución del alcalde, Indalecio Arango, por usar métodos avanzados y naturistas según relata el historiador vegadense Marcelino Méndez. En 1884 se embarcó -con Manuel Iradier y Montes de Oca- en una expedición a África en la que, tras la muerte de los anteriores, descubrió tres especies de mariposas, recogió datos arqueológicos, zoológicos y antropológicos y ganó para España, tras negociar con jefes de tribus, 14.000 km2 de costa africana. Fue nombrado Hijo Predilecto de Vegadeo en 1886, recorrió América, marchó a Cuba como médico del Batallón Príncipe de Asturias en lucha contra la insurrección y volvió a Africa, enviado por Maura, para negociar con Francia los límites de Río Muni y el golfo de Guinea.

Tras casarse en 1906 con Josefa Rodríguez Carballeira se estableció por un tiempo en Alemania pero volvió a Madrid -donde murió en 1917- para fundar el Instituto Ruber. A su muerte, la familia se desplazó a Ribadeo para cobrar la herencia. Vivieron seis meses en la villa y para Arriola, que tenía 22 años, la estancia supuso «una de las etapas más felices de mi vida» al mezclarse con la frescura popular, acostumbrado como estaba a ser paseado por el mundo entre algodones como si fuera un rentable y genial mono de feria…

Una tía de Carmen Osorio, Aurora Rodríguez Carballeira, tuvo en 1914 a su hija Hildegart de un sacerdote, Alberto Pallás, escogido por ella para tener descendencia. Hildegart fue una niña prodigio, activista del PSOE y la UGT y feminista que murió asesinada por su propia madre en 1933 cuando se enamoró y se apartó del camino para ser una mujer fría y perfecta que su progenitora trazara para ella… La muerte de su prima y el internamiento de su tía en un psiquiátrico supusieron para la joven Carmen otra conmoción que marcó su vida.

Profesora con el Sha en Teherán, murió en un asilo

Carmen Osorio, que se había casado con el catalán Ignacio Solé Aguilar, actuó en 1949 por Oriente y se radicó en Teherán, capital de Persia (hoy Irán). Huyó -o se refugió- de su frustración y miedo, de la inseguridad y el vacío que le produjo la derrota de una Alemania que fuera su cuna y el lugar donde se realizó profesional y humanamente...

Por entonces, para los aliados, las cosas estaban claras: los países del Tercer Mundo tenían que escoger entre el mundo capitalista o el comunista. Mohamed Reza Pahlevi, el Sha de Persia, optó por ser gendarme de Occidente en el Golfo Pérsico y en su afán de modernizar su país atacó su tradicional cultura chií e impuso usos y costumbres norteamericanas.

Ahí, en ese contexto occidentalista, Carmen se integró plenamente para «olvidar y sobrevivir». Y trabajó como profesora de piano en el Conservatorio de Teherán hasta 1979, el año de la revolución chií que encabezó Jomeini cuando ella tenía 72 años. Los últimos años de su vida los pasó en Ferrol. Primero en el Hostal Real, de la calle Galiano, y luego en la residencia de ancianos Mi Casa, regentada por monjas y dependiente de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde falleció en 1995. Era una mujer de corta estatura y carácter estoico. 

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