«Aquí hago lo que me gusta y cobro tres veces lo que ganaría en España»

Un ingeniero gallego de 25 años trabaja en la ESA en el desarrollo de programas para lanzar satélites


A Coruña / La Voz

El Viejo Continente también mira al espacio a través de la Agencia Espacial Europea (ESA), un organismo formado por 22 países, España incluida, para desarrollar tecnologías y servicios de satélite, al tiempo que fomenta la industria europea. En la sede alemana de la ESA, en Darmstadt (ciudad de 150.000 próxima a Fráncfort), trabaja desde el verano del 2017 el joven ingeniero coruñés Pablo García, de 25 años.

«Ahora estoy en gestión de la arquitectura del software nuevo para el control de satélites», explica García, con un lenguaje didáctico para hacer entender su complejo cometido. «En mi departamento somos cuatro personas, pero en el proyecto convergen más de 20 empresas, esto es inmenso», añade. Pero su función varía cada poco tiempo. Hasta hace apenas dos meses formaba parte del equipo de soporte «para que el sistema no falle, como hicimos en un lanzamiento reciente».

Aunque lleva apenas un año en Alemania, su vínculo con la Agencia Espacial Europea se remonta a más tiempo y con sede en Madrid desde el 2015. Esta precocidad en una empresa de este calibre no es casual. A Pablo le seguían la pista granes multinacionales desde que estudiaba la carrera en la Universidad Carlos III. Allí desarrolló una aplicación para el teléfono móvil, «que tuvo un relativo éxito con más de 200.000 descargas, era un aplicación para personalizar el móvil con una serie de accesos directos». Hasta Microsoft contactó con él para ofrecerle posibilidades de empleo. Pero Pablo García, cuya familia reside en la Ciudad Vieja de A Coruña, apostó por la que sigue siendo hoy su casa, el grupo GMV, que colabora con la Agencia Espacial Europea. «Durante los últimos meses estaba en la propia sede de la ESA, pero ahora, con el desarrollo del software trabajo más tiempo en la empresa en Alemania, el proyecto lleva tres años de desarrollo y concluye en el 2018», explica Pablo, quien nació en Zaragoza, pero vivió casi toda su vida en A Coruña.

Reconoce que la empresa espacial no va precisamente al ritmo de sus veloces naves. «El proyecto se está retrasando. En el 2020 hay un satélite que quieren poner en Mercurio, pero lo de los plazos nunca es definitivo. Después quieren portarlo para misiones actuales, yo creo que para unas primeras pruebas el 2020 es una fecha correcta», elucubra Pablo, que este verano cumplirá 26.

Ha participado en conocidos proyectos recientes, como el lanzamiento del Sentinel-3B («fuimos los encargados de que ese satélite se pusiera en su sitio»). Y el año que viene está previsto poner en órbita al Earthcare, con fecha todavía en el aire. «Todos estos satélites son de observación, no militares ni comerciales», matiza. Preguntado por su día a día en Alemania, asegura que se vive «estupendamente» y desmitifica las crueldades del clima. «No es tan malo como dicen, algunos lo han vendido de forma terrible y creo que estamos teniendo un verano mejor que en España», explica.

Le encanta su ciudad, A Coruña, como estación de retorno, pero no lo ve a corto plazo porque laboralmente tiene una agradable sensación de plenitud, además de sentirse bien valorado. Y, además, tiene contrato indefinido. «No quiero estar explotado por dos duros, aquí estoy haciendo lo que me gusta y cobrando tres veces lo que cobraría en España, eso es lo que no puede ser, creo que se aprovechan mucho», dice.

¿Idiomas? Ojo a la respuesta: «Alemán nada de nada, estoy en proceso pero muy verde... me avisaron de venir aquí con una semana de antelación». Pero domina el inglés y el italiano. «Y el gallego, claro».

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«Aquí hago lo que me gusta y cobro tres veces lo que ganaría en España»