Ana González: «Mi gran ilusión de crear un hospital en Senegal ya tiene planos y terrenos»

Bea Abelairas
Bea abelairas FERROL

AFRICA

Ana González, en la plaza de Armas, muy cerca del Instituto Gallego de Cirugía Ocular que dirige en la calle de la Tierra de Ferrol
Ana González, en la plaza de Armas, muy cerca del Instituto Gallego de Cirugía Ocular que dirige en la calle de la Tierra de Ferrol JOSE PARDO

Esta oftalmóloga acaba de regresar de otro viaje solidario y a la vez que construyen el nuevo centro en África formarán a sanitarios de la zona para ayudar a más gente

26 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En cuanto la pandemia da una tregua la oftalmóloga Ana González, del Instituto Gallego de Cirugía Ocular de Ferrol, regresa a África para remediar dolencias que también atiende en su consulta a diario. La gran diferencia es que sus «enfermitos de Senegal» se quedan marginados y su vida peligra cuando no ven. Y es una triste realidad que se puede cambiar, como Ana ha demostrado en la última década con viajes anuales para curar cegueras o una larga lista de problemas dolorosos. Esta especialista de Pantón con muchas raíces en Ferrol tiene claro que su camino debe ir por ahí: «Mi gran ilusión es crear un hospital en Senegal: ya tenemos planos y terrenos que nos dona el gobierno de Senegal, ahora comenzaremos a buscar apoyos para construir y haremos actos benéficos», cuenta sobre un proyecto en el que desea implicar a mucha gente, tanto de África, como de Galicia.

En unos meses lo explicarán al público para atraer benefactores, pero al mismo tiempo formarán a sanitarios que puedan llevar el hospital: «En nada llega una enfermera de Senegal para especializarse en oftalmología en el Instituto, estamos muy ilusionados», detalla Ana tras una jornada complicada que no le hace perder su sonrisa. «Todos estos viajes me han ayudado a darme cuenta de lo importante en la vida, a aceptar el día a día como lo hacen las personas que están en lugares como África: ellos no tienen nada, pero saben salir del ruido en el que vivimos a veces en el día a día de aquí», se sincera sentada muy cerca de su clínica en la calle de la Tierra, que acaba de rearmar con los últimos aparatos para tratar cataratas, glaucoma... Avances para los pacientes del instituto, pero que también lleva a sus viajes solidarios.

«Llevarles la caña de pescar»

«El hospital en Senegal es fundamental para ayudar a más gente, un espacio fijo en el que las personas tienen de referencia todo el año y donde se pueden hacer seguimientos, es llevarles la caña de pescar», cuenta casi recién llegada de una de sus campañas. A principios de noviembre viajó a Mbour y, como siempre, allí le esperaba una larga cola de gente, algunos de regiones muy lejanas y que caminan durante días para que Ana y su equipo los trate. «Normalmente son problemas, como unas cataratas, que aquí no suponen sufrimiento alguno, pero en África eso es una sentencia de muerte casi», explica una mujer que nunca pierde la sonrisa, incluso cuando el día a día se tuerce. Ana es más que positiva, un torbellino de ideas y de alegría contagiosa. No le preguntes por modas o asuntos materiales, sino por las personas. «Vi a Henri, está genial, ve muy bien y no para de correr, de jugar, ha regresado al colegio», cuenta de Henri Jesús Lamp, un niño de siete años que nació con una catarata congénita en Senegal, una dolencia que en Europa se opera y soluciona nada más nacer. En su último viaje antes de la pandemia Ana no pudo tratar a Henri, porque no podía garantizarle el seguimiento, así que el pasado verano Henri viajó a Ferrol y lo operó en el hospital Juan Cardona. Ella puso la casa y la parte sanitaria, mientras que la oenegé con la que colabora desde hace años (Azul en Acción) se encargó de todos los permisos y requisitos para hacer posible una aventura que devolvió la vista a un pequeño que en Ferrol descubrió la luz, el mar y los huevos de chocolate con regalito dentro.

Ana tiene en la cabeza muchos casos como el de Henri y por eso insiste en que un hospital estable en Senegal permitirá llegar a muchas más personas. «Ayudar allí es la misma sensación que tuve cuando hace años operé en Ferrol la primera catarata, cuando le destapé los ojos y la señora no paraba de decir: «Xosé, Xosé, vexo, vexo’. Fue una maravilla».