«La población de Mali es consciente de la labor de ayuda que realizamos»

Así es el día a día de los soldados de la Brilat desplegados en la misión africana

Soldados españoles de la Brilat, con unos niños en Mali
Soldados españoles de la Brilat, con unos niños en Mali

Pontevedra / La Voz

¿Invierno en Mali? Con días en los que los termómetros superan los 35 grados y en otros en los que, incluso, se rondan los 40 es difícil hacerse una idea de que es invierno. Desplegados desde el pasado mes de noviembre, los más de doscientos soldados de la Brilat sufrieron el pasado domingo el primer atentado desde que esta misión comenzó amparada por la Unión Europea hace seis años, en el 2013.

Mientras se reparan las secuelas de aquel ataque, el contingente gallego trata de recuperar la normalidad, una cierta rutina que, en el día a día de la base de Koulikoro, «suele estar marcada por las misiones que tiene asignadas cada unidad», explica el teniente Alejandro Garrido López. No obstante, es habitual que los militares dispongan de tiempo «para realizar deporte a lo largo del día y para tener algunas horas para tiempo de ocio, apenas una o dos [diarias] durante la semana y alguna más el fin de semana».

Ubicado a unos sesenta kilómetros al norte de Bamako, un polvoriento trayecto en el que fácilmente se pueden emplear dos horas para cubrirlo por carretera, el centro de adiestramiento de Koulikoro es conocido entre las tropas españolas como la fábrica de batallones. Aquí es donde soldados de distintos países adiestran al Ejército de Mali en su lucha contra el yihadismo. En cuanto a las misiones encomendadas al contingente pontevedrés, la principal es la de ser una fuerza de protección, de escolta, para los instructores de los soldados malienses. De este modo, garantizan la seguridad de las instalaciones realizando guardias, pero también con patrullas por los alrededores de la ciudad. Se trata de cometidos que «se llevan a cabo acorde al nivel de alerta establecido en la base, aunque siempre trabajando con la posibilidad más peligrosa, que es una agresión en cualquier momento».

En este punto, el teniente Garrido precisa que «el riesgo de la misión depende de la zona en la que nos encontramos, en ocasiones nos movemos unos cientos de kilómetros al norte y sí que se percibe algo más de inseguridad, pero realmente hasta este domingo en nuestra zona de Koulikoro no se preveía ningún peligro. Es la primera vez que ocurre cualquier incidente desde el comienzo de la misión, en el 2013».

La mayor parte de los soldados que participan en estos despliegues suelen coincidir en que quien lo pasa peor son las familias que se quedan en Galicia. «Lo más duro para mí hasta ahora fue adaptarme al clima de la zona, y asumir que voy a estar lejos de casa durante seis meses», reconocía semanas atrás el sargento primero José García Torrado. 

Comunicaciones diarias

En todo caso, las nuevas tecnologías facilitan que el contacto con las familias sea diario, en la mayor parte de las ocasiones por videoconferencia. Quedan en el olvido las primeras misiones de la Brilat en los Balcanes en las que se racionaban las llamas y se limitaban los minutos que hablaban con los seres queridos.

Lo que no ha cambiado son las restricciones de movimientos de los soldados desplegados, a los que no está permitido salir por su cuenta de la base. «Todos los movimientos tienen que ser aprobados por el jefe de la base o el jefe de la Force Protection, por lo que las salidas fuera son por necesidades del servicio», remarca el teniente Garrido López.

Pese a esta circunstancia, la relación con la población de Koulikoro y otras cercanas «es muy buena. Son conscientes de la labor de ayuda que estamos realizando al Ejército de su país, además, como de costumbre, el personal español es aún más apreciado, ya que también nosotros somos muy cercanos a ellos y hacemos todo lo que está en nuestras manos para ayudarles».

Y mientras tanto aún resuenan los ecos del atentado terrorista del domingo pasado asumido por Al Qaida, lo que ha determinado que en la base se mantenga el nivel de seguridad más alto que el habitual. En todo caso, «ya estamos recuperando la rutina y comenzando de nuevo con el entrenamiento del Ejército maliense, que es lo que hemos venido a hacer a este país».

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«La población de Mali es consciente de la labor de ayuda que realizamos»