Topografiando el embrujo africano

Daniel Salcines e Iván Valiñas son dos ingenieros gallegos que están preparando una carretera en el corazón de Senegal


Redacción / La Voz

Daniel Salcines es un joven coruñés desplazado en Senegal desde noviembre. Comparte trabajo con Iván Valiñas, otro ingeniero gallego nacido en O Covelo y también en la nómina de la empresa Lógica, que desarrolla varios proyectos en África. En este caso, Daniel e Iván están efectuando la topografía para la ampliación de una carretera estratégica en la conflictiva región de Casamanza, cuyas aspiraciones soberanistas sobre Senegal fueron motivo de un conflicto armado en el que, como casi siempre, las comunicaciones fueron una de sus víctimas. Así que estos dos jóvenes gallegos capitanean un proyecto para apuntalar una carretera de una notable importancia política y económica, ya que la región es rica en recursos naturales.

«La verdad es que estamos encantados. Aquí la gente es una maravilla, muy hospitalaria y, sobre todo, es una gente que aprecia la vida; trabajan para vivir y no al contrario, como hacemos los occidentales», explica Daniel. «Lo peor, seguramente es el calor y la comida». Lo primero es difícil de combatir, lo segundo lo están intentando: «Hemos contratado una cocinera nativa y le hemos enseñado a hacer algunos platos. Cosas como la tortilla de patatas, o alguna paella. El caldo, no, porque no hay los ingredientes necesarios. También estuvimos buscando pulpo, pero la verdad es que no hemos encontrado».

Es difícil sacar la comida de la conversación telefónica que sirve de base a este reportaje. Dice Daniel que es lo que más echan de menos «además de a la familia y a los amigos, claro». De hecho, desde que están en Senegal, han podido hacer dos viajes a Galicia y, en ambos, volvieron con algunas provisiones: «Está prohibido -admite Daniel-, pero si le das un poco de dinero al de la aduana, no hay problema».

-¿Y qué se trajeron?

-Pues lo típico: licor café, un poco de jamón y unos chorizos.

En el último permiso, en el que estuvo en A Coruña durante un mes y medio, admite Daniel que sintió algo de nostalgia africana, algo de ese embrujo que tiene el continente del que todos procedemos: «Me di cuenta de que echaba de menos sobre todo a la gente». Iván se trajo algo más: la imagen de su segundo hijo, una niña preciosa que nació mientras andaba dando saltos por África: «Fue una situación difícil, pero la vida del topógrafo es así, siempre de un lado a otro», dice.

Una idea equivocada

Lo que también han notado es la equivocada idea que la población local tiene de la vida en el primer mundo: «Creen que es el paraíso, que al llegar encontrarán trabajo y se podrán comprar una vivienda porque les parece que les costará lo mismo que aquí. Desconocen totalmente la realidad». Y eso que, según cuenta Daniel Salcines, es fácil encontrarse en el viaje de vuelta con senegaleses que han vivido la amarga experiencia occidental y regresan para no volver, aunque muchos han conseguido ahorrar para comprarse un terreno y construirse una casa. «Hay que tener en cuenta que aquí un sueldo medio apenas alcanza los 250 euros al mes», completa el joven ingeniero gallego.

Daniel e Iván tienen previsto estar en Senegal hasta noviembre, aunque creen que la obra sufrirá algún retraso y tal vez tengan que alargar su estancia. Es posible que, en el tiempo que les queda, se enamoren un poco más de África. Lo que es más improbable es que, como les ocurrió hace unos meses visitando una ciudad costera del país, se encuentren a alguien hablando con acento de Vigo: «Cuando me giré, resulta que era un armador que había venido a mirar algo sobre barcos». Y es que, como todo el mundo sabe, hay gallegos en todas partes. Hasta en Senegal.

«Contratamos a una cocinera y le enseñamos

a hacer tortilla

de patatas»

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