Hizo las maletas para irse a Burkina Faso y, a la vuelta, descubrió que se traía de allí muchas cosas, aunque no sumaban peso en su equipaje
18 ago 2014 . Actualizado a las 11:19 h.B urkina Faso fue el destino elegido por Saray González tras acabar una carrera de Ingeniería, cursada en Ferrol y cuya especialidad estudió en Madrid. Actualmente, trabaja en el Hospital da Costa de Burela de asistente religiosa, pero no sin antes haber experimentado esa sensación de ayudar a una comunidad africana durante unos meses. Una sociedad con creencias culturales peculiares, que culpa a las mujeres ancianas en caso de muerte de alguno de los pequeños de la familia, pues ellas, supuestamente, son quienes se comen el alma del niño. Por este motivo, las mujeres son despreciadas, abandonadas e incluso maltratadas.
-¿Cuál fue tu reacción ante este tipo de costumbres culturales?
-Con tan solo verle las cicatrices a esas mujeres ya uno se puede imaginar lo que habían pasado. Hablando con las nuevas generaciones ves que hay cosas que ni ellos mismos entienden, pero hay una tendencia a las costumbres tradicionales de esos pueblos y que todavía siguen ahí. El gobierno empieza también a hacer alguna campaña en contra de todo esto, pero ese es un trabajo a largo plazo.
-¿ Y cómo se toma la gente de allí la llegada de los voluntarios?
-De primeras se sorprenden, porque no entienden que alguien pudiera irse de Europa para vivir como ellos. Pero a medida que pasa el tiempo, realmente lo agradecen y se sienten apoyados ya solo porque estés allí compartiendo sus vivencias cotidianas. Valoran mucho el esfuerzo de la gente que lo ha dejado todo para irse hasta allí.
-Dicen que desde Europa tenemos que enseñar a la gente de África, olvidando lo que debemos aprender. ¿Qué aprendiste tú?
-Me he venido con una enseñanza clara de humanidad, sobre todo porque aquí la gente tiende al individualismo, al egoísmo, a no saludar ni al vecino de enfrente, mientras que en África hay una sensación de comunidad increíble. Si a alguien del pueblo le pasa algo, el resto se vuelca para ayudarle. Si ven a alguien nuevo por la calle se interesan y te preguntan si acabas de llegar. Esa idea de ayuda mutua y de ser una familia, es esa acogida que en la cultura occidental se ha perdido. En humanidad nos ganan y con creces.
-¿Cómo afecta al voluntariado la situación actual con el virus del ébola?
-Las zonas en las que está la epidemia la gente le tiene miedo, evidentemente, no es algo para dejar a un lado. Pero yo creo que quien realmente está motivado para echar una mano va a ir igual, porque ya vamos sabiendo que hay ciertas enfermedades que alguien podría padecer.
-Aquí lo vemos algo alarmante, pero en África hay muchas enfermedades tratables que, sin embargo, son causa de muerte.
-Aunque haya organizaciones que presten ayuda voluntaria, el principal problema allí es que la sanidad es de pago, por lo que muchas veces la gente ya no acude al hospital porque no tiene con qué pagarlo. Hay muchas muertes prematuras, sobre todo por malaria, que no tiene porque ser mortal, pero muchos niños la sufren y no tienen dinero para el tratamiento.
-Y con tales carencias, imagino que para ellos la educación tiene mucho más valor.
-Es otra gran diferencia con estar aquí, en donde parece que les tienes que obligar por todos los medios. En Burkina Faso disfrutan aprendiendo. Organizábamos actividades para ellos en la biblioteca, porque aunque el colegio les gustaba, leer les costaba lo suyo. Allí sorteamos unos libros, y a uno le tocó la enciclopedia. Pues después iban los vecinos a ver el libro y los dibujos. Como si fuera un cómic.
-¿Y hacían muchas preguntas sobre cómo era la vida europea?
-Pues sí, y cuando les contaba, ellos me decían todos sorprendidos «pero allí en Europa la gente va por la calle, se cruza, ¿¡y no se saluda!? ¿¡Cómo puede ser eso!?». No les cabe en la cabeza que puedas pasar al lado de alguien sin más. Pero, por lo que los mayores comentaban, ves que tienen muy idealizado Europa, y después les cuentas esas cosas y se sorprenden. Son como los falsos clichés que nosotros tenemos de allí.