La falta de vuelos y las restricciones dejan en mínimos los viajes a Suiza

Solo hay un enlace semanal, y la cuarentena reducirá aún más los flujos


El 2 de octubre del 2008 desaparecía la histórica ruta de autobús de la empresa Galisuis que, desde principios de los años setenta, tres veces por semana, ida y vuelta, enlazaba Cee con Zúrich, con paradas en Vimianzo, Carballo y otros puntos de Galicia. Era uno de los reflejos de la profunda presencia migratoria (y relación permanente) de Galicia en general, y de la Costa da Morte en particular, con el país helvético. «Algunha vez, e non hai tantos anos, se cadra quince, temos xuntado ata 25 autobuses para facer o mesmo traxecto», señala Benito Gesto, veterano conductor de esta línea, ya jubilado. Impresiona pensarlo: veinticinco autocares cargados de emigrantes gallegos haciendo cerca de 30 horas (depende el destino) de carretera. Obviamente, era en días muy señalados, de inicio o fin de vacaciones.

Esto ya es historia, y más en época de covid, en la que curiosamente Suiza está cada vez más aislada de Galicia. No es fácil, no como antes, viajar ahora a ese país. Cierto que los viajes se han complicado a todas partes por las restricciones y la reducción de medios, sobre todo los aéreos, pero se nota mucho más en lugares con esa intensa presencia de conexión diaria, de flujos permanentes. Y en comarcas con ese hilo muy vivo, como la Costa da Morte, queda patente: acapara, con el entorno, más de la mitad de los 20.000 coruñeses en Suiza (41.000 gallegos en total en ese país).

Los vuelos se han reducido a uno semanal, de ida y vuelta: el de Santiago a Basilea, los sábados. En verano debería regresar el de Edelweiss, de Zúrich, y antes, en abril, el de Vueling. Ginebra está previsto, en principio, para febrero. La caída de vuelos ha propiciado echar la vista, una vez más, a los taxis. Estos van y vienen, pero más centrados en paquetes que en pasajeros, aunque lógicamente puedan transportarlos. Eso sí, con mascarilla y las medidas necesarias, lo que convierte el trayecto en muy incómodo para algunos durante tantas horas. «Agora que non hai avións vaia se se acordan de nós», explica con algo de retranca Suso Sánchez, de Muxía, que no para de viajar entre Galicia y Liechtenstein. Ha notado, por cierto, que cada vez regresan más personas, tal vez por las actuales circunstancias. Y porque los años pasan, son ya 62 de emigración a Suiza desde la comunidad, y siempre hay cambios.

José Martínez Mosquera, de Abegondo, lleva 46 años haciendo la ruta entre Galicia y el país alpino con su taxi. Es el decano, seguramente también de España. Ahora no va tanto como antes. «A ver que pasa, calquera día igual pechan as fronteiras», explicaba desde Pancorbo, en una parada de regreso.

Los taxistas y transportistas no tienen restricciones, y los particulares con motivos justificados también pueden usar su vehículo, pero se encontrarán problemas logísticos a mayores, como el toque de queda a las seis de la tarde en Francia, donde todo se cierra. A mayores (y con llegada por cualquier medio) habrá que unir, otra vez, la cuarentena de diez días que para España y otros muchos países y regiones será efectiva desde el 1 de febrero, un motivo más para evitar los viajes. En Suiza las restricciones son estrictas (hay variaciones por cantones), con cierres de hostelería y comercios. Sebas Rojo, de Carballo, tiene con otros dos socios su bar de Lausana cerrado desde hace un mes. Hasta finales de febrero, en principio, no podrá reabrir. Por contra, su negocio de transporte (Suisse Trans) sí va a más, con muchos paquetes y mudanzas. Menos personas, más mercancías, esa es la dinámica en los tiempos de covid.

Una línea de bus activa, con base en Ourense, y por 100 euros hasta Zúrich

La línea de autobús entre la Costa da Morte y Suiza ya no existe, y la de Alsa desde Galicia, tampoco está activa en las actuales circunstancias. Ni siquiera la conexión de Barcelona con Ginebra (como confirmaron desde la empresa), que era una opción a tener en cuenta. Pero sí hay una ruta de autobús que gestiona Socitransa (también a través de Iberocoach), que funciona los martes, jueves y sábados. El enlace más al norte es desde Santiago, y si no hay muchos viajeros, esa conexión se realiza en un servicio regular de Monbus.

Un trayecto entre Santiago y Ginebra sale por 105 euros (aunque en la web marca 15 más), según explica un portavoz a través del teléfono de contacto. De momento, funciona con normalidad, y con muchos usuarios: en el destino no exigen PCR, aunque en el trayecto sí se cumplen las medidas de seguridad de distancias, mascarilla... Esas medidas incluso afectan a la compra del billete, que antes podía ser presencial, pero ahora se realiza por teléfono o a través de la web. Los viajes en bus también llegan hasta Zúrich, y hay conexiones desde Portugal, un país con enorme presencia en Suiza. La parada de Ginebra está en una plaza casi al lado de lago, junto a la histórica sede de la antigua Caixa Galicia.

Hay que tener en cuenta también a FlixBus (asociados con Socitransa e Iberocoach), que permite desplazarse de Galicia a Suiza (y a muchos otros destinos) a precios muy competitivos y, como destacan desde la empresa, con todas las medidas de seguridad derivadas del coronavirus.

La opción del tren es muy complicada. Históricamente fue muy importante, sobre todo con las llegadas hasta Cornavin, en Ginebra, vía Irún. Las fotos de emigrantes en la zona de la aduana son míticas. Ahora mismo hay opciones, pero sobre todo hasta Madrid, y después Barcelona, y de ahí a Lyon o Valence, y desde ahí a Ginebra. En otros tiempos sí había un Talgo directo a Ginebra y a Zúrich. La situación ha cambiado mucho.

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