Gallegos en el extranjero denuncian la imposibilidad de votar para el 28A

Crece el malestar entre los jóvenes emigrados y preocupados por el futuro del país

La exconsejera y número dos de JxCat por Barcelona a las generales, Laura Borrás, en un acto de campaña junto al presidente de la Generalitat, Quim Torra, y la esposa de este, Carola Miró
La exconsejera y número dos de JxCat por Barcelona a las generales, Laura Borrás, en un acto de campaña junto al presidente de la Generalitat, Quim Torra, y la esposa de este, Carola Miró

santiago / la voz

Las del 28A son unas elecciones tan atípicas como determinantes. Lo saben los residentes en España con derecho a voto, pero lo saben también los españoles residentes en el extranjero; entre ellos, el medio millón de gallegos en la diáspora. La situación del país que dejaron temporalmente por cuestiones laborales o académicas les preocupa especialmente a los jóvenes; en su mayoría, sobradamente preparados e interesados en unos comicios en los que la división del voto, la crispación, la radicalidad y el alto número de indecisos les hace pensar que acudir a las urnas sea, más que nunca, determinante. Y tienen derecho a hacerlo, pero muy pocos pueden ejercer ese derecho por la complejidad de un sistema, el del voto rogado, que está convirtiendo en residual el sufragio de la diáspora, que bajó de un 35 % del censo exterior gallego en el 2008 a un 3,5 % en el 2016. El Gobierno se había comprometido a mejorar el sistema electoral, pero el adelanto de los comicios generales dejó las cosas como estaban, tal y como denuncia el colectivo de emigrantes Marea Granate y como lo hacen los propios afectados, un día sí y otro también.

Álvaro Sande Rabuñal es uno de ellos. Compostelano emigrado en Londres desde hace año y medio, estaba decidido a votar, pero las peripecias sufridas en su empeño le hicieron desistir. Primero lo intentó en la embajada londinense, pero como vio que en los huecos libres de la jornada laboral era imposible hacer el trámite optó por desplazarse al consulado en un día libre. Allí se encontró con una enorme cola de españoles en su misma situación. «Una hora al frío fuera del edificio y, una vez dentro, te informan de que no te hacen fotocopias de la documentación, y que también hacen falta fotos tipo carné si quieres inscribirte para no volver a pasar por el mismo trámite para las europeas». Tras buscar una copistería y un fotomatón, cubrir los papeles, ir a Correos e invertir cuatro horas y 19 libras, le respondieron desde España «que hay un fallo de forma en uno de los papeles de mi solicitud y que se me deniega el voto, sin plazo para reclamar». Al joven, que trabaja en una empresa de comunicación y hace doblete en Zara, solo le queda un consuelo: «Creo que podré votar en las europeas, que tienen más importancia de la que le solemos dar».

Esa misma preocupación por el futuro político de su país la tiene, desde Edimburgo, María Vara. «No me llegó la solicitud de voto, así que llamé al consulado y me dijeron que estaba registrada en una dirección rarísima. Resultó ser la de la inmobiliaria que nos alquiló el piso». De momento, sigue sin recibir la documentación. «Espero que me llegue a tiempo porque, con lo que está pasando en España, no está la cosa como para no votar», dice.

Miguel Arroyo Saco, tras graduarse en Historia en Santiago, se fue a Rumanía para realizar un voluntariado de la Unión Europea. Reside en Sighisoara, pero el consulado español está en otra ciudad, a 60 kilómetros. «As comunicacións son tan malas que tardaría seis horas en chegar. Hai que pedilo de forma presencial e volver ao lugar onde resides, e despois eles mándanche a documentación que ti tes que enviar a España dentro dun prazo. Francamente, pensei que non me compensaba. Igual noutro país... Aquí era inviable, moi lonxe e moi caro. Paréceme mal que non dean sequera a opción de facelo de xeito dixital, hai países como Estonia nos que podes votar todo desde a túa casa».

Quien ya no tuvo opción fue Jesús Julio González Gerpe, que vive en Alemania. Le enviaron la documentación el 29 de marzo y la recibió el 5 de abril. La dirección era correcta y el sobre llegó sin incidentes. Pero claro, el plazo para rogar el voto finalizaba el 30 de marzo, así que «xa non abrín o contido, sería inútil o esforzo», dice este gallego que se queja del olvido al que somete a los emigrantes una Administración «que non administra».

¿Y en las municipales?

Luis Bello, que lleva años viviendo en Estados Unidos, pudo votar siempre a través del consulado de Miami, «pero invirtiendo tiempo, ganas y dinero», aunque siempre le devuelven el importe. «Incluso cuando voté en blanco hice ese esfuerzo», subraya. Le molesta, eso sí, no poder hacerlo en las municipales. «Soy de Noia, tengo allí a mi familia y a lo mejor algún día vuelvo. Me duele no poder hacerlo».

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