«Varsovia é unha illa agora, non reflexa a realidade do resto do país»

maría cedrón VARSOVIA / ENVIADA ESPECIAL

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MARÍA CEDRÓN

La dificultad del idioma y el frío son dos factores que complican la adaptación de los españoles a este país

06 abr 2015 . Actualizado a las 08:52 h.

Polonia no es un país fácil. Un idioma al que, según aseguran, hay que dedicar en torno a unos tres años de estudio para mantener una conversación; el frío del invierno... Por eso, más allá de los responsables o directivos de empresas españolas que han venido a trabajar al país, la mayor parte de los gallegos que han echado raíces allí lo han hecho por amor. Santiago Vázquez dejó Carballo hace 11 años por esa razón. Fue a un programa de voluntariado europeo y conoció en Italia a la que ahora es su mujer. Su colega Telmo Diz cruzó Europa para hacer el Erasmus y regresó a Galicia para terminar la carrera de Administración de Empresas. Pero luego, hace ya diez años, volvió a hacer el equipaje y dejó su Tui natal por la misma causa. Ahora ambos son compañeros de trabajo en la academia de Español Sin Fronteras, una compañía que tiene dos escuelas en el centro de Varsovia.

Los dos profesores han observado de primera mano el cambio experimentado en Polonia desde su entrada en la Unión Europea. «Varsovia é unha illa agora, non reflexa a realidade polaca. Os soldos son un pouco máis altos porque o nivel de vida tamén o é. Un salario medio neto pode variar entre os 500 e 600 euros. En Varsovia poden ser uns 200 máis. Pero aínda que xa non é tan barato como hai uns anos, hai cousas como o transporte que se manteñen», explican. Una tarjeta de transporte para un mes cuesta al cambio unos 25 euros. «Vale para o metro, o bus ou cercanías. Por uns 15 euros podes cear fóra bastante ben», describen ambos.

Traslado en grupo

Estos dos profesores se trasladaron a la otra punta de Europa por puro amor, en cambio, el ferrolano Francisco Paz León ya lo traía puesto de España. Llegó a la ciudad de Poznan desde Madrid hace siete años con su familia. Luego se trasladaron a Varsovia, donde es uno de los directivos de una importante empresa polaca con más de la mitad de su capital español. Francisco tiene claro que, cuando se tiene familia, la expatriación no es tarea fácil: «Es cosa de dos. Un paso que se da en equipo».

Los primeros ocho meses que pasó en Poznan «fueron bastante complicados». Eso que Francisco es un hijo de la emigración. Nació en Ferrol y vivió allí hasta los dos años. Luego se trasladó a Madrid, donde estuvo hasta los diez, edad a la que emigró con sus padres a la ciudad de Quito, la capital de Ecuador. Allí estuvo siete años. Después de su etapa transoceánica regresó a Madrid y luego a A Coruña para estudiar arquitectura.

Mejor adaptación

Cuando se mudó a la ciudad de Varsovia, el proceso de adaptación mejoró sustancialmente. «Aquí hay una comunidad española mucho más amplia y somos como una familia. La gente habla inglés, mientras que en Poznan hablaban fundamentalmente polaco, alemán y ruso», comenta. Además, en la capital sus niñas tienen la oportunidad de asistir a clase a un centro internacional.

«Cuando eres expatriado, elegir un colegio que aplique un método de estudio que puedas encontrar luego en otro Estado al que te puedan trasladar es algo fundamental», explica al tiempo que cuenta cómo cuando se es expatriado a veces se vive en un mundo que no es el real. «Pero no hay que perder la perspectiva», concluye.