Castañas, vieiras y balacao... en Berlín

Miles de gallegos pasan estas fechas lejos de casa, por trabajo o placer. Los viajes, la gastronomía o la tecnología ayudan a superar la morriña, que se lleva con resignación. la comida y, sobre todo, la familia, son las cosas que más echan de menos


N on é ningún drama. Escollemos este camiño e, de ter que facelo, procurar disfrutalo». Así se explica Marina Cancela Vázquez, de Anxeriz-Tordoia, que reside desde hace tres años y medio con su marido Tito, de Carnota, en el cantón de Sankt Gallen, en Suiza. Estas son sus cuartas Navidades fuera de casa, desde que cogieron la maleta y se fueron a buscar la vida al extremo oriental helvético, pegados (literalmente) a Liechtenstein, cuyas montañas casi se pueden tocar en cada paseo, ahora con su niña Alexandra, primer año con ella.

Marina y Tito son dos de los miles de gallegos que pasan Navidades y Fin de Año lejos de casa. Unos, queriendo; otros, con resignación. En Suiza están una buena parte de esos miles. La mayoría, de la Costa da Morte, que estos días se dejan ver por todas partes gracias a las matrículas de sus coches, como en los viejos tiempos. La crisis ha resucitado imágenes que hace años eran rutinarias. Pero los que se quedan no sufren como antes. «Conectámonos e compartimos tamén a bulla da familia xunta. Internet faino todo moito máis fácil. O arrecendo e o sabor da comida non chegan ata aquí, pero case mellor, se non podemos meterlle o dente». Pequeños viajes a los países del entorno compensan la gran marcha de la vuelta a casa. O el disfrute de la nieve. No se queja. «Temos moita sorte, e onde esteamos, aproveitarémola e disfrutarémola ao máximo», relata.

Un poco más al norte, en Berlín, vive y trabaja (es el cocinero de la Embajada de España) Juan Manuel Díaz. Hace ya seis anos que no pasa estas fechas en casa. A veces, por motivos laborales, compartiendo experiencias y gastronomía gallega y alemana con amigos. Por ejemplo, la kartoffelsalat con salchichas, recordando los tiempos duros, o carpa al horno, ganso y carne asada (sonntagsbraten), con crema de castañas, vieiras, bacalao y capón relleno, más tarta de manzana o Santiago. Otras veces, para viajar, que es lo que ha elegido para este año. Juan está de vacaciones en Turquía, entre Estambul y Bursa. Es la segunda vez que acude a este país. La Navidad se percibe de una manera distinta. «Aquí non se celebra por parte dos musulmáns, mais os cristiáns reúnense na igrexa de San Antonio na misa das 10 da noite con cánticos e panxoliñas», señala, sobre la celebración del día 25. Personalmente, no lleva mal la distancia: «A miña experiencia é moi positiva, aínda que tamén che veñen os recordos de Nadal, da familia e de Fisterra. Pero un xa está afeito a que, dende a emigración, a morriña lévase por dentro, e solemos ter a esperanza viva de que para o ano que vén será na casa e coa familia».

Mucho más lejos se encuentra Alfonso Xavier Canosa Rodríguez, filólogo de Coristanco de 42 años. Imparte clases de inglés en la International University de Ulán Bator, la capital de Mongolia. No es la primera vez que le toca estar lejos al autor de la primera web en gallego, creada hace 20 años en una universidad de Gales, y que también ha sido albañil y emigrante en Berna. Estos días tiene vacaciones, hasta el 16 de febrero, mes en el que los mongoles celebran «algo parecido ás nosas festas de Nadal», con el regreso de los que están lejos, reuniones familiares y grandes comidas. Con todo, cada vez más comercios se dejan ver con árboles de Navidad y buenos deseos para el año entrante. De hecho, el 1 de enero sí que se celebra más. Alfonso dice que curará la morriña mediante videoconferencia con la familia, y comida especial a falta de la patata fina de su tierra.

También imparte clases, pero de español y en Iowa (Estados Unidos), el fisterrán Xil Castreje. En los nueve años que lleva en el país, solo ha pasado una vez el Fin de Año en casa. Entre otros motivos, por el elevado riesgo de que el avión se quede bloqueado en algún aeropuerto. Y echa de menos Fisterra, «comer coa familia, ver aos amigos, as rúas cheas de xente...». Las Navidades en Estados Unidos, o al menos en la zona en la que reside del Medio Oeste, «son moito máis de comprar». Y de viajar. Él lo ha hecho con su novia al sur, a Biloxi, en Misisipi.

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