Con «2 francos, 40 pesetas» Carlos Iglesias cierra su trilogía sobre la emigración. Una experiencia que él vivió de niño y que ha llenado su vida de emoción positiva, lejos de un derrotismo que él combate con humor
23 jun 2013 . Actualizado a las 14:59 h.L a vida de Carlos Iglesias (Madrid, 1956) está marcada por la emigración. Un estigma que él asocia a la mirada de un niño de ojos grandes fascinado por un mundo mejor. De esa emoción nació hace diez años Un franco, 14 pesetas, la película que lo abrió a contar una experiencia que hoy vuelven a repetir cientos de gallegos y que ha perfilado también su trayectoria profesional en los últimos años. En otoño, cerrará su trilogía con el estreno de 2 francos, 40 pesetas, un proyecto que ha asumido «con mucho más sentido del humor» para dibujar una realidad menos dramática y nostálgica que la sostenida en el tópico. Lejos de este, ?«como un bicho raro»?, Carlos Iglesias vive obsesionado con Suiza, el país que lo acogió cuando tenía 5 años de la mano de sus padres, y al que vuelve al menos una vez al año.
?¿Qué tiene Suiza para estar siempre en nuestro horizonte?
?Para los gallegos muchísimo. Y lo digo con conocimiento de causa porque también por mis venas corre sangre gallega por parte de padre (de Mosteiro, Lugo). Yo creo que Suiza no es un país difícil para adaptarse, en el fondo la Galicia profunda y la Suiza profunda se parecen mucho. Me refiero al campesino, al que le importa su tierra, su valle, su zona mucho más que la comunidad. Incluso el clima tiene mucho en común. Es un país que acoge bien, aunque, ojo, al emigrante siempre se le quiere para trabajar. Si después del trabajo desapareciese, mucho mejor.
-¿De dónde partió esa necesidad de contar la emigración?
-En primer lugar, de haberla vivido y porque hasta entonces nadie la había contado, a excepción de películas como Vente a Alemania, Pepe. Pero sobre todo cuando vi que este país se estaba llenando de inmigrantes y sentía el rechazo visceral que había. Eso me dio mucho coraje. Ver que éramos mucho más capullos que los que nos habían acogido a nosotros. El trato que se les dio aquí a muchos emigrantes del norte de África, durmiendo a 40 grados bajo plásticos, eso no nos lo han hecho a nosotros jamás.
-¿Y a usted lo rechazaron allí?
-De pequeño me insultaban llamándome «panchito español» porque esas galletas, los panchitos, era lo único que conocían de aquí. Pero como cualquier otro niño. Yo salí del barrio de Argüelles y llegué a un pueblo maravilloso, con mi trineo en invierno, a los tres meses ya hablaba alemán... Fue todo bueno. Mi padre decía que los mejores años de su vida habían sido los de Suiza.
-¿Volvería a irse?
-Con los ojos cerrados. Suiza es fácil de querer. Yo siempre me he creído un bicho raro por mi obsesión por un país que no es el mío. Pero cuando empecé a documentarme para las películas me di cuenta de que la inmensa mayoría de los emigrantes de aquel país tenemos un recuerdo y una nostalgia brutales. Probablemente porque nos ha tratado mucho más justamente que el nuestro. Es tremendo decirlo. Pero el nuestro nos ha empujado siempre a salir: o en clave emigrante o de exilio.
-¿Qué le ha atrapado de allí?
-Todo. El paisaje, las costumbres, que el país funcione, incluso el clima. No me molesta en absoluto el engranaje de reloj. A mí me molesta la suciedad, que un tío te cobre más por una chapuza que te hace en casa, que quedes con la gente a una hora y no vaya. Que el que te tiene que dar audiencia se vaya a ver un partido de fútbol...
-Algún vago habrá también allí...
-Sí, sí [risas]. Algunos chupan de la teta del Estado. Y nunca mejor dicho. En mi época había algunas mujeres que seguían dando de mamar a niños de 5 años porque recibían ayudas. Pero es anecdótico. La diferencia es que allí socialmente está mal visto.
-Tienen fama de tristes...
-No es un pueblo triste. No se divierten igual que nosotros, pero tienen más vacaciones. Yo siempre que llamo a algún amigo están esquiando, viajando. Aunque mi padre siempre decía que se divierten con «10 de pipas».
-¿Contra la crisis, humor?
-Sin duda. Con esa idea hemos hecho esta peli. Para reírnos de nosotros, de los suizos y ver con perspectiva que esta no es la única crisis que hemos vivido y que de todas hemos salido.