«Estoy tumbado porque estoy mareado de la cantidad de veces que se movió el suelo»

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David Toro, un gallego residente en Tokio, relata el caos que vive la capital japonesa y graba un vídeo de una de las réplicas.

11 mar 2011 . Actualizado a las 20:01 h.

David Toro y su familia estaban en la calle cuando empezaron a sentir las réplicas de uno de los terremotos más devastadores que ha vivido Japón, un país acostumbrado a los seísmos, pero no a los tsunamis como el que ha arrasado hoy la costa norte tras un fuerte terremoto de magnitud 8,9.

Toro, lucense de 34 años, vive en Tokio desde hace cinco; en el 2005 se casó en Lugo con una mujer japonesa y vive en el país asiático, donde trabaja de fotógrafo especializado en moda y fotografía erótica. Los temblores le pillaron fuera de casa, gracias a las alarmas que empezaron a sonar en uno de los países del mundo más preparado para los movimientos de tierra. Pero esta ocasión ha sido diferente: «tenía justo en frente un edificio de 45 pisos y me asusté mucho viendo cómo se movía», cuenta. No dudó en sacar la cámara y grabar unas imágenes del caos que se vive en la capital: un grupo numeroso de personas sale corriendo de un edificio que se tambalea por miedo a su derrumbe. «Justo antes de que grabara el vídeo acababan de reabrir el edificio, tras un primer temblor», relata.

Aún no hay cifras concretas de víctimas ni afectados; en Tokio, los hospitales trabajan con normalidad. David Toro se encuentra ahora mismo en uno de ellos, donde ayer operaron a su suegro. Pero el temblor se sigue notando: «ahora mismo estoy tumbado porque estoy mareado de la cantidad de veces que se movió el suelo», cuenta. Por el momento no cree que pueda regresar a su casa, «lo veo difícil, es un país que depende del tren y de momento está parado». Las autoridades han alertado a la población que vive en los alrededores que se quede en el centro porque los servicios de cercanías seguirán parados.

La embajada española aún no se ha puesto en contacto con David Toro debido al corte de las comunicaciones; él confía en que todos los españoles que viven en Tokio se encuentren bien. Consciente de la preocupación de su familia en España, pide a este periódico que contacte con su padre, trabajador de una empresa en Cambre. Éste se ha enterado del terremoto por un breve correo electrónico y, tras leerlo, empieza a ver por Internet la información que llega desde Japón: «Un terremoto de esa magnitud ya hubiera acabado con España, menos mal que Japón es un país que está preparado para ello», reconoce. De momento, espera que la tierra deje de temblar y poder recuperar la comunicación más frecuente con su hijo y su familia.