La artista gallega Ángela de la Cruz expone con éxito en Londres

EFE

ACTUALIDAD

Resulta difícil clasificar su arte pues el espectador duda si tiene delante pinturas o esculturas: en realidad se trata de objetos ambiguos, una especie de híbridos en los que la artista combina ambos vocabularios.

22 abr 2010 . Actualizado a las 15:50 h.

El Camden Arts Centre londinense presenta este mes y hasta finales de mayo una sucinta retrospectiva de la artista de origen gallego y residente en Londres Ángela de la Cruz.

Resulta difícil clasificar su arte pues el espectador duda si tiene delante pinturas o esculturas: en realidad se trata de objetos ambiguos, una especie de híbridos en los que la artista combina ambos vocabularios.

De la Cruz, que nació en A Coruña en 1956 y se trasladó en 1989 a Londres a estudiar arte, ha explicado que un día arrancó la tabla diagonal del bastidor y el cuadro se dobló y que a partir de ese momento comenzó a considerarlo sólo como un objeto.

La violencia ejercida sobre el lienzo tiene ya su historia en el arte de vanguardia: basta recordar las incisiones de los «conceptos espaciales» de Lucio Fontana, las pinturas de fuego de Yves Klein o las desgarraduras de Manolo Millares y otros representantes del arte povera.

Y también la tiene la monocromía que caracteriza sus obras: desde el pionero ruso Malevitch hasta Piero Manzoni, Ad Reinhardt, Robert Rymnan o los citados Klein y Fontana.

Ángela de la Cruz ha sometido a sus pinturas monocromáticas a un proceso de deconstrucción, que no es sólo teórica o conceptual, sino física y real, desgarrando el lienzo, rompiendo los bastidores, desencajando el cuadro, haciéndolo doblarse sobre sí mismo.

En algunos casos, las telas arrugadas aparecen debajo de un mueble o formando un amasijo sobre el suelo; en otros, los lienzos están como incrustados en un rincón de la sala.

Hay una silla de plástico con las patas de metal totalmente abiertas, como aplastada por el peso de alguien, una mesa inclinada y recubierta por un enorme lienzo como un misterioso animal que sólo muestra las patas y dos muebles colgados de la pared que forman una especie de martillo de aspecto inestable.

Ángela de la Cruz trata a sus obras como si fueran personas, les ha escrito incluso una carta en la que se refiere a ellas como «cuerpos que aman, odian o sufren», y, según ha explicado la artista, algunas de ellas tienen las proporciones de su torso u otras partes de su propio cuerpo.

En 2005, mientras preparaba una exposición en Lisboa, Ángela de la Cruz sufrió una hemorragia cerebral que le produjo una parálisis y la obligó a una larga estancia en el hospital durante la cual dio luz a su hija.

Su recuperación ha sido lenta, pero el año pasado, con ayuda de algunos colaboradores, la artista reanudó su trabajo.

La exposición del Camden, la primera en una galería pública del Reino Unido, que reúne obras de antes y después de su enfermedad, ha tenido una excelente acogida de la crítica británica.

Uno de los más reputados críticos de este país, Waldermar Januszczak, comentaba recientemente en el diario The Times a propósito de esta exposición la ironía que supone que tantos extranjeros hayan contribuido de modo tan importante al arte británico.

Y citaba, entre otros, al alemán Hans Holbein, al flamenco Van Dyck, y más recientemente al irlandés Francis Bacon o a los alemanes Lucian Freud y Frank Auerbach, al estadounidense Jacob Epstein, nombres, decía, a los que habrá que añadir ahora el de la artista coruñesa.