«Veinte años no es nada, pero 50...»

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Gallegos que se fueron de críos regresan ahora a Galicia, tras decenios en América y octogenarios algunos, sintiéndose como dice la canción: «No soy de aquí ni soy de allá»

08 abr 2009 . Actualizado a las 11:03 h.

La vieja canción de Alberto Cortez, casi autobiográfica, «no soy de aquí ni soy de allá, no tengo edad ni porvenir y ser feliz es mi color de identidad», la hacen vida propia un grupo de gallegos que se autodenominan reemigrantes. Salieron de Galicia con 15 o 16 años y ahora, octogenarios algunos de ellos, vuelven a emigrar, de regreso a Galicia. Los hay que confiesan que lo hacen para poder hacer frente a su enfermedad: «Las medicinas que tengo que tomar me cuestan allá 500 dólares al mes y yo no puedo pagarlas; aquí voy tirando con una pensión mínima y me dan esas medicinas», explica uno de estos reemigrantes. También los hay que regresan porque en el país donde están, Venezuela, la situación es complicada.

Otros, sin embargo, prefieren mantener los vínculos a ambos lados del Atlántico: «Trabajamos todo el año para hacer un par de viajes a Galicia», afirma la coruñesa Rita Mariña Cadío, que el pasado mes de diciembre fue reelegida presidenta de la Casa Galicia en Nueva York, ciudad en la que lleva 47 años. Mantienen la vinculación con su ciudad natal hasta el extremo de que hace dos años promovieron un homenaje en A Coruña a Emilio González López, un exiliado que tuvo una especial vinculación con los gallegos de Nueva York. Los gallegos de esta ciudad fueron este año los protagonistas de la fiesta de la Orden da Vieira, celebrada en Madrid hace un par de semanas.

Desde México, solo el 1%

«Los argentinos dicen que 20 años no es nada, así que imagínate 50», bromea Alejandro Alonso García. Medio siglo ha pasado en México y regresó el año pasado. De todos modos, este presidente honorario del centro gallego de México sostiene que su caso es un tanto especial y calcula que solo el 1% de los emigrantes gallegos a aquel país acaban regresando. «Están allí casados, con sus hijos, sus nietos y sus negocios y lo que suelen hacer es venir cada cierto tiempo, pero es difícil que se integren en Galicia», argumenta.

Alonso, que fue jugador de juveniles del Deportivo -«luego en México también jugué algo», dice- reconoce que en su caso ha sido decisivo el hecho de que su hija, médica, se viniera a Galicia. «Hice como los salmones, me vine a morir acá», bromea. Ahora trata de reencontrarse con amigos que no ve desde hace «muchísimos años».