Obama también es su presidente

Victoria Toro

ACTUALIDAD

La ilusión ante la era Obama también envuelve a los gallegos que residen en Estados Unidos. Una periodista de La Voz visitó la ciudad de Newark (estado de Nueva Jersey), donde viven más de diez mil emigrantes.

28 ene 2009 . Actualizado a las 12:29 h.

Newark es una ciudad al oeste de Nueva York. Una ciudad estadounidense como todas. Pegada al Atlántico y con un puerto que es el más importante en movimiento de mercancías del nordeste de Estados Unidos. Fue uno de los polos industriales durante la revolución del XIX. Y tiene grandes rascacielos desde principios del siglo pasado. La ciudad del ladrillo, como se la conoce, cuenta también con uno de los tres aeropuertos de la Gran Manzana, el Liberty Newark. Pero detrás de esa apariencia tan americana en Newark se esconde una sorpresa. Un porcentaje de sus habitantes, más de 10.000 según algunos, son gallegos. Algunos de ellos gallegos de cuarta generación en Newark. La mayoría ha pasado casi toda o toda su vida aquí. Muchos de ellos han levantado empresas fructíferas. Y la mayoría tiene la doble nacionalidad. Eso quiere decir que todo lo que ocurre en Estados Unidos también les ocurre a ellos. La crisis que vive el país les afecta. Y la convulsión política que han provocado tanto la salida de Bush como la llegada de Obama tiene que ver con ellos.

Una fría mañana de enero, esta misma semana, un grupo de hombres juega una partida de cartas en un local muy especial, el bar del Centro Orensano de Newark. Todos son gallegos. «No todos de Ourense», aclaran y hacen bromas sobre los respectivos orígenes. Uno de esos hombres es Santiago Formoso. Sus compañeros de juego insisten en que la periodista hable con él. «Jugó en el Cosmos», aclaran para explicar su insistencia.

El Cosmos fue el gran equipo de fútbol de la ciudad de Nueva York. El único equipo estadounidense del que se sabía algo en Europa. Se había fundado en 1971, pero en 1975 su presidente decidió, adelantándose muchos años a algunos equipos europeos, fichar grandes figuras internacionales. En el Cosmos jugaron Pelé, Beckenbauer o Neeskens. Y en el Cosmos jugó también de defensa Santiago Formoso desde 1977 hasta 1979. «Jugué de defensa pero siempre había sido delantero», recuerda Formoso. Y ese siempre se refiere a los años anteriores en los que jugó con la selección nacional de fútbol de los Estados Unidos, de la que fue capitán y con la que compitió en campeonatos del mundo y en olimpiadas. Porque Santiago Formoso es estadounidense. «Estadounidense y gallego», aclara. Y a la pregunta de si alguna de las nacionalidades puede sobre la otra, ríe y responde: «Cuando estoy aquí me siento más gallego y cuando estoy en Galicia, más americano». Y continúa: «Allí soy el gringo y aquí, el gallego».

Sobre la crisis, Formoso que se dedica al negocio del transporte después de haber ejercido muchos oficios tras abandonar el fútbol profesional, opina que quizá a los gallegos de Newark les afecte en menor medida que a otros inmigrantes. «La verdad es que no la vimos venir. Llegó de repente», dice Formoso sobre el mal momento económico. «Algún economista sí debía saber algo, pero los demás no nos enteramos hasta que no la tuvimos encima», dice.

Y sobre cómo le afecta personalmente, explica, como el resto de los compañeros de partida, que a ellos les afecta poco. «La mayoría de nosotros tenemos la vida ya hecha, tenemos negocios que funcionan y podemos notar que en vez de ganar cinco ganamos cuatro, pero no es la ruina», dice Formoso, y añade que no cree que ninguno de los gallegos de Newark haya perdido una gran fortuna con la caída de la bolsa: «a lo mejor algunas pérdidas sí, pero de arruinarse, nadie».

Tanto él como sus compañeros explican que ellos, como inmigrantes, tienen una característica que los protege de las situaciones más duras. «Aquí llegamos muy arropados, formamos una comunidad y siempre hay alguien que te puede echar una mano». Justo lo que no les ocurre, afirman, a los latinoamericanos que llegan sin conocer a nadie. Claro, para esos que han venido en los últimos años a trabajar en la construcción, la crisis está siendo desastrosa porque crece el desempleo. «Eso a nosotros ya no nos afecta», dicen todos ellos.

Sin hablar inglés

Y es que los gallegos de Newark llevan mucho tiempo en Newark. «El próximo 1 de marzo hago cuarenta años aquí», dice Juan Gómez, coruñés de Mera. Lleva siete años jubilado y pasa su tiempo entre Galicia y Estados Unidos. Sobre la crisis, su opinión es como la del resto: «No, la verdad es que no nos está afectando». Aunque lleva tantos años en Estados Unidos, Juan Gómez no habla inglés. «Lo entiendo pero no lo hablo», y la explicación es evidente: «Cuando llegué no tenía tiempo para ir a la escuela. Solo tenía tiempo para trabajar. A los hijos, sí. A ellos sí los mandé a la escuela».

Es muy habitual que los gallegos de la generación de Juan Gómez a pesar de llevar en Newark entre veinte y cuarenta años no hablen la lengua del país y la razón es siempre la misma: se han matado a trabajar. Han trabajado tanto que no han tenido tiempo para nada más. Los que sí hablan inglés son sus hijos, la mayoría de ellos perfectamente americanos que siguen hablando gallego con sus padres.

«Yo soy carpintero y tampoco noto que haya bajado el trabajo. Quizá un poco, pero no mucho», dice Manuel Ruiz, ourensano que lleva 17 años en Newark. «Yo es que tenía un hermano que vivía aquí. Me sacó los papeles y me vine. Estuve un año yo solo y después me traje a la mujer y a los tres hijos». Manuel Ruiz está contento en Newark y no se plantea otra cosa. Si alguna vez pensaron en volverse a Galicia tras la jubilación, el asentamiento de los hijos lo hace cada vez más difícil.

Volver... tengo nietos aquí

Otro ourensano, José Diez, lleva 25 años en Newark, ha trabajado en la construcción pero ya está jubilado. Lo de volver? «Tengo nietos americanos?». Cuenta que ha vivido poco en Galicia. Antes de llegar a Newark había pasado 12 años en Francia. «Es que en España, durante la dictadura, cuando iba allí no me adaptaba». Sobre la crisis, José Diez sí dice que la nota: «Yo estoy ya jubilado, así que la falta de trabajo no me afecta pero sí la noto en que la vida se está poniendo muy cara». Aunque, como el resto, tiene puestas sus esperanzas en Obama. A la pregunta de qué le parece contesta con brillo en los ojos: «Mucha ilusión».

Avelino llegó con su madre a los doce años a Newark. «Mi mamá soldaba tráileres por un dólar y diez centavos la hora. Después empezó a hacer tijeras por tres dólares la hora, ¡era una fortuna!». Utiliza un castellano pobre, plagado de giros y expresiones en inglés: «Es que mis idiomas son el gallego que hablo con mi madre y con mi mujer y el inglés que hablo con el resto de la gente». Se queja Avelino de que la comunidad gallega ya no es lo que era: «Hace unos años en cualquier celebración del Centro Orensano nos juntábamos quinientas personas?». La explicación es que la segunda o tercera generación se ha ido fuera a trabajar.

«Los hijos se van fuera». Alejandro Cubero es de Muros. «Primo hermano del alcalde», dice. Tampoco él, que se dedica a la fontanería, nota la crisis. «Yo no la estoy notando», dice Cubero. Y sobre la vuelta, él lo tiene claro: «Ahora, si vuelvo no voy a Muros, voy a Coruña y me compró una casa con galería en la Marina».

La enorme esperanza que ha despertado Obama en todo el país no les es ajena a estos hombres. «Una alegría enorme, mucha esperanza» dice Santiago Formoso. «Mira, yo estaba en Miami cuando hizo el discurso inaugural de la convención republicana del 2004. Estaba con un amigo americano que es racista. Cuando lo oí, le dije: ?Ahí tienes al próximo presidente?. Él me dijo que era imposible que un negro fuera presidente. ?Ya lo verás, le contesté?».