Manuel Aris, el cineasta de la emigración

El pontevedrés repasa a los 87 años una vida dedicada a acercar España a los gallegos de Uruguay y Argentina.


Cineasta, periodista multifacético, ministro sin cartera... Son calificativos que describen a Manuel Aris, un pontevedrés que emigró a Uruguay con solo nueve años y que puso todo el empeño en mantener viva la memoria de España. Ahora, 87 años después, pasa unos días de descanso en su Poio natal y hace un recorrido por su intensa vida.

«Todo lo que yo quería hacer era hablar de España sin hablar de política», responde a la pregunta de cómo empezó todo. En 1952 se le brindó la posibilidad de contar con un pequeño espacio en la radio Imparcial de Montevideo. Así nació Por los caminos de España, un proyecto radiofónico que superó todas las expectativas posibles: «Primero fueron 20 minutos de programa, al mes ya tenía 30 minutos y a los tres meses ya realizábamos un programa de una hora diaria», recuerda. Y así durante 22 años, cada día, y con un programa algo más largo los fines de semana. En total, unas 8.000 horas de difusión que llegaron a los españoles de Uruguay, y también a los de Argentina y a la población natural de estos países. Con su programa radiofónico, Aris tenía la intención de reflejar las carencias que sufría la colectividad hispana, la falta de información y la difusión de actividades, incluía también una bolsa de trabajo... Su nombre entró en todos los hogares españoles de estos países y él sintió la necesidad de hacer algo más para cubrir las necesidades de todos ellos.

Así llegó su labor cinematográfica, que se desarrolló principalmente en España. Un año después de su proyecto en las ondas herzianas se embarcó en el primer viaje a su país de origen, donde grabó varias películas. Los títulos de sus obras -Por los caminos de España, Un viaje por Galicia, Tierra de nuestros mayores y Por los caminos de España y Portugal- dan muestra de lo que Aris consiguió con sus expediciones: una vez de vuelta, las proyecciones organizadas en América para enseñar las cintas fueron un auténtico éxito: «En la primera llenamos 36 ómnibus, cuatro vagones de tren, camiones y coches», cuenta. Y guarda anécdotas muy emotivas de lo que la gente sentía al ver sus pueblos, su gente. Cita a una mujer que llegó a desmayarse en el cine, «al reconocer a una tía en una de las imágenes grabadas en la Feria de La Lanzada». Según recuerda, cada función contaba con un médico de guardia para atender a los más afectados. Salas de teatro de Uruguay y también de Argentina emitieron los documentados grabados por Manuel Aris en España.

Su popularidad iba creciendo, y llegó a tener un espacio propio en un diario, titulado Encuentro con la tierra amada, donde seguía trasladando su labor. Pero él subraya que nunca se lucró con todo ello. Es más, los fondos obtenidos con estas acciones los invirtió en la creación del Hogar de ancianos del centro Gallego, que él mismo fundó para dar un espacio digno a los mayores más necesitados. La institución sigue funcionando hoy.

Su labor humanitaria y su disposición para ayudar a todo español que le pidiera auxilio hizo que se ganara el calificativo de Ministro sin cartera, aunque recuerda que no era con las autoridades españolas con las que más trataba: «Tanto el cónsul como yo trabajábamos para España, pero él lo hacía por dinero y yo lo hacía por amor a la patria, era una gran diferencia», explica.

La obra cinematográfica de Manuel Aris se encuentra actualmente en el Centro Galego de Arte e Imaxe de Galicia y, a pesar de dejar su vida artística en 1984, por la necesidad de sacar adelante a su familia, aún sigue recibiendo aplausos tanto en España, como en Uruguay y en Argentina -donde reside actualmente-. Está considerado precursor del cine en Río de la Plata, pero sobre todo se reconoce su labor de hacer más fácil la vida de los que tuvieron que dejar España.

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