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Los ojos vilagarcianos en el sureste asiático

José Lojo hizo la mochila cuando acababa de cumplir los veinte y era universitario, y se fue a ver mundo; dos años más tarde, cuenta ya con cerca de 50.000 seguidores en Instagram y muchos proyectos en mente

vilagarcía / la voz, 03 de enero de 2017. Actualizado a las 10:24 h. 0

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«Soy de naturaleza inquieta y cuando estaba estudiando notaba que me faltaba algo. Un verano se me fue la olla y me fui dos meses a la India». Así explica José Lojo el cambio de vida que decidió experimentar hace un par de años, todavía no había cumplido los veinte, y que lo ha convertido en los ojos vilagarcianos en el sureste asiático. Su cuenta de Instagram (@mad_backpack) roza los 50.000 seguidores y él ya cuenta con algún patrocinador que le vale para pensar que su apuesta fue la correcta, y a comenzar a tener en mente algún proyecto más importante en el que la costa gallega sea protagonista.

Regresemos al inicio. Lo de viajar ya le gustaba a José pero Italia o Polonia, algunos de sus primeros destinos, no le acababan de llenar. Así que decidió proponer a alguno de sus acompañantes habituales su gran proyecto: irse a la India un par de meses, pero «nadie quería venirse conmigo». Por lo tanto decidió coger el toro por los cuernos y en lo que él mismo define como un «ataque de locura» hizo la mochila y allá se fue. Contaba con dinero ahorrado porque los regalos de cumpleaños tenían como principal destinatario desde los diez años su cuenta bancaria.

¿Cómo se lo contó a sus padres? «En aquel momento aún no se lo olían pero sabían que en cualquier momento me iba a ir, sabían que no iba a tener un trabajo normal aunque estuviera estudiando en Madrid. Un día, cuando ya tenía el billete comprado, llamé a mi madre y se lo dije. El shock fue grande», recuerda.

Si para sus más allegados fue todo un revolcón en la tranquilidad familiar la marcha de José, para él su primera experiencia en la India derivó en lo que define como «una revolución interna, un golpe de madurez mortal». José gastó en aquellos primeros dos meses mil euros de sus ahorros. Ahora, con las tablas que ha adquirido a la hora de manejarse por aquellos lugares, puede vivir sin mayores problemas con entre 300 y 400 euros al mes. «Duermo en habitaciones compartidas y si haces las camas y las limpias es dinero que te ahorras», explica. «Nunca me han robado en Asia», afirma, y reconoce que el de la seguridad era una de las circunstancias que más preocupaban a sus familiares cuando aquella locura ya no tuvo vuelta atrás.

José se ha recorrido ya prácticamente todo el sureste asiático. Dos son las chinchetas que le faltan por poner en el mapa: una en Camboya y otra en Vietnam. Por lo demás, todo. Tailandia, Malasia, Indonesia, Filipinas... un vistazo a su muro de Instagram permite disfrutar de los espectaculares paisajes que por allí hay.

Por consejo de una amiga

El éxito que José tiene en Instagram, y que le vale para contar ya con algún patrocinador, guarda su pequeña historia porque se pasó su primer año viajando sin hacer ni una foto. De hecho, asegura que era bastante reacio a las redes sociales y que se internó en ellas por el «consejo de una amiga». Un consejo que, nunca mejor dicho, vale su peso en oro. «Al principio no me lo creía, pero tuve suerte y la cosa fue yendo hacia arriba y conseguí ganar algo de dinero», asegura. Y un consejo: nada de fotos de esas que se denominan «yo estuve aquí». El fotógrafo no debe ser el protagonista de la instantánea, sostiene.

De hecho, si algo le ha quedado claro a José es que las redes sociales pueden ser una magnífica, y divertida en su caso, manera de ganarse la vida. Y por ello tiene en mente un proyecto en el que quiere ayudar a difundir toda la potencia paisajística que tiene Galicia. Va a lanzar su canal en Youtube y quiere que su primer vídeo tenga a Galicia como protagonista. Él, que empezó con una cámara de poco más de trescientos euros, pretende utilizar un dron para grabar lugares espectaculares como San Andrés de Teixido o Muxía o mojarse con los surferos de las buenas playas que para el deporte de la tabla guarda la costa galaica.

Aunque claro, eso es probable que tenga que esperar un poco porque el gran proyecto en el que está ahora inmerso José es el de irse en marzo a Australia y Nueva Zelanda. Sorprende que a falta de tan poco tiempo para la marcha, José lo lleve todo con tanta tranquilidad. Él da una clave cuando asegura que eso de coger los billetes de avión con antelación no es tan buena idea como se suele pensar. Cualquier día de estos, a la hora del postre, volverá a sorprender a su familia: «Me voy a Australia. Vuelvo en un par de meses».

 

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