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Buscando vínculos entre los Liñeiro de Fisterra que emigraron a Argentina

Rosa Marta Liñeiro emprendió años atrás la búsqueda de sus parientes a ambos lados del Atlántico

15 de marzo de 2017. Actualizado a las 10:42 h. 0

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«Comencé a recopilar fotos, documentos, a visitar diarios de época, museos, leer libros, a visitar a todo familiar cercano o lejano que pudiera aportarme algún dato. Mucho ayudaron en mi búsqueda los medios tecnológicos actuales como Internet para interiorizarme con la región de procedencia de mis ancestros, Fisterra, y con los organismos a los cuales podría requerirles información. Escribí cartas a todos los Liñeiro de Finisterre, a los Liñeiros argentinos, a la iglesia de San Vicente de Duyo, al Ayuntamiento de Finisterre, me hice socia de vuestra asociación [Finisterre en América], contacté con Manolo de Adamina, con Pepe do Albañil, me uní a grupos de genealogía de Galicia y de Argentina, en fin... me relacioné con gente maravillosa. De cada uno de ellos obtuve parte del todo que estaba buscando: dignificar a mis ancestros como una manera de reconocerme y dignificar mi propia vida y la del lugar desde dónde ellos vinieron buscando su destino». Todo lo anterior lo escribió Rosa Marta Liñeiro en la revista Faro de Finisterre, de la Asociación Finisterre en América, de Avellaneda, en Argentina, del mes de septiembre del 2002, y quizás buscase -no lo he comprobado- la memoria de Gervasio Liñeiro Lobelos, un individuo natural del municipio de Fisterra nacido en 1888, hijo de Manuel Jacobo Liñeiro y María Lobelos.

Este Gervasio Liñeiro emigró para Argentina en fecha que desconocemos, pero si sabemos que en 1926 fue nombrado vocal de la primera junta directiva fundadora de la citada Sociedad Finisterre en América, lo que indica que llegó a tierras del río de La Plata dentro de las dos primeras décadas del pasado siglo XX. En 1928 fue reelegido vocal de la junta directiva de la citada asociación emigrante y pocos años después, falleció en Comodoro Rivadavia, en la Patagonia, el 31 de agosto de 1933. Tenía 55 años. Podría ser otro individuo el que buscase Rosa Marta Liñeiro, pero a nuestros efectos da igual, cualquier emigrante podría ocupar su lugar.

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