Los gallegos en el Reino Unido respiran aliviados por el acuerdo «posbrexit»

El pacto rebaja la angustia sobre el divorcio de la UE entre los emigrantes

Juan Carlos García Cendón, vecino de Poio que vive en la ciudad inglesa de Bath, considera que el acuerdo del «brexit» despeja la incertidumbre
Juan Carlos García Cendón, vecino de Poio que vive en la ciudad inglesa de Bath, considera que el acuerdo del «brexit» despeja la incertidumbre

Londres / E. La Voz

Alivio. Esa es la sensación que se respira en la comunidad gallega en el Reino Unido, que, tras pasar meses conteniendo la respiración y temiendo que el brexit abriera las puertas a una hecatombe de proporciones bíblicas, confía en que el acuerdo al que Londres y Bruselas llegaron la pasada Nochebuena reducirá sensiblemente los trastornos que a partir de ahora generará un divorcio sin precedentes. La Voz conversó con cinco emigrantes gallegos para conocer cómo viven el proceso y cuáles son sus inquietudes y preocupaciones sobre el futuro.

«La posibilidad de que no hubiera un acuerdo me generaba incertidumbre y por eso me estaba preparando para un brexit a las malas. Por ejemplo, hace unos meses me saqué el carné de conducir británico y había comenzado los trámites para obtener la nacionalidad. Sin embargo, ahora veo todo con más tranquilidad y creo que el acuerdo ha despejado inquietudes, sobre todo en el mundo empresarial y esa certeza favorecerá la economía», afirma Juan Carlos García Cendón, vecino de Poio que reside en la ciudad inglesa de Bath.

A la santiaguesa Miriam Fernández la noticia del acuerdo también la tranquilizó. «Lo que vimos a mediados de diciembre en el canal de la Mancha [cuando Francia cerró la frontera con el Reino Unido por la nueva cepa del coronavirus] fue un preludio de lo que podría haber pasado con un brexit duro», afirma, al tiempo que agradece que el divorcio se haya materializado al fin. «Han sido cuatro años y medio de agotamiento y de bloqueo. Los primeros en querer olvidarlo somos todos los que vivimos aquí, comunitarios y británicos», agrega.

¿Cambios de forma o de fondo?

Aunque admite que a partir de ahora, con el fin del período de transición, la situación será distinta, Juan Carlos García cree que los cambios no le afectarán tanto en lo personal. «No creo que mi rutina vaya a cambiar mucho. En mi trabajo todo marcha bien y con tener el settlement [permiso de asentado] puedo seguir trabajando. Además, con el acuerdo no creo que los precios de la comida y de las medicinas vayan a variar mucho, porque seguirá habiendo libre comercio con la UE. ¿Qué puede cambiar? Mis viajes a Galicia puede que sean distintos, porque, además de tener que utilizar el pasaporte, posiblemente tenga que hacer alguna cola en el aeropuerto que antes no hacía. Y es posible que ya no pueda venir con las maletas cargadas de comida como antes», augura.

En similares términos se pronuncia Miriam Fernández, quien afirma: «Los europeos que hemos llegado antes del 2021 seremos los menos perjudicados por todo esto, porque seguimos manteniendo nuestros derechos en ambas zonas». No obstante, reconoce sentirse preocupada por el futuro de la economía, pero no tanto por el impacto que tendrá el divorcio como por la pandemia.

«Será difícil conocer los efectos del brexit porque quedaran solapados con los del covid-19. Es posible que haya dificultades para cubrir puestos en la hostelería, en el sistema de salud y las áreas técnicas, pero al Reino Unido le interesa el talento y si lo necesita flexibilizará las normas con la UE y la Commonwealth», vaticina Fernández.

Por la manera atropellada en la que se logró el tratado y se ha aprobado provisionalmente, no ha quedado tiempo para que las autoridades británicas puedan explicar su alcance a la población, algo que preocupa a emigrantes como Roi López.

Más dudas que respuestas

«Hay mucha desinformación sobre este asunto, no basta con publicar las más de mil páginas del acuerdo en una página web para decir que se ha informado. Nadie ha explicado qué se ha pactado, qué cambiará y qué no. Además, hay que sumarle que ha habido muy poco tiempo entre que se ha alcanzado el acuerdo y ha entrado en vigor, lo cual tampoco ha permitido que podamos buscar respuestas nosotros mismos ni mucho menos planificar nada. Todo ha sido demasiado apresurado», se lamenta este originario de Oleiros.

«El 2020 ha sido el año de la reacción. Nunca había visto nada así en mi vida, primero nos pusieron a correr con el último confinamiento que nos impusieron de un día para otro y ahora ha sido lo mismo con el acuerdo del brexit», añade.

Por su parte, Sheila Fernández Gómez, vecina de Tomiño que trabaja como enfermera oncológica, tampoco ha conseguido respuesta a todas sus preguntas. «Hasta ahora, por trabajar en el NHS [servicio nacional de salud del Reino Unido], eso equivalía a trabajar en el Sergas, pero no sé si seguirá así a partir de este momento», subraya, aunque admite que, «pese a todas las fallas», prefiere que el divorcio haya terminado siendo acordado, porque, si no, «todo habría sido peor».

En cambio, a Araceli Paredes Portela, profesora de primaria en el condado inglés de Essex, lo que más le inquieta es el racismo y la discriminación que ha salido a relucir con el debate del brexit en Gran Bretaña.

«La gente se toma la libertad de decir que me tengo que ir. Esto ha pasado de ser un problema con la Unión Europea a convertirse en un problema con los europeos. Parece que somos los culpables de todos los males de este país: les quitamos el trabajo, llenamos las urgencias de los hospitales, compramos y alquilamos sus casas y por eso hay poca oferta; y enviamos dinero a nuestros países», comenta la educadora, oriunda de Cangas do Morrazo, quien lleva ya once años viviendo en el Reino Unido.

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