Retranca en las antípodas

Emigrar fue para Pablo Puentes una decisión vital, no una obligación


ourense

Se puede conservar la retranca al otro lado del mundo. Pablo Puentes Madarnás es la demostración de que sí. Este joven ribadaviense lleva un año y un mes viviendo en Australia, donde trabaja en una empresa que ofrece clases de música extracurriculares en las escuelas. Dice que se ha integrado bien en el país, aunque admite que en su grupo de amigos son todos europeos salvo un australiano. Y bromea: «Como lle dá por falar vasco cando sae de noite aceptámolo». En su trabajo, Pablo se encarga de contratar, entrenar y supervisar a los profesores, además de coordinar las clases que estos imparten en las escuelas.

Él no emigró empujado por las circunstancias económicas. «Sempre pensei en viaxar e vivir en distintos lugares. Por sorte, o meu non foi por obrigación», explica el ribadaviense, que recomienda la experiencia a otros jóvenes. Según dice, en España no es tan común, pero sí en otros lugares: «Animaría a todo o mundo a saír como se fai noutras culturas, como a escandinava ou a canadense, onde é típico, cando acabas o instituto, tomarse un ano para viaxar, traballar e coñecerse a un mesmo mellor, antes de decidir que rumbo tomar na vida».

Lo mejor y lo peor 

Con esa actitud, no es extraño descubrir que Pablo está contento en Australia. Dice que echa en falta a su familia, a sus amigos o a su ahijado, pero intenta llevarlo bien. «Polo resto, non son moi morriñoso que se diga: aquí hai moi bo marisco e a empanadilla é o prato nacional», bromea el joven, a quien lo que más le gusta del país son las playas «e a incrible preciosidade e diversidade das súas paisaxes». Cuando se le pregunta por lo que menos le atrae de Australia, vuelve a salirle la vena retranqueira: «Algún que outro mestre que traballa para min, supoño (son bastante vagos)».

Así los ve él a ellos, pero, ¿cómo nos ven los australianos a nosotros? Si es que nos conocen... «Claro, todo o mundo sabe onde está Ribadavia», vuelve a bromear Pablo, que más en serio explica que muchos conocen el Camino de Santiago o Zara «pero moi poucos nos saberían ubicar nun mapa». Él, en cambio, no ha perdido la conexión con sus orígenes. Lee la prensa española a diario y dice que la actualidad política lo tiene entretenido.

«Creo que os medios en España teñen encostrado o asunto político-económico e reinciden esaxeradamente niso», opina el joven ribadaviense, que hace hincapié en las diferencias que existen con Australia en este sentido: «Aquí ninguén fala de políticos corruptos nin cousas desas, porque mentres teñan as mellores universidades e unha inversión alta en I+D+i seguirán atraendo a estudantes e profesionais de prestixio, que á larga traerán riqueza e quedarán no país», señala Pablo, que vuelve de este modo a analizar cómo varía el fenómeno de la emigración juvenil en unos lugares y otros. «A España moi pouca xente emigra para estudar. Veñen a beber cervexa e de vacacións, e iso pode crear emprego, pero á larga non proporciona verdadeira riqueza», reflexiona, con conocimiento de causa.

Sea como sea, Pablo Puentes Madarnás no descarta volver definitivamente algún día a su tierra. De momento, sin embargo, no se lo plantea. Lleva un año y un mes en Australia y está cómodo en las antípodas. Mientras no pierda la retranca que exhibe a cada momento, sus vínculos seguirán tan vivos como lo están en la actualidad.

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