«La morriña nunca se pierde»

Jon Álvarez se fue a estudiar un máster a Noruega y quiere quedarse a trabajar allí


ourense / la voz

La emigración no siempre es forzada. Hay quien en el extranjero busca la mejor de las formaciones académicas. Es el caso de Jon Álvarez Justo, un ourensano de 22 años que vive desde agosto del año pasado en Trondheim (Noruega). Allí está estudiando un máster en una prestigiosa universidad de ciencia y tecnología. Previamente solo había estado dos meses viviendo en Cardiff, en Gales, para mejorar su inglés, por lo que esta es realmente su primera experiencia en la diáspora.

Sus estudios tienen una duración de dos años, pero él no descarta seguir allí durante más tiempo. Cuando termine los exámenes a los que se enfrenta ahora va a empezar a trabajar en una empresa del sector de las comunicaciones que está, precisamente, en Trondheim. También está pensando en estudiar un doctorado. «En Noruega equivalen a un trabajo como otro cualquiera: con un salario, con una jornada laboral, con una cotización, etcétera. El gobierno noruego y algunas empresas privadas están dedicando grandes sumas de dinero al fomento del I+D», explica

Por ahora, Jon está centrado en sus estudios y las clases son todas en inglés. «En poco tiempo te acabas acostumbrando a estar rodeado continuamente del idioma, por lo que no supone una complicación muy grande. Los profesores son en su mayoría noruegos, aunque hay algunos suecos, y el inglés con acento nórdico es fácil de entender», cuenta este joven ourensano, que se ha integrado muy bien y ya tiene muchos amigos locales: «La gente noruega tiene una concepción muy buena de los españoles. Nos ven como gente divertida, alegre, social y también algo fiesteros. Desde que llegué me llamó la atención la buena reacción que tienen cuando les dices que eres de España. Parece que les agrada bastante estar en contacto con españoles, quizás por esa forma nuestra de ser».

A Jon le preguntan con frecuencia si le ha costado adaptarse al frío, pero él asegura que no es para tanto. «No es tan húmedo como el gallego y por eso mucha gente consigue llevarlo mejor. De hecho, he de decir que el único constipado que he tenido desde agosto lo cogí precisamente al viajar a Galicia por Navidades», asegura. En todo caso, confiesa que el hielo que se acumula en las calles es un engorro. «Es habitual ver a gente cayéndose al caminar o al correr para no perder el autobús», cuenta Jon, a quien tampoco le gusta la poca cantidad de horas de luz. «Había días que amanecíamos a las 9.30 y a las 14.30 horas ya era de noche otra vez», explica el joven, que se prepara para afrontar la situación opuesta en verano.

Pero vivir en Noruega le permite disfrutar de las auroras boreales. Utiliza una aplicación para saber cuándo es el mejor momento y por lo que cuenta aquello debe ser una maravilla. «Cuando ves las luces boreales, no sabes si estás en Noruega o en otro planeta distinto. Es probablemente lo más bonito que haya visto nunca. La sensación es espectacular», explica Jon, que también está maravillado con el sistema educativo noruego y, en general, su forma de gestionar las cosas: «No comprendo por qué en España no se llevan a cabo muchas políticas implantadas en los países nórdicos y que han tenido un éxito. Creo que hay que mirar al resto de países para ver lo que funciona y lo que no».

Pese a las dificultades que suponen las conexiones aéreas, Jon viaja siempre que puede a Galicia: «La morriña nunca se pierde». Para que vuelva definitivamente no hay fecha, pero ve posible ejercer algún día su profesión aquí. «Me gustaría que todos los conocimientos adquiridos en Noruega regresaran conmigo a Galicia en un futuro», dice.

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