Los nuevos médicos de Vigo se baten contra el covid en hospitales de toda España

Los residentes comprueban que muchos enfermos temen acudir a urgencias y llegan «con patologías más avanzadas»


vigo / la voz

La dichosa segunda ola se afronta con una cantera de médicos que estaban especialmente impacientes por comenzar su residencia en los hospitales. Su debut ha sido histórico, al haberse pospuesto durante más de tres meses por la crisis del covid. Medio centenar de estos profesionales pertenecen al área sanitaria de Vigo. Algunos de ellos optaron por emigrar a otras ciudades españolas para batirse contra el coronavirus. Antonio Pascual, Jaime Mein, Paula Gómez y María Fraga son cuatro ejemplos. Coinciden en que la pandemia influirá en su residencia en la medida en que «podría mermar nuestra formación» y ver limitados sus rotatorios en centros saturados. Igualmente, se plantean su vuelta a Vigo en el futuro como algo más bien lejano.

 

Antonio Pascual (Madrid)

«Nuestro trabajo va a seguir igual a pesar del estado de alarma. El volumen de citas ya se había reducido en marzo». Antonio Pascual (Vigo, 1995) eligió la oftalmología como su especialidad médica. Cursa la residencia en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, que se encuentra entre los tres centros sanitarios más potentes de España en el tratamiento e investigación de las enfermedades de los ojos. «En oftalmología, la consulta telefónica no es factible. Su complejidad radica en la especializada instrumentación que acompaña a nuestra exploración para completar una buena historia clínica», alega el médico. «El ojo está conformado por estructuras tan pequeñas y frágiles que se deben interpretar en persona», dice. «Además, en esta especialidad debemos tratar con los pacientes muy de cerca, en una zona mucosa, por lo que debemos extremar cualquier tipo de precaución», añade. No obstante, Pascual detecta que «los enfermos están revaluando su padecimiento antes de acudir a un especialista. Se piensan dos veces si es necesario o no». Señala que, a pesar del estado de alarma en Madrid, el ritmo de trabajo de su especialidad será el mismo en los próximos días en lo que concierne al número de pacientes atendidos. 

 

Paula Gómez (Palma de Mallorca)

«Muchos pacientes dejan de consultar al médico porque temen ir a urgencias y contagiarse. Se presentan con la patología más avanzada». El Hospital Universitario de Son Espases, en Palma de Mallorca, registró un índice de saturación considerable en los meses de verano, «pero actualmente las hospitalizaciones están reduciéndose progresivamente», explica Paula Gómez desde la capital balear, quien cursa la especialidad de hematología y hemoterapia en este centro. Desde el comienzo de su formación, la residente detecta que «muchos pacientes dejan de consultar al médico porque temen ir a urgencias y contagiarse. Esto implica que los enfermos se presenten con la patología más avanzada». Paula Gómez trata actualmente de forma presencial a los pacientes, pero su especialidad permite el contacto con el enfermo vía telefónica, lo cual «requiere más tiempo por parte del facultativo ya que es muy difícil evaluar a alguien que no puedes ver ni explorar». 

Jaime Mein (Ourense)

«Ni siquiera en las guardias operamos a un paciente hasta que obtengamos el resultado de una PCR ultrarrápida, que puede tardar menos de dos horas». Desde que comenzó su rotatorio por hospitales de Galicia y Sevilla, Jaime Mein (Nigrán, 1995) tuvo claro que anestesiología y reanimación sería su futura vocación, «la gran desconocida de la medicina», como acostumbra decir. Con siete años de estudios a sus espaldas, logró hacerse con una plaza en el Hospital Universitario de Ourense. «La uci está colapsada, pero se actúa con margen. De las 20 camas de las que dispone la unidad, 11 están ocupadas», cuenta Mein. «Nadie se explica lo que ha pasado en Ourense», añade. Si bien es cierto que otras especialidades, como la medicina interna o la intensiva, han sido reconocidas como la primera línea de batalla del colapso hospitalario, «la de anestesia es otra especialidad muy cercana ya que tratamos al paciente crítico y al posquirúrgico», explica el residente. En este sentido, subraya que, en el hospital de Ourense, los anestesiólogos llevarán a algunos pacientes covid en la rea y en la urpa (unidad de recuperación postanestésica). Mein asegura que la suya es una especialidad en la que están acostumbrados a trabajar muy protocolizados. «Ni siquiera en las guardias operamos a un paciente hasta que obtengamos el resultado de una PCR ultrarrápida, que puede tardar menos de dos horas», explica ante esta situación excepcional.  

María Fraga (Granada)

«A los médicos nos afecta menos, pero las pacientes lo sufren más». Al término de su carrera, que estudió en Compostela, María Fraga logró hacerse con una plaza en ginecología y obstetricia en el Hospital Clínico Universitario San Cecilio, en Granada. «El centro sigue funcionando igual, pero ya se habla de medidas más restrictivas», informa. En sus dos semanas como residente, la joven ha detectado que en su especialidad y a nivel clínico «la crisis sanitaria afecta por el lío que supone programar los pactos de urgencia». «Las mujeres necesitan una PCR negativa para entrar en planta y en paritorios normales, pero hay algunos nacimientos que no se pueden programar», explica Fraga. En este último caso, las mujeres deben ser derivadas a salas de parto donde se destinan las cesáreas, las PCR positivas y las madres que no fueron diagnosticadas a tiempo. «Esta situación a los médicos nos afecta menos, pero las pacientes lo sufren más», dice la especialista para referirse a que, en el caso de las consultas de obstetricia, la pareja de la embarazada no puede entrar en la revisión, salvo en el momento del parto. Sobre la consulta telemática, la residente la considera una técnica imposible en su rama. «No podemos hacer ecografías desde casa», alega.

El primer residente que eligió el Álvaro Cunqueiro, neumólogo

 

Fernando Vargas (Ferrol, 1995) atesora un expediente brillante. Estudió Medicina en la Universidad de Santiago de Compostela, donde preparó el MIR y, tras siete años de intensa preparación, logró hacerse con una de las cien primeras plazas de la convocatoria para acceder al Sistema Nacional de Salud en España. Concretamente, obtuvo la posición 93. En pleno confinamiento, viajó hasta Ávila para servir en la emergencia sanitaria. «La cafetería del hospital se cerró para albergar camas», recuerda.

Ante el abanico de posibilidades que se le abría por sus excelentes resultados, Vargas decidió cursar la especialidad de neumología en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. «No tuvo que ver con el coronavirus», confiesa el ferrolano. «No es cardiología ni dermatología», relata el médico para referirse a que se decantó por una especialidad tradicionalmente poco demandada entre las plazas más altas. «Descubrí la neumología estando en quinto de carrera. Junto a la medicina interna, esta especialidad ha llevado la voz cantante en la crisis de covid-19», alega el médico ferrolano para referirse a cómo se ha revalorizado a estos especialistas.

«Tener la oportunidad de cursar esta residencia en Vigo es una suerte. El Álvaro Cunqueiro es una potencia en investigación en diferentes ramas de la neumología, como la ventilación o la broncoscopia. Apenas se derivan pacientes a Madrid o Barcelona», subraya el joven, que ya se ha mudado a Vigo.

Su leve experiencia en el hospital le demuestra que los especialistas ya tratan mejor los casos positivos de coronavirus en esta segunda ola. «Lo que nos preocupa es alcanzar niveles de saturación del hospital y no tratar bien a los pacientes», teme Vargas.

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