«En España utilizamos términos que pueden resultar un poco ofensivos»

Cristina Reguera recibió una beca Fullbright para cursar un Máster en Baltimore, EE.UU.

Cristina Reguera, filóloga
Cristina Reguera, filóloga

ourense / la voz

Cristina Reguera (1997) nació en Barcelona, aunque se mudó a Ourense con solo seis años. Estudiante del IES Otero Pedrayo y graduada en Estudios Ingleses por la Universidad de Salamanca, quiere combinar su licenciatura con la comunicación intercultural, disciplina que estudia las relaciones entre las diferentes culturas y grupos sociales. Y así será, pues Cristina es beneficiaria de una Beca Fullbright de ampliación de estudios que le permitirá cursar un máster especializado en la Universidad de Marylan, en Baltimore (EE.UU.).

-¿Cómo fue el proceso de selección de la beca?

-Fue un proceso largo. Primero hay que pasar un primer corte, para humanidades si tienes menos de un ocho y medio en la carrera es difícil que te cojan. Luego viene la fase de la entrevista, contarles un poco tu proyecto. Yo les conté que me interesaban los estudios ingleses combinados con estudios culturales y sociolingüística. Ver cómo el trasfondo cultural de cada persona afecta a su manera de comunicarse con los demás. La entrevista fue presencial, fue en Madrid en el 2019, yo estaba con los exámenes finales... Pasas un primer año rellenando el proyecto de beca y un segundo año para enviar solicitudes a las universidades. Mi beca, en concreto, está copatrocinada por la UMBC de Baltimore, que es donde voy a realizar el Máster de Comunicación Intercultural. Como estaba copatrocinada fue más sencillo, pero empecé a preparar la beca a finales del 2018. Me la dieron en el 2019, y los detalles se aclararon en el 2020. Por eso digo que es un proceso muy largo, porque pides la beca de aquí cara a dos años.

-La beca se la dieron para el 2020, pero se graduó el año pasado. ¿Qué hizo desde entonces?

-Conseguí otra beca el año pasado, para ser asistente de español en una universidad estadounidense. Estuve dando clases en Iowa. Me sirvió como toma de contacto, para no tener un choque cultural tan grande este año, aunque por el medio me pilló todo lo de la pandemia. Ahora ya estoy en Ourense.

-¿Cómo es ese choque cultural?

-Pues culturalmente es bastante diferente. Tienen una mentalidad acelerada, todo va más deprisa. Aunque laboralmente lo agradezco mucho, porque da muchas oportunidades, es cierto que los alumnos estadounidense me comentaban que le llamaba la atención la parte de España más tranquila, las terrazas... Suena a estereotipo pero es así.

-¿Qué es lo que le interesa de la comunicación intercultural?

-A grandes rasgos, me interesa conocer esa barrera de comunicación entre los grupos socioculturales. En un país como España, que no tiene una multiculturalidad tan grande como puede ser EE.UU. o Reino Unido, existen barreras en el idioma. En España cuestiones como el blackface -pintarse la cara de color negro para simular a una persona afroamericana- son términos que están llegando ahora, pero que hace unos años no se veían como un problema. Y como ese, otros términos y extracciones populares que tenemos, que hoy en día pueden resultar un poco ofensivas. En otros países son más políticamente correctos. En general tienen claro que hay cosas que ni de broma se hacen, que pueden ofender a una persona ajena. Aquí va cambiando, pero todavía tenemos la marca y los dibujos animados de los Conguitos, o las actuaciones que a veces se hacen en Tu cara me suena. Todavía no ha llegado el punto en el pongas la televisión y no te encuentres algo así. Usar el término «maricón», hasta hace muy poco, se justificaba entre amigos. Ahora hay personas que dicen «no, esta palabra no está bien que la uses si tú no eres del colectivo LGTBI, porque yo la uso como método de empoderamiento, pero si tú estás fuera de ello la estás usando como insulto». Esto es un poco el ejemplo de una palabra que entre personas diferentes una lo va a ver de una manera y otra lo va a ver distinto.

«Ya me tocó vivir la pandemia en EE.UU. y vi que no había una guía general»

Aunque Cristina es oficialmente estudiante de la UMCB de Baltimore, se quedará en España. Por lo menos de momento, seguirá la docencia por vía telemática.

-El hecho de no poder irse, ¿es una decepción?

-Bueno. La situación es la que es y da un poco de pena, porque es una beca que cuesta mucho sacar: en mi año solo dieron 19 en todo el país. Pero también tengo en cuenta cómo están allí. Ya me tocó vivir la pandemia en EE.UU. y vi que no había una guía general, la gente que quería llevaba mascarilla y la que no, no. Ya me daba un poco de miedo, aún más teniendo en cuenta que la universidad en la que estudiaría está en Baltimore, en la Costa Este, donde ha habido muchísimos más rebrotes. En Ourense o en Salamanca me siento un poco más segura en ese sentido.

-¿Y las clases?

-Algunas clases van a ser en directo, de terminar a las doce de la noche por el cambio horario. Tienen una plataforma que permite dar las clases así, o si no tienes un ordenador te permite seguirla por llamada telefónica. Pero los coordinadores me están ayudando, y todos los recursos que puedan me los están dando.

-Pero se queda en casa. ¿Le gusta viajar?

-Muchísimo. Creciendo nunca me fui de viaje con mis padres, siempre me decían que el dinero que había preferían gastarlo en los estudios, y que cuando me sacase la carrera y tuviese mi trabajo ya iría a donde me diese la gana. Siempre que he estado viviendo en el extranjero ha sido mediante becas, y me parece una muy buena manera de descubrir otras culturas. No es lo mismo irte de vacaciones unos días que el estar allí viviendo y conviviendo con la gente. Sobre todo para el tema en el que me especializo, de cultura y lingüística; es una manera ideal de moverte.

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