Una científica gallega desarrolla una vacuna más efectiva contra la tosferina

Acaba de ser premiada por su investigación por la Universidad de Georgia, donde trabaja


redacción / la voz

«Cuando me fui a Ecuador lo hice con la idea de cambiar el mundo, de encontrar terapias nuevas para combatir las enfermedades infecciosas». En realidad, el sueño de Mónica Cartelle Gestal se fraguó de niña, cuando tenía 11 o 12 años. Y empezó a materializarlo en el servicio de Microbiología del Chuac de A Coruña, donde empezó a estudiar la resistencia de las bacterias a los antibióticos. Pero quería algo más. «Estaba muy bien saber lo que estaba pasando ?dice-, pero lo que quería era hacer algo para impedir que pasara». Fue entonces cuando se fue a la Universidad de Nottingham para realizar el posdoctorado, primero con una beca de la Fundación Barrié y luego con una Marie Curie europea, para investigar cómo se comunicaban las bacterias. Solo así podía descubrir sus debilidades y evitar que desencadenaran las infecciones.

Sin embargo, su insatisfacción continuaba. Aspiraba a que su investigación se convirtiera en algo útil. Y así fue como llegó a Ecuador, donde llegó a dirigir el Centro Nacional de Resistencias Microbianas. Hasta que la cruda realidad le dio un portazo en las narices. «A la hora de hacer investigación -explica? teníamos recursos limitados, necesitaba trabajar con tecnología más moderna y, sobre todo, realizar ensayos con modelos animales». Fue entonces cuando surgió la posibilidad de continuar con sus estudios en la Universidad de Georgia (Estados Unidos). Pero tenía que volver a empezar y hacer de nuevo un posdoctorado, esta vez más especializado en inmunología, lo que le abrió la posibilidad de entender la compleja relación entre las bacterias y el sistema inmune, nuestra coraza natural contra los patógenos. «Investigo -explica- es cómo las bacterias son capaces de pelear, esquivan e incluso manipulan nuestras defensas naturales para incrementar la transmisión de las infecciones». 

Cerca de cumplir su sueño

Lleva más de tres años en Estados Unidos y, ahora sí, está más cerca de cumplir su sueño de niña. Ha desarrollado una vacuna innovadora y universal para combatir la tosferina y protegerse de forma eficaz contra el ataque de la bacteria Bortedella pertussis. La que existe actualmente no evita la colonización de la bacteria y posterior transmisión de la infección a otros individuos. Este trabajo, que ha despertado el interés de revistas como Nature o Science, también le ha permitido obtener el reconocimiento de su universidad, donde esta semana ha obtenido el premio a la mejor investigación posdoctoral. 

La nueva terapia, para la que se ha solicitado una patente internacional, se probará en un par de meses en gatos primero y, luego, en perros. «La vacuna que tenemos ahora funciona y es fantástica, porque la gente no se muere, pero permite, por ejemplo, que haya colonización de bacterias en la nariz, lo que quiere decir que se puede seguir transmitiendo a otras personas que no están vacunadas. Es importante pensar que también tenemos a los perros y a los gatos, que nos pueden estar infectando con otras especies de la bacteria Bortedella que producen tosferina», constata Mónica Cartelle. Y añade: «Si podemos generar una vacuna mejor que proteja a los animales y también a nosotros en una inmunización universal, sería fantástico». 

De hecho, el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos designó en el 2015 a la tosferina como una enfermedad de emergencia prioritaria.

En su investigación, Cartelle demostró que varias especies de la Bortedella, que causan una patología similar a la tosferina, tienen la capacidad de detectar la respuesta del huésped, el sistema inmune en este caso, y de manipularlo para incrementar la virulencia de la infección. En todo este proceso es clave un regulador de genes que hace que determinados genes se expresen o no cuando sienten el sistema inmune. 

«Nuestros resultados demuestran que si quitamos este regulador la bacteria ya no puede controlar o manipular el sistema inmunológico nunca más», advierte la microbióloga, que ha creado una bacteria modificada genéticamente que actúa como vacuna y que puede incorporarse, con una mejor eficacia, a la que ya existe, que se administra también para el tétanos y la difteria. «Los datos que tenemos en ratones -explica- es que la enfermedad se cura solo en 14 días, en lugar de en los 56 que normalmente dura. Es fantástico». Y apostilla: «Los modelos animales en ocasiones son necesarios y si queremos entender como el sistema inmune responde a una infección. No lo podemos hacer en tubos de ensayo».

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