«Me casé con casi 70 y llevamos más de 20 años felices»

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El amor no tiene edad. Más de dos décadas juntos y ahí siguen, tan contentos. Lolita y Pedro son un ejemplo de que el amor también es posible más allá de los setenta. Ni una sola vez han discutido. Y eso que ella al principio no quería casarse. Esta es su historia

25 oct 2021 . Actualizado a las 18:42 h.

Lolita tiene tres amores. El primero y por el que aún hoy bebe los vientos es Pontevedra y su familia, de donde dice sentirse al 100 %, a pesar de que viva en Logroño desde hace más de 30 años. A la ciudad del Lérez va siempre que puede «corriendo», sin que le pesen sus 91 abriles. No hay nada que le apetezca más que coger las maletas y venirse. Y no se conforma con estar solo una semana. Mínimo un mes y de ahí para arriba. Su otro gran amor fue su primer marido, fallecido hace más de dos décadas, con quien contrajo matrimonio cuando ya había superado el medio siglo de vida y para el que siempre tiene palabras de cariño y de recuerdo. Y su tercer amor es Pedro. Su actual marido y con el que se casó cuando ella tenía 68 años y él, 70. Llevan juntos y felices desde hace más de 20 años, algo que a más de un matrimonio le saldría urticaria solo de pensarlo. En cambio, ellos cumplirán 21 de unión el próximo 10 de diciembre. Para que luego digan que los amores tardíos son menos importantes que los de juventud. Y si no, lean la gran lección que Pedro y Lolita nos dan.

Sus vidas se cruzaron en la estación de autobuses de Logroño cuando ambos ya estaban viudos. Pedro había sido el director del centro neurálgico de pasajeros de la época y conocía a muchos usuarios. Entre ellos, Lolita, que vivía en el pueblo logroñés de Villamediana, y cuya belleza no pasó desapercibida a los ojos de Pedro. Fue así como saltó la chispa: «La vi que era guapa y le tiré los tejos [Se ríe]». Pedro llevaba ya once años viudo y la soledad le resultaba una compañía nada apetecible: «Es lo peor que hay. Es muy mala, muy mala». Pero no fue fácil convencer a Lolita. «Era muy difícil conquistar a la gallega. A la décima se convenció, no sé quién la convencería...», comenta bromista y orgulloso de la decisión que su mujer tomó entonces.

Lolita replica que cada vez que él le declaraba sus intenciones de casarse, ella le daba calabazas porque consideraba que le parecía demasiado pronto: «Me había quedado viuda hacía unos seis años. Y no tenía ganas de casarme de nuevo. Pero él me contestaba: ‘Anda, anda, tonta'. Sí, insistió mucho».

Lolita y Pedro el día de su boda en la parroquia de Santa María de Mourente (Pontevedra). Cumplirán 21 años de casados el próximo 10 de diciembre.
Lolita y Pedro el día de su boda en la parroquia de Santa María de Mourente (Pontevedra). Cumplirán 21 años de casados el próximo 10 de diciembre.

Boda familiar

Tanto que lo consiguió. Eso sí, el enlace tuvo lugar en Pontevedra, como no podía ser de otro modo, aunque a las afueras, porque Lolita quería que la boda pasara desapercibida: «Era una boda de familia y de dos viudos. Quise yo que fuera en un sitio retirado». Pero eso no enturbió la felicidad, ni muchísimos menos, aunque cayeran chuzos de punta. «Fue en la parroquia de Santa María de Mourente. Lo recuerdo como un día muy bonito. Llovía... ¡madre mía! Todos con paraguas. Pero luego ya nos metimos rápido en el coche. Y fuimos a Casa Solla. Hicimos una comilona allí para todos los sobrinos y después, baile. Fue una boda especial», comenta ella, que sigue celebrando todos los aniversarios con su familia: «Reúno a los sobrinos y les digo: ‘Venga, vamos a comer, que hace años que nos casamos' y vienen todos». Y eso que son una tropa, 22. Pero Lolita los quiere muchísimo, y ellos a ella: «Son extraordinarios y muy cariñosos cuando estoy ahí. Me llevan, me traen, comen conmigo...» Todo son halagos para los suyos.

De acuerdo en todo 

Pero volvamos a la historia principal. Desde que esta entrañable pareja se casó, viven felices el uno con el otro. Y lo mejor de todo, ni siquiera discuten. Algo inaudito: «Los amores a edades avanzadas son iguales (que los otros), pero este es de estar más de acuerdo en todo. Nunca me enfadé con él. No tengo motivos. Es muy bueno». Y se atreve a decir que los prefiere a los arrebatadores amores de juventud: «Incluso son mejores. Más sosegados, más tranquilos. ¿Quieres que vayamos al cine? Pues vamos al cine. ¿Quieres ir a tal sitio? Pues vamos a tal sitio. Siempre está de acuerdo con mi manera de pensar. ¿Salimos a dar una vuelta? Salimos a dar una vuelta». Y así pasan los días, aunque Lolita ya se empieza a resentir de una pierna y le apetece más quedarse en casa.