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El impulsor morracense de la Ruta de los Fenicios

Con el corazón en Cádiz y las raíces en O Morrazo, defiende que Pontevedra esté en el itinerario internacional


pontevedra / la voz

Fernando Piñeiro Area (A Coruña, 1976) tiene sus raíces en O Morrazo, de donde son sus padres -de Bueu y Marín-, y se mudó con su familia a Cádiz cuando era pequeño. La empresa armadora donde trabajaba su padre cambió de caladero y se reubicó en Andalucía. «Al cambiar los acuerdos internacionales, la empresa se fue del Mar del Norte a Costa de Marfil y los armadores se llevaron los barcos a Cádiz para ahorrar en el gasoil», relata. Recientemente estuvo en Pontevedra en la delegación de distintos municipios, provincias y asociaciones de España que participan en la Ruta de los Fenicios. Como presidente de la Asociación de Lengua, Arte, Cultura y Empleo, Álace, vinculada a la Universidad de Cádiz, Piñeiro regresó a la ciudad del Lérez para conocer, de primera mano, la sucesión de hallazgos arqueológicos que avalan la presencia en Galicia de los fenicios, un pueblo navegante donde los haya.

«El potencial de la ruta es un patrimonio cultural que hay que poner en valor y al trabajar en red, hay muchas posibilidades de desarrollo», matiza. Piñeiro sostiene que no le sorprendió que Pontevedra se pudiese incluir en este itinerario cultural que rememora los periplos de hace 25 siglos. Antonio Caro Bellido, especialista en cerámica fenicia en Andalucía, fue uno de sus maestros y ya le había puesto en guardia.

«Desde los primeros años de la carrera nos insistía en el comercio atlántico de la Edad del Bronce y de que Cádiz era el punto de partida para conectar los puertos mediterráneos con las islas británicas», añade. «El paso obligado desde Cádiz son las costas de Portugal y de Galicia, no se puede hacer de otra manera», indica. Este es uno de los motivos para que se elegiese Pontevedra para albergar la asamblea estatal de la Ruta de los Fenicios, una cita auspiciada por la Diputación pontevedresa. Para Piñeiro fue como una vuelta al hogar. «El comercio atlántico entraba en las Rías Baixas, que es de donde yo vengo, y estar aquí en Pontevedra es como una especie de retorno a casa», comenta.

Los participantes en la asamblea estatal de la Ruta de los Fenicios se desplazaron al yacimiento de A Lanzada, en Sanxenxo, en una visita guiada por el arqueólogo de la Diputación pontevedresa, Rafael Rodríguez. Se trata de una factoría prerromana donde se evidencia el contacto entre la sociedad galaica del momento y las culturas mediterráneas. Rodríguez indicó, en su exposición, que restos fenicios aparecieron también en lugares tan dispares como el Castro Alobre, en Vilagarcía; el Facho de Donón, en Cangas; y Muíño do Vento, en la parroquia viguesa de Alcabre.

«No me sorprendieron estos hallazgos porque tenía el conocimiento previo, asentado en el subconsciente de que este círculo comercial existía ya en la Edad del Bronce y en la Edad de Hierro I», afirma Piñeiro, que se mostró encantado con los descubrimientos.

La asociación Álace es un colectivo muy activo. Durante cinco años se ocuparon, a través de la Universidad gaditana, de la coordinación de la agenda cultural de la provincia. Hay múltiples iniciativas que se llevan a cabo desde este colectivo, de los que la Ruta de los Fenicios es una de las que tiene una proyección nacional e internacional. Piñeiro compagina sus responsabilidades como gestor cultural en Álace con su propia formación educativa y en un ámbito muy distinto a los fenicios y las rutas comerciales marítimas.

Cuando entró en la Universidad gaditana sacó el título de Humanidades y fue uno de los primeros alumnos de Erasmus que salieron de este centro educativo a otros países. En su haber se encuentran estancias educativas en lugares tan distintos como Francia y Suecia.

Lingüística computacional

Su currículo incluye una segunda titulación universitaria, la Lingüística, disciplina en la que actualmente se encuentra inmerso en la elaboración de su tesis, basada en el análisis cuantitativo de la poética de Lorca. Admite que el nombre «no es muy atractivo, pero es que los títulos de lingüística computacional no lo son», explica sonriendo.

Fernando Piñeiro indica que cuando acabó su formación en Lingüística, «mi especialidad era español para extranjeros». Sin embargo, al rematar se encontró con un problema. Y es que él mismo admite que en aquel momento «en Cádiz no había excesivo trabajo para enseñar española para extranjeros».

No estaba dispuesto a quedarse con los brazos cruzados, así que buscó una alternativa. Y la encontró. «Me decanté por una especialidad de la Lingüística más extraña o más rara, que no se hacía en la Universidad de Cádiz», relata. ¿Cuál? «La Lingüística computacional». El nombre no dice mucho a la mayoría y Piñeiro describe esta disciplina como «la aplicación de algoritmos matemáticos al lenguaje», en este caso a la crítica literaria y a la producción poética de Lorca.

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