Jorge Prado ya tiene un sello de casa

Dos multinacionales austríacas impulsaron al piloto lucense, que consiguió apoyos en Bélgica e Italia y suma, ocho años después, su primer patrocinio gallego


Acaba de llegar de Francia. En Saint Jean d’Angely, Jorge Prado (Lugo, 2001) dejó otra prueba de su fiabilidad. Un manotazo al Mundial de MX2 de motocrós, del que marcha líder, y en el que aumentó su diferencia sobre Thomas Olsen, uno de sus principales rivales. La siguiente cita será en Rusia pero, antes, Prado ha querido visitar su tierra para sumar un nuevo apoyo. Que nunca viene mal. Vaya por delante la paradoja de que Torre de Núñez se convierte en el primer espónsor gallego que tiene el piloto desde que se dedica a esto de pulverizar registros sobre una moto.

«Para él significa mucho más que un mero espónsor, es el reconocimiento en tu propia casa. Y puede abrir la puerta a otros de cara a un futuro», refleja su padre. Jesús Prado reconoce su extrañeza por la demora patria. «Mucha gente nos preguntaba cómo era posible que un deportista con esa proyección no tuviese apoyos en su tierra, pero está visto que se cumple aquello de lo difícil que es ser profeta en ella». La vida de Jorge cambió en la víspera de los once años. La multinacional austríaca de bebidas energéticas Red Bull le ofrecía respaldo. «Creo que sigue siendo el piloto más joven en lograrlo». Papá saca pecho. Meses después, KTM le avalaba como piloto de fábrica.

«Sin ese apoyo desde el primer día hubiese sido imposible. Nosotros no podríamos haber asumido el coste. Han sido sus mecenas en un deporte muy caro. Para una familia de clase media es imposible». Se mudaron a Bélgica. «Nos buscamos la vida como emigrantes en un sitio en el que ni conocíamos a nadie. Los comienzos fueron durísimos y la única garantía era esa apuesta por Jorge. Ganábamos lo justo para comer y ya. ¿Qué puedes hacer en un país en el que no sabes ni una palabra en su idioma?». La cuesta familiar picaba hacia arriba a la vez que los primeros apoyos iban dando forma a la carrera de Jorge. Eso sí, primero tuvo que responder en la pista.

Los primeros apoyos

En el 2011, tras ganar el Mundial, el Motoclub Polea SX -con sede en Barcelona- se pone a su servicio para cualquier trámite de licencias. En el 2013, Last Lap, una de las referencias en España como organizadora de eventos, se suma como patrocinador personal. Prado empieza a recolectar en el extranjero. Con 13 años se añade a su nómina OVI, una empresa cárnica belga. Con 15, Sfera, una compañía italiana de accesorios de baño. Su gerente, aficionado al motor, ha acompañado a Prado a varias carreras. El gallego, a cambio, ha visitado la factoría y a sus trabajadores. «De todos los patrocinadores que hemos ido logrando no se nos ha bajado ninguno y eso es buena señal», asume Jesús. El despegue definitivo del piloto, que ya es una referencia en gran parte de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, hizo el resto.

Imagen en campañas de Fiat

Hace dos años le llegaba también el impulso de Mio Caro, una empresa belga dedicada al textil. En ese mismo 2017, la multinacional italiana Fiat -impulsada por su filial en España- apostaba fuerte por él. La firma ha utilizado la imagen del piloto gallego para varias campañas publicitarias en prensa. El penúltimo en sumarse como patrocinador, este mismo año, había sido Greenland, una empresa española de accesorios y recambios de moto. Scott, con las gafas y Ortema, con las rodilleras, le surten material.

«Es un deporte minoritario pero puede crear su propia imagen de marca y tiene todavía 18 años». Su padre confía en que el primer respaldo en casa sea solo la avanzadilla. «Que sean gallegos y además lucenses tiene un trasfondo sentimental». Jorge ya puede sentirse profeta ocho años después.

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