Los Bermúdez, emigrantes de Baio en Argentina con gran éxito comercial

Gerardo montó negocios en Buenos Aires que contiunúan sus hijos


Gerardo Bermúdez nació en Baio, localidad en aquel entonces de panaderos, uno de los cuales fue su padre, Ramón Bermúdez, que tenía diez hijos. Durante la posguerra, en tiempos de racionamiento, conseguir harina era una aventura imposible, y por eso Ramón, igual que otros muchos panaderos, compró en el mercado negro un cargamento de harina de trigo para poder suministrar el pan a sus clientes, enterrando los sacos debidamente protegidos en bolsas en el jardín de su casa.

Sin embargo, alguien le delató y a los pocos días llegó un policía a revisar la casa, y le impuso una importante sanción económica. Ramón se vio obligado a hipotecar la propiedad, y a partir de ahí las cosas fueron de mal en peor: el negocio en declive por falta de materia prima, la casa hipotecada, el ganado que moría antes de engordar...

Al final, solicitó ayuda a un hermano que estaba en la emigración argentina, y con el hijo mayor, Julio, Ramón Bermúdez viajó al país sudamericano en busca de pan, pero también de libertad. Los dos encontraron empleo como albañiles en la llamada Municipalidad de Buenos Aires. Más tarde, con 13 años, llegó Gerardo, y a los diez días se empleó en La Pastora, una fábrica de pastas frescas en manos de un gallego.

Por unas circunstancias que no vienen al caso, tiempo después Gerardo se empleó en otra fábrica de fideos secos, y así fue aprendiendo el oficio de hacer pastas. Y pasó tres años trabajando catorce horas al día, en tanto su padre fallecía de forma inesperada.

Después, Gerardo Bermúdez pasó dos años con un socio en una fábrica de pastas, pero vendió su parte y en 1959 montó su primer local que llamó La Juvenil, un negocio en el que le acompañó su hermana Elvira, y, circunstancialmente, compaginando estudios y trabajo, sus otros hermanos Consuelo, Lola y Moncho, que también habían emigrado con toda la familia, incluida su madre, todos ellos veinteañeros.

El éxito comercial fue enorme y en 1965 apostaron por abrir más locales, y así hasta veinte y 300 empleados. Y también una fábrica, Pasta Factory. En 1993, Gerardo Bermúdez ejerció de vicepresidente de la ABC del Partido de Corcubión, en Buenos Aires, en la junta directiva que presidía otro fabricante de pasta, Elías Senlle Canosa, de Porcar-Lires (Cee).

Con los años llegó el relevo por la nueva generación, su hijo, y allá en Buenos Aires sigue retirado Gerardo Bermúdez, mientras sus descendientes están al frente de los negocios que él creó.

La miseria de la posguerra, y la dictadura de Francisco Franco, le habían alejado de España. Y, fuera de ella, Gerardo Bermúdez se hizo emprendedor y triunfador. Todo un ejemplo de un emigrante de Baio que dejó su tierra obligado por las circunstancias

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