«Hola, Pepe, yo soy tu hermano»

Un emigrado a Argentina hace 60 años se encuentra por primera vez con su familia


tomiño / la voz

Pepe se toca el pecho a la altura del corazón, ladea la cabeza y con los ojos algo vidriosos y la voz tomada admite: «Están siendo muchas emociones». Y Tere, su mujer, lo mira con infinita ternura y le hace una caricia tan espontánea como si yo no estuviera delante. Estamos en el salón de la casa de un familiar de ella, en Tomiño. Tere embarcó con tres años en el Salta rumbo a Buenos Aires. Allí creció y conoció a Pepe, con el que ennovió y se casó. Tuvieron tres hijos y cinco nietos. Una vida. Pepe salió de Galicia algo mayor, con 16, y conoció a su mujer cuando ella aún tenía 14. La pareja relata con sincronía y optimismo el resumen de una vida como la de todos, pero con el plus de haberse mantenido juntos más de medio siglo. Lo que él pasa por alto ella lo recuerda. Lo que ella no cuenta él sí. Y nunca se pisan, siempre se complementan.

Cuando Pepe se fue a la Argentina con su madre y su hermana, ya sabía que su padre no era el marido de su madre. Sabía que era otro y que su padre sabía de él. Por el camino también supo que tenía hermanos. Al menos uno. Pepe vivió su vida, construyó su familia y, lógicamente, nunca olvidó que tenía otra. Cuando hace unos meses se planteó la posibilidad de efectuar este viaje a España, en su mente se abrió también la posibilidad de conocer a aquellos que, siendo de su propia sangre, nunca había visto. Pero no sabía si ellos querrían conocerle a él. 

El encuentro

Hace unos días, en casa de unos familiares de A Estrada, de donde es originario, un domingo se produjo una gran reunión de primos y vecinos. Algo emocionante: «Emoción sobre emoción», como resume Pepe. Pero aquel día fue especial, porque mientras abrazaba a uno de ellos, escuchó algo que no esperaba: «Pepe, yo soy tu hermano». Antes de que pudiera asimilar del todo la frase, otra mujer le abrazó y le dijo algo parecido: «Yo soy tu hermana». El hombre lo cuenta y aguanta la voz casi quebrada: «Ella me dijo que cuando murió su mamá, la había llamado para decirle: “No te olvides de que en la Argentina tienes un hermano”. Nunca nadie se lo había contado». El tiempo y la distancia no fueron suficientes para acabar con el vínculo.

En realidad, Pepe tiene cuatro hermanos a quienes no conocía y que el próximo fin de semana tienen previsto reunirse en casa de uno de ellos para celebrar un acontecimiento muy poco común. Explica Tere que el encuentro tuvo de todo, hasta una retransmisión vía móvil a la familia que se quedó en Argentina: «Mi nieto mayor me llamó después y me dijo: “Abuela, no te llamé antes porque no podía dejar de llorar”».

De momento, esta familia reencontrada quiere prolongar el contacto. Hablan de verse pronto en Argentina: «Mi hermana dice que siempre deseó pasar unas Navidades con calor», dice Pepe, que no deja de comentar algunas de las cosas que se dijeron en el encuentro: «Te miro y me parece que has estado conmigo toda la vida, porque, ¿sabes?, de todos nosotros, eres el que más se parece a papá». Pepe lleva todo eso grabado a fuego ya en el corazón. El viaje ya estaba siendo bastante emotivo, pero el reencuentro familiar rompió todas sus expectativas: «Pensaba que quizás... Pero esto no me lo esperaba, no esperaba tanta cordialidad».

Cuenta Teresa que este viaje ha sido como un regalo, porque la pareja cumplió 50 años de matrimonio un día antes de que les entregaran los billetes para volar a España y prácticamente 60 años después de que José Ramiro Riveiro, nuestro Pepe, se embarcara en Vigo para cambiar su suerte. Cuando regresen, el día 15, se llevaran un montón de recuerdos que probablemente imaginaban y una nueva familia que, con toda seguridad, no.

El tercer viaje de Consuelito

jorge casanova

Una chantadina afincada en Cuba conoce a su nieto de 11 años en uno de los viajes financiados por la Xunta

Consuelo Gil (Chantada, 1950) parece frágil. Quizás porque Alberto, su marido cubano, siempre la lleva de la mano. Es solo una percepción. No puede ser muy frágil una mujer que ha pasado por las vicisitudes que ella ha vivido. En un bar de Santiago, mientras esperamos que su nieto de 11 años acabe de entrenar con sus compañeros de fútbol, nos recuerda algunas cosas. Habla frente a su marido, -«una bendición de Dios»-, y su hija Milagros. Dice que apenas tiene recuerdos del lugar donde nació, Santa María de Arcos: «Me acuerdo un poco de la casa y de una gran mata de uvas que había allí. Cuando volví por primera vez, en el año 2002, la casa no tenía techo y estaba en ruinas, pero la mata de uvas aún seguía allí. Me hizo muchísima ilusión volver a verla».

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