Amador González, el cronista mindoniense en la Patagonia

Colaboró en La Verdad y La Opinión Española y fundó La Gaceta del Sur, que fue una referencia y un compromiso en las luchas sociales


Mondoñedo, como Galicia, no es ni grande ni pequeña. Es inabarcable, inmarchitable y hasta eterna. Su huella está presente en insospechados lugares e insólitos acontecimientos. Por eso no extraña que, en la ciudad de Guevara, Lence, Cunqueiro o Juan Ramón Díaz, un mindoniense, Amador Víctor González, sea el gran cronista de la Patagonia argentina y rebelde. De los trágicos sucesos que, en los años 20, se saldaron con 1.500 trabajadores y peones rurales fusilados.

Amador nació en Mondoñedo el 19 de julio de 1890. Emigró con sus padres a Buenos Aires y allí, entre tertulias de bohemios y artistas y una ardiente Argentina con muchos inmigrantes europeos en condiciones míseras, mamó las radicales ideas que desembocarían en el triunfo de la Revolución rusa. A los 15 años ya era un agitador y un activista social. Militó en el anarquismo, el socialismo y el radicalismo. Y por alguno de sus actos y escritos sufrió cárcel y destierro.

Periódicos folletos y versos

En 1909 encontró un empleo en Río Gallegos, la capital de la provincia de Santa Cruz. Era tipógrafo y se ocupó en una imprenta que acabó comprando. Desde el principio, la Patagonia lo ganó para siempre y se implicó en ella. Colaboró en La Verdad y La Opinión Española y fundó un periódico, La Gaceta del Sur, que fue una referencia y un compromiso en las luchas sociales en la región.

Marcha a Chubut

En 1923 marchó a Chubut donde editó El Satírico y El Barrio y redactó El Independiente. Cinco años después regresó a Río Gallegos y publicó por su cuenta, de 1929 a 1930, la revista mensual Letras Patagónicas. En ese tiempo se empleó como Inspector Municipal y fue corresponsal de La Nueva Provincia de Bahía Blanca y El Diario Español y La Res, de Buenos Aires.

Era un hombre inquieto y dinámico. Dejó su trabajo funcionarial y marchó de nuevo a la ciudad de Comandante Luis Piedra para fundar La Voz del Pueblo que salió de 1939 a 1949. Ese año volvió a Rio Gallegos, a su imprenta y a editar una nueva publicación, La Voz del Pueblo, que fue dirigida primero por él y luego por su hijo, Víctor Roberto González, entre 1949 y 1958. Entonces, cuando el periódico vendía 6.000 ejemplares y vivía con desahogo, le llegó la muerte un 9 de abril de 1953.

Amador González escribió los folletos El dia de la raza en 1916; La Región del Petróleo en 1926; Album biográfico ganadero, con vidas y gestas de los pioneros pobladores ingleses; y Relatos Patagónicos, autobiográficos, en 1935.

En 1940, apareció en la Editorial Tor su libro de versos Huerto Azul. Reúne poemas líricos sobre el gaucho, el ombú, la guitarra o el rancho, y otros laudatorios de personajes como Bernardino Rivadavia, «arquitecto de nuestras instituciones»; Sarmiento «prócer civil»; Alberdi «prócer del pensamiento»; Moreno «genio de la revolución»; y Artigas «libertador de tres pueblos».

Una tertulia en Buenos Aires, un paladín de la cultura y una calle que perpetúa su nombre en Ríos Gallegos

Amador González fue amigo de intelectuales y periodistas como Evaristo Carriego, Alberto Ghiraldo, Salvador Riese, Edmundo Lecourd o el profesor Odronoffs. Con ellos mantuvo, en 1909 y 1910, una tertulia en el Café de Iglesias y luego en el famoso Los Inmortales. De ese tiempo procede su seudónimo, Alma Viril, con el que reveló en el poema El Boicoteado las presiones sufridas en los años 20 y con el que enalteció la figura del profesor Odronoffs en El aplauso de mis versos, de 1929.

Estudiosos de los sucesos de la Patagonia -Osvaldo Bayer, Dolores Vieites o Pérez Leira- destacan la personalidad polifácetica de Amador. En un homenaje que el periódico Tiempo Sur le tributó el 22 de julio de 2009, se dice de él: “Fue un apasionado paladín de la cultura, un honesto obrero del progreso y un constante propugnador de la justicia en todas y cada una de sus manifestaciones. Y por encima de todo, fue un alma lírica por la inmensidad de la Patagonia”.

Además de escritor y periodista, el mindoniense tambien fue actor. Representaba por localidades del sur a tipos y a estampas porteñas de 1900 ?el compadrito, el conventillo, la mina, el tango, el arrabal- que él había vivido en su juventud en San Telmo, en Buenos Aires. En el Centro Gallego impartió charlas sobre Rosalía, Pardo Bazán o Concepción Arenal y sobre el carácter y la historia de Galicia.

Su trayectoria convirtió a Amador González en una referencia de la cultura sureña. Y por eso el gobierno local puso su nombre a una calle de Río Gallegos, la capital de la provincia que hoy controlan, con mano de hierro, Cristina Kirchner y sus hijos.

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