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Emigración intrascendente


Lejos quedan aquellos tiempos en los que el voto de la emigración podía ser determinante. El bipartito del año 2005 se confirmó en Ourense por un puñado de sufragios del exterior que finalmente le otorgaron el escaño a la socialista María Quintas (ahora en Espazo Común, la aventura de Pachi Vázquez tras abandonar las filas del PSOE).

La burocracia que entraña el sistema del voto rogado y la ampliación del censo con hijos y nietos -que no tienen interés en participar en los comicios de un país en el que nunca han vivido- hace que el recuento de la emigración haya perdido trascendencia. Parece obvio que quienes no tienen vínculos propios con España seguirán sin votar, pero hay otras personas que se han planteado la emigración como una etapa en sus vidas y piensan incluso en regresar próximamente. ¿No debe facilitárseles su participación en las elecciones? Es un debate recurrente y complejo porque no hay que olvidar el cambalache que suponía en los viejos tiempos el voto del CERA. Quedó demostrado que podían participar incluso personas fallecidas y eso no puede volver a ocurrir.

Pero tampoco tiene mucho sentido que se haya articulado un sistema como el actual, que ofrece resultados ridículos de participación. Tras el recuento celebrado este miércoles en la Junta Electoral Provincial resulta que ejercieron su derecho al voto 2.560 de los 100.675 ourensanos en el exterior que podrían haberlo hecho, lo que supone un 2,5 % del total. Movilizar tantos recursos para eso puede resultar incluso absurdo.

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