76 municipios gallegos lograron cortar la sangría migratoria en el último año

Vigo, única urbe que cede población al resto de España y el extranjero

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vigo / la voz

Galicia pierde población desde el 2011, y desde 23 años antes incluso son más los gallegos que fallecen que los que ven la luz en la comunidad cada año. Que el saldo total no fuera negativo hasta hace siete años se debe a que mayoritariamente la llegada de inmigrantes del resto de España y el extranjero evitaba los números rojos.

A pesar de ello, a mitad de la actual década el éxodo migratorio volvió a prender, especialmente entre los más jóvenes. En el 2013, el año con peor saldo de altas menos bajas de residencia del último cuarto de siglo, fueron 179 los ayuntamientos gallegos en los que se marcharon fuera de Galicia más emigrantes que los inmigrantes que llegaron a asentarse en dichas localidades desde el resto de España o el extranjero.

Ahora, con la dinámica migratoria cambiada tras superarse los peores efectos de la crisis económica, son solo 70 los concellos gallegos en los que las bajas por cambio de residencia son más numerosas que las altas.

El 2017, año que ayer desgranó por ayuntamientos el Instituto Galego de Estatística, se cerró en la comunidad con 7.209 inmigrantes más que emigrantes, el saldo positivo más alto desde que estalló la crisis. En el 2007 ese balance positivo llegaba incluso a 20.919 altas residenciales de extranjeros y habitantes del resto de España por encima de las salidas de vecinos de Galicia hacia el exterior. Ese alza en el balance migratorio se dejó notar el año pasado en 76 municipios, que lograron cortar la sangría que en su censo venían sufriendo con la marcha de sus residentes.

Los que más perdían

Cambio de tendencia. Nigrán había encadenado ocho años seguidos de mayor peso de la emigración sobre la inmigración hasta que el año pasado cambió su dinámica, ganando incluso en el balance del 2017 unos 48 vecinos llegados de fuera de Galicia. Una situación similar se registró en la provincia de A Coruña en Fene, que también logró frenar siete años de éxodo, como ocurrió, aunque con menos años de lastre en otros puntos de la comarca como el mismo Ferrol, Cabanas, Pontedeume y Valdoviño

Un tercer caso llamativo de cambio de tendencia migratoria se produjo en Castrelo de Miño, que dejó atrás también siete años de números rojos migratorios.

Pontecesures, Camariñas y Mazaricos logran más vecinos después de seis años de éxodo mayoritario, lo mismo que ocurría en los anteriores cinco ejercicios en Ames, Brión, Dumbría, Ponteceso, Outeiro de Rei y A Guarda, como los municipios que más población perdían por emigración y que desde el último año los ganan ya con la inmigración.

lAS QUE AÚN PIERDEN

70 puntos negros. En la provincia de Ourense es la que mayor incidencia sigue teniendo la fuga hacia el exterior. Hasta en 26 ayuntamientos la marcha de sus residentes es mayor que las captaciones de nuevos vecinos. Sin embargo, esa fuga no se prolonga en ninguno de ellos desde excesivo tiempo. Tan solo en Maside los números rojos migratorios se acumulan desde hace cinco años; en Verín desde hace cuatro, y en Beariz, Boborás, Avión, Manzaneda, O Barco y Oímbra desde el 2015.

La provincia de Pontevedra, la más dinámica demográficamente de Galicia, es sin embargo donde se encuentran los peores balances migratorios. Gondomar lleva ocho años seguidos con perdida de residentes a causa de la emigración. Ningún otro concello de Galicia sufre una dinámica similar, aunque le ha costado al municipio de O Val Miñor solo 173 vecinos menos en el balance final. Marín, otro concello de la misma provincia, acumula también siete ejercicios de fuga migratoria, vía por la que ha bajado en su caso 333 residentes.

Coristanco suma también seis años consecutivos de bajada; cinco llevan Neda, Vimianzo y As Nogais, y cuatro también Paderne, Narón, Santiso, Zas y Mondariz Balneario.

escenario urbano

Solo cae Vigo. La ciudad más poblada de Galicia sufre desde hace varios ejercicios un tenue goteo de residentes hacia el resto del área, lo que sumado a un menor volumen de nacimientos le va acercando a la baja hasta los 290.000 habitantes, cuando apenas hace diez años pugnaba por alcanzar 300.000. Ahora es la única de las siete grandes urbes de la comunidad que cede población también por la emigración hacia otras comunidades autónomas y otros países. Pasó de ganar en el balance migratorio del 2016 unos 613 vecinos a perder un año después 2.145.

A Coruña suma en su caso 2.222 tras la resta de los que llegaron a la ciudad sobre los que la abandonaron. Santiago gana 469 vecinos por dicha vía; Ourense, 374; Lugo, 321; Pontevedra, 240, y Ferrol, 20.

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