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Historias que cruzaron océanos y llegan al aula: los relatos de emigrantes conmueven a los jóvenes

Santiago

Patricia Calveiro
La religiosa Carmen Rey, quien lleva los últimos años en las Oblatas de Santiago, sentada con un grupo de alumnas de Trazo en la segunda sesión de «Fálame da emigración» en el CPI Viaño Pequeno. El proyecto intergeneracional impulsado desde Afundación busca poner en valor la experiencia de los mayores en beneficio de toda la sociedad, esta es su décima edición y viajará a distintos centros educativos de Galicia.

Voluntarios del Espazo +60 Santiago de Afundación compartieron sus vivencias con alumnos del CPI Viaño Pequeno de Trazo

23 Apr 2026. Actualizado a las 08:24 h.

El martes aparcaron los libros en el colegio CPI Viaño Pequeno y, en su lugar, una veintena de alumnos de tercero de ESO conocieron más a fondo la historia de la emigración, contada por sus propios protagonistas. Charlaron con Carmen Rey Sánchez, una amiense —nacida en Trasmonte— a la que su vocación religiosa la llevó a Argentina en 1962. En esta segunda sesión con el alumnado de Trazo, enmarcada dentro del programa Fálame da emigración de Afundación, se creó una dinámica en para preguntar en petit comité e interesarse por las experiencias de una mujer de orígenes humildes que pasó diez años en Rosario, en un colegio femenino en régimen de internado, luego estuvo en la Pampa al cargo de niñas más pequeñas que procedían de familias con pocos recursos y finalmente se mudó a Buenos Aires, en donde dedicó mucho tiempo al apoyo escolar en barrios humildes, a la catequesis y a la formación para tratar de apartar a los jóvenes de las drogas, un peligro muy presente en su contexto social, además de instruir por las tardes a los padres y madres para la educación de sus hijos.

Carmen regresó en 1990 a España y, tras continuar su labor en distintos destinos, acabó en Compostela, en las Oblatas (desde hace casi 6 años). A sus 86, sigue trabajando con dedicación en la congregación y fuera de ella, colaborando con el albergue de Xoán XXIII, en la Asociación Vagalume, Cáritas... y con este programa de Afundación, como voluntaria del Espazo +60 Santiago, donde nunca falta a las clases de taichí de los viernes y a los cursos de digitalización, con los que ha dado un salto en sus tareas administrativas. «O tren vai agora moi rápido e non hai que deixalo pasar, hai que subir como sexa», afirma una hermana dispuesta a seguir aprendiendo y adaptándose a los nuevos tiempos.

Ángel Casillas, durante la primera sesión del programa «Falando da emigración» de Afundación con un grupo de 23 alumnos del CPI Viaño Pequeno de Trazo.<br /> <br /> <br />

Otros voluntarios del espacio que promueve un envejecimiento activo, que también emigraron en su día y han retornado, compartieron sus vivencias y conmovieron a los jóvenes de Trazo. Entre ellos, Ángel Casillas (cuyo padre era el abuelo, por cierto, del portero madridista Iker Casillas), quien recuerda su infancia marcada por el hambre, el temor y las rencillas de la posguerra. Fue el primero que se marchó del pueblo para estudiar, en un seminario. «Vía claro que non ía para cura e deixei o internado», relata un hombre que se iría luego a Madrid a hacer la carrera de Filosofía e Letras con 1.000 pesetas que le dejó su hermano mayor.

Para pagar la matrícula del segundo curso, decidió hacer autoestop y viajar a París para buscar allí empleo en la construcción. «Foi moi duro: traballar 10 horas, malcomer e durmir nunha liteira dun albergue xuvenil», cuenta. Así estuvo tres veranos de emigrante eventual, para mantenerse en la facultad, hasta que pudo empezar a dar clases de inglés y francés y costear con ellas el último curso. Con su testimonio Ángel quiso poner en valor la suerte que tienen la mayor parte de los jóvenes hoy «por terdes moitas máis facilidades ca nós para estudar e formarvos», al tiempo animó a los alumnos de Trazo a que lo aprovechen.


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